"Gladiator II": Tiburones, rinocerontes y una lucha por alcanzar la grandeza de su antecesor

“Gladiador II”: Tiburones, lujuria y una lucha por alcanzar la grandeza de su antecesor

La épica brutalidad de Gladiador II, es inmensamente trascendente. La ansiada secuela que nos narra en un principio el destino final de Maximus Decimus Meridius de Russell Crowe, era el inicio de una epopeya que resguarda vagamente la esencia de su legendario predecesor, ‘Gladiador’. Es un film que no trata de ser históricamente correcto, pero tal barbiere decadente, eleva la gloria del imperio romano con sangrientos duelos, aparatosas ejecuciones y bestiales close-up de los palpitantes bíceps y musculatura sudorosa. 

Dirigida por Ridley Scott y escrita por David Scarpa, muestran un elocuente, perspicaz talento en demostrar una sanguinaria pieza cinematográfica. Con una trama predecible y apresurada, centrándose en una venganza con matices prestadas de su antecesor. Nos encontramos varios años después de la muerte del sádico Cómodo, tenemos a Paul Mescal, interpretando a un adulto Lucius, quien tuvo que huir de Roma y vivir marginado en África. Siendo un granjero, quién de repente es un valeroso capitán que repudia la idea sobre la ‘libertad’ que tanto alardean los civilizados de Roma, mismos que terminan fragmentando su destino. Se expone una herida que incita una resentida ferocidad: la muerte de su esposa, Arishat. Ese punto de quiebre, marca en ‘Hanno’, una lucha objetiva.   


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    Las comparaciones entre Crowe y Mescal, son inevitables. Mientras que a uno, se le dota un espíritu guerrero, determinado y extrañamente bondadoso, este héroe, es pensativo, determinado, terco, sensible y rudo. Son temibles, pero humildes ante incidentes que canalizan con la ira y el dolor. Su mirada triste y apenada, no refleja venganza, crees que está malhumorado. Es efectiva, ya que piensas que es inofensivo, y ese ideal, lo hace una sigilosa arma para salvar a todo un pueblo regido bajo la tiranía de les enfants terribles: Geta (Joseph Quinn) y Caracalla (Connie Nielsen). Mismos que prefieren que sus súbditos devoren ‘guerra’, para disfrazar la ira social y la pobreza que les rodea. Ni el pálido maquillaje ni sus risas estridentes, ocultan su miedo y estupidez — son horriblemente divertidos. 

     

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    IMDb

    La trama es confusa, no porque sea demasiado rimbombante, sino porque crees saber quién es el bueno y el malo. El formidable General Marco Acacio (Pedro Pascal), cuyo papel es saciar la esquizofrenia delirante de los hermanos, al ser el encargado de conquistar todo lo que exista. Pese a que ha liderado matanzas con frialdad y culpa, es un tipo decente que está consciente del descuido social y político que viven los ciudadanos del imperio. Fue sorprendente enterarnos que Lucilla (Connie Nielsen) —madre de Lucius— fuera rebajada como una escoria privilegiada. Tampoco crees la influencia de ambos, para convencer al senado de incitar un golpe de estado y el favoritismo del pueblo que beneficia su causa. Son giros que da más sentido a la secuela. Gladiador II es una declaratoria sobre la esperanza de unos por traer paz, y también una fisura existencial infortuita.  

    Quién sirvió y entregó la actuación más memorable y grandiosa fue Denzel Washington. Te lo presentan como mercenario sociable, tenaz y alegre. Iniciando como el mentor de Lucius, quién le promete su libertad, a cambio de luchar en la arena. No esperas una relación tan confianzuda con los más acaudalados vejestorios del imperio, pese a su profesión y su origen como esclavo. Le da formalidad estructural a la película, con su maquiavélica, frívola y ambiciosa personalidad, dispuesto a matar y traicionar por estatus. Una suculenta visión que impide el victorioso y casi perfecto destino del protagonista. Un invisible asalto con violencia y alevosía que casi destabiliza un reino, en menos de una semana. 

     

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    Aidan Monaghan / © Paramount Pictures / Courtesy Everett Collection

    Genuinamente, la historia es tan épica como boba. Lucius se enfrenta a una realidad nada grata con su sufrimiento. Es vendido como esclavo, tiene que pelear con monos asesinos y reconciliarse con su pasado. En cada combate, sale casi ileso, incluso le rompe el cuerno a un rinoceronte, al soplar polvo en sus ojos. Se gana el respeto de estos demoniacos animales, al gritar como ellos y notar que ni un ser rabioso, puede con él. Tanta digitalización y luz sin gracia, arruina un poco la textura visual que debería matizar la antiguedad. 

    A Mescal le va de maravilla, desenvolverse en el género de aventura peplum. Quizás, lo más atolondrado y descabellado fue la batalla acuática en el coliseo. Sabemos que sí ocurrieron tales obras, pero insertar tiburones en la arena fue innecesario. Eso sí, el balance de ofrecer drama, terror, lujuria y comedia no intencionada, añade intriga. Representa el inminente declive y podredumbre de Roma, aunque Lucius termina siendo una pieza más del ajedrez, restándole importancia a su supuesto heroísmo.  

    Súbitamente espiritual la manera de interconectar el alma de Maximus y Lucius con visiones en la neblinosa y sombría morada de Hades y acariciando grano. No solamente con una conexión mística llega a sentir la fuerza de su padre, también influye en la tardía y corta relación que llega a tener su madre. Negándose durante toda una vida a reconocer sus orígenes, la muerte intercede en la unión, aunque se la arrebata en un instante. La pérdida y la libertad es lo que da sentido a todo, en un viaje de aceptación y asunción de un legado familiar: tanto la corona de olivos como la armadura y espada que usó Crowe.

     

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    © Paramount Pictures / Courtesy Everett Collection

    Con Gladiador II, te sientes al final, victoriosamente complacido por su épica duración, pero no con un gran alcance emocional. Es magnifico admirar un lado riguroso, sexy, descarnado y voluptuoso de Mescal, que provoca rugidos en las salas. La proeza lírica de cautivarnos al devolvernos la gloria heroica de un mítico guerrero, tan admirado e idolatrado por la plebe, fue conseguido por el peligro y la locura de Washington. Para derrocar gobiernos, no necesariamente, requieres de una espada. Tal despiadada manipulación es puramente apasionada y reflexiva, al demostrarnos lo tibio y mustio que puede llegar a ser el humano por tal de evitar su tragedia. Además, los sueños prevalecen en la mente, eternamente; solo se necesita de alguien que los incinere y disque honre. 

    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

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