Campillo Fall 2026: La grandeza de ser mexicano
Campillo ha transformado su sello distintivo––la homoerótica del charrismo––en un manifiesto que destila en cada look de una colección, que paradójicamente, moderniza su narrativa.
El rumbo que ha tomado el diseñador es interesante y, para los estándares comerciales, incluso demasiado “abstracto”. Ciertamente ha evolucionado a un ritmo impresionante, convirtiendo su práctica en algo más consciente y preciso. En esta ocasión, la moderación equilibra una singularidad visual que se distancia de los clichés con los que suele asociarse la cultura mexicana.




Con mayor seguridad, Patricio mostró que la restricción de la corsetería femenina puede dialogar con la bravura ranchera. Un ejemplo fenomenal fue la silueta bombacha que evocaba corsés recortados; que al insertarse en pantalones anchos, lucían como andantes crinolinas sartoriales. Una manera ingeniosa y bizarra de experimentar conceptualmente. Aunque su verdadera proeza fue la forma en que “urbanizó” al charro sin que perdiera su esencia.
Nadie pone en jaque la confección impecable de sus trajes, pero aquellos pantalones––en azul mezclilla y gris oficina––,extremadamente anchos, eran un magnificencia visual con pliegues ondulantes que sintonizaban con la firmeza y escrutinio de chaquetas bellamente sujetas con hebillas, en especial una con plumas en los bordes de la solapas.




Las chaquetas dobladas hasta el pecho, y ajustadas con un botón dorado, representan otra vanguardia que sintetiza la necesidad de su clientela por un mexicanismo más afable con la vida cotidiana.
El lenguaje de Campillo funciona como mecanismo para que su identidad fluya con singularidad, permitiendo que la artesanía sea tan respetada como la tradición de un atelier.



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