Agustín Della Corte: el silencio como forma de potencia
Desde Olympo, La sociedad de la nieve y Linda, el uruguayo Agustín Della Corte ha construido una carrera que lo ha llevado a transitar entre España y Latinoamérica, acumulando nominaciones y reconocimientos que confirman la solidez de su trabajo. Con ese recorrido, resulta inevitable decirlo: Agustín Della Corte es, sin duda, un verdadero BADHOMBRE.
En los últimos años, ha encarnado personajes profundamente distintos entre sí, todos atravesados por una exigencia común: el trabajo minucioso de comprenderlos para habitarlos con verdad. Ya sea desde el deporte —como Roque en Olympo o Antonio en La sociedad de la nieve— o desde registros más íntimos como Blas en Linda, los personajes de Agustín comparten una pregunta esencial: desde dónde construir algo propio sin traicionarse en el intento.

Más allá de premios y menciones, lo que verdaderamente lo convierte en un BADHOMBRE es la manera en la que habla de su oficio. Hay una claridad poco habitual cuando reflexiona sobre la presión, el silencio, la incomodidad —y también la comodidad— de ciertos roles, y sobre la necesidad de no fingir más de lo indispensable. En esta conversación para nuestra portada Heat Enero 2026, Agustín reflexiona sobre actuación, identidad, moda y arte, y sobre cómo todas esas capas terminan confluyendo en su proceso creativo.



BH: En Olympo, más allá del deporte, hay una tensión constante entre lo que se espera de ti y lo que realmente eres. ¿Desde dónde te acercaste a Roque para construirlo?
Agustín: Creo que es una historia con la que todos nos podemos sentir identificados. Por un lado está la figura del deportista, pero eso se puede trasladar a casi cualquier ámbito. Como actores, como redactores, en todo lo que hacemos hay una presión por gustar, por el éxito, por ser mejores que el de al lado. Vivimos muy condicionados por eso.
Desde ahí me interesaba la historia. En el caso de Roque, hay algo muy claro: para encajar en ciertos estándares tiene que fingir ser algo que no es. Creo que todos hemos pasado por eso alguna vez. Al final, la historia habla de un descubrimiento: entender que no importa tanto la opinión de los demás, sino poder ser quien uno es y moverse desde ahí, sin intentar adaptarse todo el tiempo.


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anillo y reloj Tous
BH: ¿Fue incómodo habitar ese lugar?
Agustín: Sí. Sobre todo aceptar que yo también me veo a veces en esos mismos lugares en mi vida personal. Reconocerlo y tratar de romper con esa dinámica fue lo más complejo del proceso.
BH: Vienes de un mundo muy físico como el rugby. ¿Sentiste un punto de conexión desde ahí?
Agustín: Totalmente. Esa sensación de que uno tiene que cambiar para adaptarse, para cumplir con una expectativa, la conozco bien. En ese sentido me sentí muy identificado con Roque.

BH: En La sociedad de la nieve, el silencio pesa tanto como la acción. ¿Qué te dejó ese proyecto sobre cuándo actuar y cuándo simplemente estar?
Agustín: Entender que un silencio puede ser tan importante como un texto. Muchas veces se cree que actuar es hablar o accionar, pero la no acción también comunica. En La sociedad de la nieve eso era fundamental y es algo que se me quedó muy marcado.
Fuera del set, Agustín también se mueve desde otros lenguajes. La escritura aparece como un espacio íntimo, mientras que la moda se ha convertido recientemente en una nueva forma de expresión, llevándolo incluso a desfilar en Milan Fashion Week. Todas estas disciplinas dialogan entre sí y terminan alimentando su universo creativo.

BH: Después aparece Letargo, un proyecto mucho más personal. ¿La escritura te sirve para ordenar algo que la actuación deja abierto?
Agustín: La lectura y la escritura siempre me interesaron, pero las exploré de manera lateral. Letargo nace de una búsqueda personal: hacer algo que no me lleve a ningún lado en particular y sentirme bien igual con eso. Es crear desde el placer, sin pensar en resultados.
BH: Hoy actúas, escribes, diseñas y te acercas a la moda. ¿Cómo conviven todas esas capas?
Agustín: Mi pasión absoluta es la actuación. Todo lo que hago gira en torno a eso. Lo demás tiene sentido en la medida en que me haga crecer como actor.



BH: El año pasado desfilaste en Milán. ¿Qué tan distinto fue modelar frente a una pasarela que actuar frente a cámara?
Agustín: No lo había pensado así hasta que llegó el momento. En un ensayo pensé: tengo que actuar de que soy modelo y de que hago esto todo el tiempo. Había una impronta muy clara sobre cómo caminar, la expresión, la actitud. Toda esa información también es útil cuando uno construye un personaje.


BH: ¿Lo viviste entonces como un personaje?
Agustín: Sí, totalmente. Y me divirtió muchísimo. Llegué con una expectativa más fría, porque no entendía tanto el mundo al que iba, pero cuando estuve ahí lo disfruté mucho. Cuando terminó el desfile —que además fueron como siete minutos— no podía creer todo el trabajo que había detrás. Yo decía: vamos una pasada más.



Al final, Agustín Della Corte no se mueve desde la urgencia. Habla de la actuación con calma y consciencia; del silencio, del proceso y del compromiso que implica habitar un personaje. En un momento donde todo parece exigir velocidad e inmediatez, Agustín elige la curiosidad, el trabajo sostenido y la profundidad. Y, sin duda, queremos seguir viéndolo construir ese camino, desde y hacia Latinoamérica.



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