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Alberto Guerra: actuar es psicosomático


Un mes después de fotografiar a Benny, a Bad, a Yazpik y a Rommel, parte del equipo y yo regresamos al mítico Insurgentes 300 para retratar y entrevistar a Alberto Guerra, el missing puzzle piece de nuestro número de Septiembre. Alberto estuvo en llamados todo julio y agosto, así que tuvimos que retratarlo dos días antes de salir con su portada.

¿Qué estuvo haciendo todo ese tiempo?
“Estaba haciendo una teleserie para Telemundo, El señor de los cielos. Los llamados no están planeados, siempre te enteras un día antes y así me fui 8 semanas, pero siguen grabando. También hice una serie en Chile a principios de este año con los Larraín, dirigido por Lucía Puenzo, que me escribió un personaje mexicano dentro de la serie. Es un thriller sicológico, una joya, es una belleza. Se llama La jauría y compartí con gente muy chingona como Dany Vega… de hecho es una serie más de actrices”.

La respuesta de arriba está condensada por mis inquisitivas preguntas sobre la producción laboral de Alberto este año -no me culpen; mientras más preguntaba, más trabajo salía- hasta que Alberto me frena:

“Los actores de repente queremos todo el tiempo o estar haciendo algo o estar esperando a que se estrene algo; yo ahora estoy en el momento contrario. De hecho he rechazado todo lo que venía para fin de año porque quiero estar con mi familia”.

La ansiedad actoral, le digo.
“Hay una pregunta pendejísima entre actores. No llegas con alguien y le preguntas cómo estás, le preguntas qué estás haciendo. A mí me tomó años darme cuenta que no quiero hacer nada… mas que echar la cáscara los domingos, hacer ejercicio, cambiar pañales… No pasa nada. Queremos todo el tiempo estar ahí sobreexpuestos…

Sí, pero también es una profesión inestable, que provoca la ansiedad actoral y hay que aprovechar el trabajo…
“Es ego. Es ego puro. ¿Tiene que ver con inestabilidad? Sí, pero también he aprendido que si quieres estabilidad, entonces cuidas muy bien lo que haces. Trabajar por trabajar todos los años… pues sí, tienes que hacer dinero, pero no todo te va a gustar. Yo tuve la suerte de hacer Colosio que no tiene nada que ver con Ingobernable y eso es lo que a mí me gusta. Uno de los mejores consejos que yo he escuchado en la vida y ni siquiera me lo dijo a mí, es de Ceci Suárez y dice que la carrera se hace más en base a lo que uno dice que no, que lo que a uno dice que sí. Y es cierto. Yo estoy en un momento en el que sí, por suerte, puedo un poco escoger qué hacer -cosa que no me pasaba hace 10 años ó 7, y lo quiero aprovechar para sí llegar a esa estabilidad, pero no de estar todo el tiempo en pantallas, sino estabilidad emocional como actor y estar contento con lo que estoy haciendo.

 

 

Trabajando con tantos actores y unas cuantas actrices, encuentro la vocación actoral cada vez más indescifrable: a veces la percibo inestable, competida, sobrepoblada y a veces la veo noble al mismo tiempo que poderosa. También llamarle “vocación actoral” es ambiguo, porque es evidente cómo mucha gente lo hace más por razones que no son necesariamente que les corra por las venas la interpretación con toda la disciplina que requiere.

“También he aprendido que este medio es un poco superficial, porque la mayoría de la gente busca la exposición y busca lo que los medios dan a tu imagen pública como verte bien o estar de moda… hay que despojarse de esto, porque la vanidad es complicada, pero creces y se transforma; yo prefiero que alguien en la calle me diga qué buen trabajo hice en alguna serie a que me digan qué bonitos ojos tienes. Eso cumplía su objetivo a los 18 cuando quería ligarme a una chava”.

 

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“Hablando específicamente de la chamba, yo amo actuar y no es que no sepa hacer otras cosas, pero empecé a los 12 años y no he hecho otra cosa que esto… Desde que tenía como 7 u 8 años hice teatro infantil, así que yo actúo porque siempre lo he hecho, uno. Dos, porque puedo meterme en la piel de cualquier persona sin pagar las consecuencias. Amo poder ser de un gay closetero a un asesino serial sin pagar ni siquiera las consecuencias físicas. El director dice corte y yo me voy a la casa… Si algo bonito tiene esta carrera es que te duela el alma por algo que no te pertenece, pero te puede doler realmente; te puedes hacer mierda con un personaje o puedes llenarte de la felicidad más grande del mundo… lo que tú quieras, si te lo permites. Actuar es vivir una experiencia que no te pertenece, pero que permea en ti, es muy extraño eso”.

Actuar es psicosomático.
“¡Exacto!”

¿Cómo aplicas eso en la vida?
“Yo supongo que le he aprendido más a mi carrera y a los personajes -y a los procesos, más bien, de lo que yo puedo aportarles desde mi vida. Uno cree que se tiene que vivir un chingo para poder ser actor, pero yo me he topado con que es al revés: la carrera ha aportadao más a mí que yo a mis personajes. También me he dado cuenta que buscamos gente cercana a nosotros y nuestros intereses para conectar y acercarnos socialmente, pero eso te limita muchísimo para conocer gente a profundidad que no corresponde a lo que tú crees que tiene cercanía a ti. Así que, es un cliché, pero una de las cosas más importantes que he aprendido es a no juzgar a alguien por cómo lo ves, porque te limita muchísimo para conocer a profundidad, ni ver realmente a la gente ni al mundo”.

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