ALLAN URBANO: UN NUEVO CUERPO PARA LA ACTUACIÓN
Antes de convertirse en actor, Allan Urbano pasó por distintos mundos. La milicia, la cocina y seis años frente a las cámaras como modelo —con escenarios como Nueva York y casas como Versace— fueron construyendo una sensibilidad que hoy lleva consigo a la actuación. No como experiencias aisladas, sino como capas que permanecen en el cuerpo y que ahora pone al servicio de sus personajes.
Su llegada a la actuación comenzó apenas en 2023. En poco tiempo, ese primer acercamiento se transformó en un nuevo territorio creativo y, ahora, en su primer protagónico con Inés, una película ambientada en la California mexicana de 1911, durante la Revolución. En ella interpreta a Inés, un guía local que establece una relación particular con Carlo y que, desde su propia perspectiva, le muestra una manera distinta de entender la libertad.

Para Urbano, construir a Inés significó mirar hacia atrás y entender cómo una vida se queda grabada en el cuerpo. La disciplina aprendida durante su paso por la milicia, la curiosidad y paciencia que desarrolló en la cocina y la seguridad que encontró durante sus años como modelo se convirtieron, de distintas maneras, en herramientas para acercarse al personaje.
“Todas estas etapas de mi vida me han enseñado virtudes”, explica. Hermandad, disciplina, lealtad y capacidad de soportar; curiosidad, creatividad y paciencia; seguridad, sensibilidad y aceptación. Virtudes aparentemente distintas que terminaron encontrando un punto en común frente a una cámara.
En Inés, esa construcción también implicó entrar físicamente en otra época. Para Allan, el cuerpo guarda aquello que hemos vivido: los trabajos, las personas, las experiencias y hasta las emociones. “El cuerpo tiene memoria”, dice. Por eso, entender cómo se mueve, cómo habla y qué siente un personaje se convierte en una parte esencial del proceso. El análisis detrás de cada gesto, de cada silencio y de cada reacción fue uno de los mayores retos del rodaje.

Su trabajo junto a Pedro Fontaine, Dolores Heredia y Yalitza Aparicio también se convirtió en parte fundamental de esta experiencia. Más allá de las diferencias en sus trayectorias, Urbano encontró en cada uno una forma distinta de aproximarse al oficio: el apoyo, la determinación y la amabilidad. Con Pedro, además, construyó una amistad que trascendió el set, compartiendo comidas, entrenamientos, historias familiares y momentos de vulnerabilidad.
Pero quizá una de las transformaciones más interesantes de Allan ha ocurrido frente a su propia imagen. Después de años en el modelaje, donde la apariencia ocupa inevitablemente un lugar central, la actuación le ha permitido cuestionar esa idea. Ahora busca desprenderse de la necesidad de verse bien para entregarse por completo a un personaje. Lo importante, dice, es “la vida que hay adentro o la intención que pones ahí”.
Esa búsqueda también viene acompañada de inseguridad. El miedo a no cumplir con las expectativas —del proyecto, del director, de la industria o incluso de las personas cercanas— sigue presente. Sin embargo, también ha aprendido a reconocerlo como parte del proceso. Aquella sensación de ser un impostor, de estar detrás de una máscara, terminó convirtiéndose en una fuerza que lo impulsa.
Apenas tres años después de comenzar en la actuación, Allan Urbano se encuentra frente a una nueva etapa. Una en la que todavía se reconoce como un actor joven, dispuesto a estudiar, aprender y expandirse. Su historia no parece construirse desde la idea de haber encontrado una identidad definitiva, sino desde la posibilidad de seguir descubriéndola.
Y quizá ahí está el verdadero punto de encuentro entre Allan y su personaje: entender que convertirse en alguien también implica dejar que todo lo vivido permanezca contigo.


Antes de convertirte en actor pasaste por la milicia, la cocina y después por seis años de modelaje, trabajando en escenarios como Nueva York y con casas como Versace. ¿Cómo han influido todas esas etapas en la manera en que hoy construyes un personaje?
Todas estas etapas de mi vida me han enseñado virtudes. Por dar un ejemplo, de la milicia aprendí lo que son la hermandad, la disciplina, la lealtad y la capacidad de soportar. En la cocina aprendí a ser más curioso, creativo y paciente. El modelaje, por otra parte, me abrió a la seguridad, a la sensibilidad y a aceptarme a mí mismo tal y como soy. Todas esas etapas me han enseñado humildad, empatía y resiliencia, y es algo que apliqué para poder crear los valores y los ideales de Inés.
Inés es un guía local que termina mostrándole a Carlo una idea distinta de libertad. ¿Cómo construiste esa relación entre ambos y qué crees que Inés entiende sobre la libertad que Carlo todavía no puede ver?
No puedo revelar mucho todavía, la película está en postproducción y hay cosas que descubrirán al verla. Lo que sí te puedo decir es que Carlo e Inés vienen de contextos muy distintos. Estamos hablando de 1911, y hay cosas que la época y la sociedad de entonces no permiten. Inés es su guía local, y desde ese lugar le va revelando otra forma de entender la libertad en tiempos de Revolución.
Pedro y yo pasamos la mayor parte del tiempo juntos, compartiendo espacios. Era imposible no conectar. Nos ejercitábamos juntos, comíamos juntos dentro y fuera del set. Le platiqué de mi familia, mis raíces, hasta le mostré fotos de mi familia. Él hizo lo mismo, compartió lo que es él, sus anécdotas de la infancia, sus sueños. Nos vimos reír, llorar, estar enojados. Recuerdo que una vez en el set nos mandamos a la chingada y luego nos pedimos perdón con genuina vergüenza. Es una amistad importante que valoro mucho.

Foto: Marco Ovando
La película está ambientada en la California mexicana de 1911, en plena Revolución. ¿Qué fue lo más desafiante de entrar físicamente y emocionalmente en una época tan distinta a la nuestra?
Había que entender de dónde viene el personaje, en qué ha trabajado, qué ha hecho, con quién ha vivido. Todo ese trasfondo el cuerpo lo va guardando. El cuerpo tiene memoria. Igual que en esta época, yo, Allan, fui militar, fui cocinero, fui modelo. Y ahora, de cómo me siento, cómo hablo, cómo me paro, todo eso ya viene grabado de sucesos anteriores. El cuerpo registra todo eso y uno lo pone también al servicio del personaje.
Entonces era importante entender por qué el personaje se movía así físicamente, por qué hablaba así y lo mismo emocionalmente: qué estaba sintiendo, por qué lo estaba sintiendo, por qué no lo estaba sintiendo. Ese análisis de texto fue lo más difícil de descifrar para poder darle el sabor. Es como una salsa de tomate, necesita estar en su punto.
Compartes créditos con actores como Pedro Fontaine, Dolores Heredia y Yalitza Aparicio. ¿Qué aprendiste de trabajar junto a intérpretes con trayectorias tan distintas y qué momento del rodaje se quedó especialmente contigo?
Al trabajar con tantos matices en el set aprendí que cada quien trae una energía distinta y que hay que acompañarla con paciencia y amabilidad. De Pedro aprendí a ser apoyo para los demás, de Dolores, por ejemplo, a ser feroz con lo que quieres, de Yalitza, a ser amable con los demás. De ellos y de todo el crew me llevo su cariño en cada anécdota, en cada lugar que compartimos juntos.
Tu carrera como actor empezó apenas en 2023 y ahora llegas a tu primer protagónico. ¿Qué ha cambiado en tu manera de entender el oficio desde aquel primer set hasta terminar el rodaje de Inés?
Siendo un actor aún muy joven, nunca dejas de sorprenderte, nunca dejas de aprender. Y eso es algo que no quiero perder, ese ímpetu de sentir que no sé nada y que quiero expandirme. Sé que tengo pasión por esto y mucha sensibilidad, pero soy nuevo en la actuación y he entendido que para seguir en esto se requiere de mucho estudio, profesionalismo y entrega.
¿Hay alguna inseguridad que hayas tenido que enfrentar desde que comenzaste a actuar?
El miedo a no poder cumplir con las expectativas: con lo que pide el proyecto, con lo que pide el medio, con lo que pide el director. Me da miedo cómo me percibe la audiencia, las personas más cercanas a mí. A veces queremos satisfacer a la industria y nos olvidamos de nosotros mismos. En el set me daba miedo mi sombra, el que descubrieran detrás de la máscara el impostor que en mi cabeza podría ser. Pero ahora sé que esa sombra es quien empuja el carrito.
¿Qué te gustaría que tu familia o las personas que te conocieron antes de la actuación entendieran de la persona en la que te has convertido?
Me gustaría que entendieran que ser actor no me ha cambiado. Simplemente me ha expandido la mente y me ha permitido conocer partes de mí que yo no conocía: ser más vulnerable, ser más empático, ser más disciplinado. Que es una carrera que no me llegó de la nada, por arte de magia. Que aún me sigo construyendo y que la abrazo con todo el corazón.
¿Qué es algo que el modelaje te enseñó sobre tu cuerpo y tu imagen que hoy intentas desaprender como actor?
Cuando empecé a modelar aprendí a buscar siempre verme bien y es justamente lo que ahora intento desaprender: entregarme por completo a un personaje sin importar si se ve guapo o no, lo que importa es la vida que hay adentro o la intención que pones ahí.



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