Celine Fall 2026: La imperfección nos hace más chic
El efecto Celine es irresistiblemente único. Bajo la dirección de Michael Rider, se ha ido forjando un cambio generacional que se divierte y adopta el legado de la vieja guardia. Los vestigios del pasado son reinterpretados con una magnificencia que resplandece con más fuerza en su tercera colección.
Y en efecto, continúa despertando muchísimo entusiasmo al tratar la moda con un carácter lúcido y entusiasta, olvidando las ideas arcaicas sobre la perfección. Simplemente, quiere que nos relajemos y disfrutemos.“En su máxima expresión, Celine es un estilo: una mezcla de lo antiguo y lo nuevo que transmite una sensación de urgencia y ensoñación”, explicó Rider. “Crea las cosas que todos soñamos con encontrar y usar”.




Su propuesta, llena de increíbles abrigos double-breasted con hombros definidos y cintura estrecha —en especial en tonos beige, lila y crema— redefine nuevamente lo que significa el oversize. “Los clásicos son una cosa, pero nos gusta la intensidad”, remarcó. Ciertamente, resulta tan satisfactorio como aspiracional el toque que le da al lujo con una excentricidad ligera.
Además, la forma en que estiliza —a menudo sobria y a veces imponente— los años ochenta, con un blazer gris ancho, una camisa azul marino abotonada y rematada con pantalones bombachos con pinzas y ballerinas, es todo un don. A veces lo complementa con un sombrero de plumas y bufandas de satén que cubren la mitad del rostro.




Rider logra un equilibrio entre lo sofisticado y lo anticuado. Genera un impacto enorme al darle un lugar especial a piezas atemporales: la silueta precisa y estilizada de pantalones acampanados, rematada con chaquetas utilitarias con un ligero peplum evocado por el cierre; abrigos largos y vestidos con pussy bow y hombros mutton; túnicas de corte asimétrico… resucitando su encanto con pura intuición.
En esencia, la visión de Michael no es demasiado literal; simplemente se deja llevar. Tal espontaneidad congenia con el resurgimiento de los New Romantics: aquellos chicos que desearían envolverse en suéteres de lana de cuello alto, pantalones rectos de tiro alto sujetos a cinturones con pompones; un vestido de lentejuelas plateadas; una chaqueta de estampado de leopardo; sombreros “Diane Keaton” y collares de conchas. Es el tipo de festín sin restricciones que necesita la vida.



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