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Chopard: El Mundo Ideal

Por Mauricio Benhumea.

Imaginemos por un momento la escena: Un convertible clásico avanza a gran velocidad sobre las curvas de Montecarlo; el sol arranca destellos acerados al mar azul, podemos sentir el calor sobre la piel y el viento en la cara. Al fondo, se escucha la aterciopelada voz de Ella Fitzgerald y el suave rugir de un motor perfectamente afinado.

Un escenario de tintes cosmopolitas que es todo lujo, pero no uno descarado, sino el lujo preciso y refinado desprovisto de excesos innecesarios. Ahora tomemos todos los ingredientes y transformémoslos en una firma.

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    Eso es Chopard.

    La casa suiza nace en 1860 en Sanvilier gracias a la determinación de un jovencísimo y astuto relojero de nombre Louis-Ulysse Chopard, que con tan sólo 24 años de edad, daba vida a la firma, especializándose en cronómetros de bolsillo. Así, nacía una leyenda que no ha conocido más que éxitos.

    Hoy, los cuarteles generales de la firma, con espléndidas vistas al Jura, son la permanente inspiración para la creación excepcional; un mundo ideal creado por Chopard, un microuniverso de acero, vidrio y mármol que funciona, como no podría ser de otra forma, con la precisión de un reloj suizo, en donde un ejército de expertos, ataviado en batas de un blanco impoluto, dan vida a los movimientos y complicaciones más soberbios. Este es un mundo donde todo tiene su momento y espacio, donde nada llega un segundo antes ni mucho menos uno después y no es para menos; la casa es la encargada de cronometrar, desde 1988, la mítica carrera Mille Miglia, así como también el Grand Prix de Monaco Historique, del que lleva siendo cronometrador oficial desde el 2002. Y por si fuera poco, es la encargada de fabricar los movimientos más precisos del mundo certificados en cronometría COSC.

    No hay margen para el error

    Este mundo ideal, al que llamaremos mundo LUC (como el movimiento patentado por la casa), lo rigen las normas éticas más estrictas donde las hubiese. Chopard tiene un compromiso incuestionable con el bienestar de las personas que para la firma trabajan, así como la permanente preocupación por la conservación del medio ambiente, haciendo que los metales y las piedras con las que trabajan provengan exclusivamente de zonas con certificación fairtrade y de extracción ética. 

    Y es bajo la cúpula de Watches & Wonders 2021, la división liderada por Karl-Friederich Scheufle, copresidente de la casa, que nos presenta un maravilloso conjunto de obras maestras de la horlogería.

    El prodigio da comienzo con el diseño de la colección Impérial, que se enriquece con un reloj de oro ético rosa de 18 quilates de emblemático motivo engastado en diamantes con un corazón latente de movimiento automático. Dentro de la misma colección, encontramos el modelo Moonphase realizado en oro ético blanco y un diámetro de 36 mm, la exquisitez una esfera realizada con cristal de aventurina y cubierta de estrellas, en donde las cinco principales constelaciones del hemisferio norte sirven de telón de fondo para la visualización de la fase de la luna astronómica, una complicación posible gracias al movimiento Chopard 96.25-C.

    Las novedades de las colecciones L.U.C. integran al L.U.C GMT One Black, creado en honor de aquellos citoyens du monde, ya que es un reloj de viaje con doble huso horario con un movimiento resguardado por una caja de titanio ceramizado grado 5, lo que lo convierten en el primer reloj de viaje del mundo, cuya caja está realizada en este innovador material, disponible en una edición limitada de 250 ejemplares.

     

    Dentro de la misma gama, el L.U.C. Perpetual Chrono alberga el movimiento L.U.C 03.10-L, un portento de la relojería que combina un cronógrafo y el calendario perpetuo; poseedor a un tiempo de la certificación  Chronomètre y el tan deseado Punzón de Ginebra.

    Por su parte, la colección L’Heure du Diamant enmarca aquella colección de oficios artísticos que caracteriza a la firma, dentro de la cual los metiérs d’ art han reinventado una pieza, cuyo resultado podemos apreciar en un reloj en forma de cojín, con movimiento automático Chopard 09.01-C y realizado a mano en oro ético blanco de 18 quilates y una esfera de nácar rodeada de un engaste de diamantes. Esta sublime creación incorpora la emblemática correa de corteza realizada en oro esculpido según una técnica propia de la casa.

    Bautizado como Esperanza, la primera pieza de la nueva Colección Red Carpet se viste de gala y para ello elige como protagonista a la esmeralda, que en su exquisito verdor ha inspirado a los talleres de alta joyería Chopard, en la creación de un reloj joya realizado en oro ético blanco de 18 quilates, por completo engastado desde la esfera a la correa en esmeraldas y diamantes.

    Las noticias no terminan

    ¡Hay amor “a la mexicana” entre Chopard y nuestro país!

    Hace tan sólo un par de meses atrás, que como preámbulo a los lanzamientos vistos en la feria ginebrina, Monsieur Scheufle nos mostraba lo que sería el culmen de un romance largamente anunciado entre la firma y México, un par de magníficas ediciones especiales de sus modelos Mille Miglia y LUC Skull One.

    El primero de ellos incorporaba los colores de la bandera mexicana a manera de racing stripes en el dial, el fondo y los prespuntes de la correa de piel tipo rally, un cronómetro de titanio y acero de acabado pulido en una edición limitada a 50 piezas, en homenaje a los pilotos mexicanos en el mundo.

    En el segundo, el misticismo del Día de Muertos y la dualidad vida-muerte, tan aclamada en nuestra cultura, hace su aparición estelar en forma de un dial decorado con una calavera grabada, y no estamos hablando de una vanitas cualquiera, sino una decorada con los muy característicos elementos de inspiración prehispánica que son fundamentales en ella. El humo del inframundo se representa en el cristal de zafiro de efecto ahumado en el fondo, haciendo que el movimiento no sea nítidamente perceptible , sino visualizado poéticamente como través de un sueño de copal y papel picado, limitado igualmente a sólo cien existencias. Un recordatorio de lo limitado que es el tiempo de vida y nuestra obligación de hacer de ella una colección de momentos excepcionales. Un reloj tan singular que él mismo Karl Friederich declaraba fascinado: “Me ha gustado tanto y su significado es tan poderoso que me he quedado con uno”

    El monde LUC marcha sobre ruedas a vertiginosa velocidad, y para quienes nos queremos quedar en él, tenemos asegurado que llegado el momento de ir al Mictlán sea al compás del tintinear de los happy diamonds de Chopard.

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