¿Qué dice de nosotros al obsesionarnos con un criminal tipo ‘Luigi Mangione’ peligrosamente ardiente?
Desde que fue revelado la imagen de un forajido sonriente y atractivo encapuchado en un Starbucks, en ese entonces, desconocido por las autoridades, el mundo se ha vuelto paranoicamente inestable y excitado por un sospechoso criminal. Este pasado lunes, 9 de diciembre, fue arrestado Luigi Mangione, de 26 años, mientras almorzaba tranquilamente en un McDonald ‘s de Altoona.
El presunto fue detenido tras asesinar a tiros afuera del Hotel Hilton en Midtown, al director ejecutivo de UnitedHealthCare, Brian Thompson. Su cacería duró alrededor de cinco días, confiscando de su poder, un manifiesto de 262 palabras, una identificación falsa y un arma fantasma impresa en 3D. Sus aparentes razones eran vengar la perdida de sus abuelos y las secuelas de una dolorosa cirugía de espalda baja, que no fueron tratadas con antelación y las desmedidas políticas de las aseguradoras. De hecho, uno de sus casquillos tenían las palabras “negar, defender y deponer” (una supuesta referencia a las engañosas y hostiles tácticas de ahorro que eluden a la corrupción).
Presuntamente, sus imágenes han circulado por toda la web, alterando las hormonas de los curiosos y detectives internautas. Fotos de él, sin camisa, afeitado, con el pelo rizado y a menudo sonriendo, se han hecho públicas en una interminable sesión de fotos que atolondra por sus revelados y definidos six-pack. Los comentarios en redes impresionan por la voracidad desmedida, alabando la hermosura prosaica del italiano Mangione, llegando a manifestar una erótica y deseo colectivo por el ‘asesino ardiente’. Parecía que todos ya cuentan con el veredicto final de su sentencia: ‘Mi cama’, dirían algunos cadentes procuradores de X.
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Tales elogios y simpatía por asesinos, exponen un favoritismo imprudente por un ‘Robin Hood’ que busco el modo de acabar con la injusticia y excesivos gastos de un brutal sistema de salud estadounidense. Las personas han glorificado y regocijado el acto y al descubrir que era ‘guapo’, relacionaron ‘su carita de ángel’ con la inocencia. Es ahí que la simpatía por Luigi, es más por su áspera y objetiva belleza. ¿No te has puesto a reflexionar sobre si este tipo realmente mató al CEO, a pesar de tener las pruebas suficientes mismas que burlaron la justicia y crees que es sensato elogiar su sexualidad con tanto humor y descaro?

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La romantización de fornidos encarcelados que cuentan con una quijada esculpida por Miguel Ángel, se ha incrementado desde que fue televisado el juicio de Ted Bundy, Charles Manson y Jeremy Meeks. El atractivo disminuye la culpa. Estos justicieros inspiran y arrebatan suspiros, al grado de mofarse de la violencia y utilizarla como una narrativa de marketing que logre sacarlos del hoyo negro. ¿Es que Ryan Murphy se ha interesado ya en la vida de este joven privilegiado y entusiasta de la tecnología? Si indagas, descubres actualizaciones impertinentes de él con un traje naranja, llevado a la fuerza y los constantes memes que lamentan que Luigi Mangione no esté a su lado ahorcándolos; potenciando su imagen como una envidiable celebridad que debe ser aprovechada. Una gallarda crueldad disfrazada, entorpece a una sociedad dispuesta a absolver el crimen hipócritamente si es bello el pistolero.
El desmayo perdura mientras se siga normalizando y lucrando con el terror, un problema social, que los propios tribunales han formalizado el caso. A la espera de los juicios, veremos como la sed lujuriosa persiste en una decadente cultura que ignora a la víctima por una banalidad difícil de esquivar.



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