El deseo prohibido por un sacerdote ardiente

El deseo prohibido por un sacerdote ardiente

“In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti”. Amén. En un abrir y cerrar de ojos, la fe se ha constituido como parte del espíritu ferviente de la Gen Z, que hoy se consuela entre alabanzas de Rosalía. Pero desde que vimos al ilustre Josh O’Connor interpretar a un cándido ex boxeador convertido en sacerdote ardiente en Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery, los feligreses han decidido posar la mirada en una devoción profana.

Hollywood ha sabido aprovechar el fetichismo carnal que subyace en la religión, utilizándolo como una narrativa que despierta un interés pagano por los hombres de Dios. Resulta sumamente taimado observar un fenómeno––o gusto culposo––que descontrola a medio internet. Muchos habrán quedado flechados cuando, en la segunda temporada de Fleabag, Andrew Scott encarnó al famoso “Hot Priest”, que desató la tentación que corrompió la mente de Rose. Aceleraba el pulso y nublaba la razón. La gente lo considera como lo mejor que ha pasado al catolicismo en mucho tiempo.

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    Pese a que la abstinencia ha corrompido a muchos pontífices, tales historias de aventuras ilícitas (en el que la mayoría acaban mal) evidencian lo complejo que es el deseo humano frente a lo prohibido. Los encuentros amorosos se tornan más profundos y conflictivos con el alma. Un sacerdote ardiente sucumbe a nuestras pasiones más turbulentas, una fantasía plasmada en el cine: Jude Law como el pontífice más atractivo en The Young Pope; Antonio Banderas en The Body; Richard Chamberlain en The Thorn Birds y Christopher Reeve en Monsignor. Sementales introvertidos ocultos bajo vestiduras litúrgicas que el incienso intenta purificar de la flaqueza humana.

    Tal vez esta fantasía colectiva se deba a algo más psicológico. Un sacerdote no te juzga: escucha y absuelve, mientras que el resto te deja abandonado en el fango. Un refugio irresistible que consuela nuestro frágil estado emocional, deseando algo que no podemos tener bajo el manto que cubre–o une–– la sexualidad y la religión. Descaradamente inapropiado, aunque quizás todo sea diversión y conexión humana. Puede que arrodillarse sea más que simple gesto de perdón, sino una forma de saciar una sed imposible de remediar.


    Fotos BH 39

    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

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