El estilo preppy resurge… ¿otra vez?

El estilo preppy resurge… ¿otra vez?

Recuerdo haber visto hace poco la comparativa que hacía un colega sobre el rumbo que tendría la estética de Jonathan Anderson en Dior con la película Dead Poet Society. Tal vez la semejanza no recaía tanto en la emotiva narrativa, sino en el inolvidable estilo preppy del alumnado. 

Observando cómo un pensamiento conservador regresa e inunda varios aspectos del colectivo, no resulta tan extraño ver que el hombre prefiera usar camisas de botones, sacos, polos …en fin, arroparse nuevamente en lo clásico y llevarlo al límite sin subvertir drásticamente sus características estéticas. 

El estilo preppy resurge… ¿otra vez?
Dead Poet Society (1989) / IMBd

Esta aspiración que tanto ha enloquecido a la juventud parece darle un giro subversivo a esta forma de vestir. Mientras  una visión tradicional se asienta en las pasarelas, el uniforme preppy se reinventa con una energía fresca (otra vez). Ya no se trata de lucir como universitarios de la Ivy League, sino de una interpretación más urbana y sofisticada.

Naturalmente asociamos este concepto con las prendas otoñales de Ralph Lauren o el verano eterno de Tommy Hilfiger, pero esta nueva ola no aparenta ser pasajera ni tediosa. Un ejemplo innovador es el debut de Michael Rider en Celine, quien transmite una sensación de elegancia y confort al mismo tiempo que juega descaradamente con una silueta andrógina y estridentes collares que hermosean sus largos abrigos. Por su parte, Thom Browne ha mantenido el preppy como algo cautivador y transgresor, refrescándose ante la intemperie nostálgica que anhela volver a los años 80 y destilar “calidad y riqueza”. 

Arraigada en la tradición, la camiseta de rugby no luce tan pretenciosa si la combinas con shorts cargo y zapatos náuticos o flip flops. Desde sus orígenes, esta visión costera––obsesionada con el estatus––se ha prolongado como un estandarte del buen gusto.  El libro The Official Preppy Handbook,  “la biblia indiscutible y la crítica antropológica” de este estilo,  fue una sátira que destilaba lecciones de etiqueta que hasta la fecha, siguen repercutiendo en la mentalidad de los jóvenes que descubren la apacibilidad de la costa este.

Quizá la rígida autenticidad preppy se haya desvanecido con este resurgimiento. Se supone que deberías reconocer al instante, pero al mezclarse (democratizarse) con otros contrastes estilísticos, también resulta atractivo tal choque. ¡Solo admira la creatividad audaz de Tyler, the Creator y A$AP Rocky para usar corbatas! 

Me llamó la atención el comentario de un usuario que decía que “los tres pilares de la moda masculina se basan en lo deportivo, lo funcional y lo preppy”. Y sí: el clasicismo se adapta a la euforia de la Gen Z, fusionando lo inalcanzable con lo popular. Estamos retrocediendo hacia un pasado que nos incomodaba la prerrogativa capitalista y Tiktok no duda en influenciarnos con este “descubrimiento” . 

Sin duda, este estilo nunca se fue. De hecho, son los básicos que usamos. Ya no es la vestimenta exclusiva del snob millonario; es un guardarropa para verse bien. La percepción se ha modificado por una opulencia radical que lo hace más accesible. 

Menos rígido y pretencioso que el quiet luxury, el estilo preppy ha sobrevivido varias fiebres y revive con una dosis de ironía y simplicidad. Mr.Porter aconseja que unos de los principios básicos “es disfrutar del color y la diversión a la hora de vestirse. Optar por prendas holgadas, marcas y diseños clásicos, además de apostar sin miedo por los colores pastel”.

En cierto modo, al notar que la moda masculina solía ser rígida y cuadrada, surge la oportunidad de rescatar la esencia de una prenda atemporal y dotarla de personalidad. No se trata de que los adultos luzcan “inocentes”, sino de destacar en la multitud con mocasines, calcetines blancos y sudaderas sobre los hombros. Todo acompañado de alguna pieza heredada o vintage que encaje a la perfección.

Tal entusiasmo por la sociedad de antaño no borra la fascinación por los uniformes escolares. Resulta sorprendente cómo uno puede lucir formidable con la excentricidad del preppy, incluso con su connotación derechista. Al final, la sociedad contemporánea sigue obsesionada con la gente adinerada: una especie de fetichización colectiva.

Sin embargo, esta revolución está llena de optimismo y un espíritu desafiante ante una estética contraria a los valores de muchos artistas. Este renacer trillado no refuerza, cuestiona y juega con su belleza y oscuridad. Es inusual que el preppy no aparente ser retorcido, pero su encanto es provocativo y emotivo al volverse una herramienta de transformación. 

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