¿Por qué los hombres de Jane Austen deberían ser el ejemplo a seguir?
Después de ver la brillante adaptación de Sense & Sensibility, de la directora Georgia Oakley (no olviden leer también la entrevista que hicimos a Grace Snell, la costume designer de la película), terminamos concluyendo que Jane Austen es la creadora de aquellos hombres que deseamos tener en nuestras vidas.
Ya sea en sus libros, series o películas —¿ya vieron The Other Bennet Sister?—, su masculinidad está basada en la sinceridad, la honestidad y la responsabilidad moral. Aunque en ocasiones puedan percibirse como bruscos y arrogantes, siempre están genuinamente dispuestos a cambiar. Más allá de la superficialidad y del arquetipo del héroe romántico, estos caballeros vestidos con frocks y sombreros de copa, como Mr. Darcy, siguen generando suspiros, incluso en un momento en que el looksmaxxing pretende ser la nueva guía de belleza, estilo y carácter.
O incluso cuando hemos normalizado el love bombing, permitiendo que hombres como Willoughby, fanfarrones que te endulzan el oído y la mirada, te manipulen emocionalmente hasta que se aburren de ti.
¿Por qué no aprenden del coronel Brandon o de Edward Ferrars? Quizás sean tímidos, reservados y algo torpes a la hora de socializar, pero son feroces, protectores y seguros de sí mismos. Sabemos que, en la época en que vivimos, la atracción por los galanes problemáticos es inevitable; basta con echar un vistazo al catálogo de las plataformas de streaming, que ofrecen historias con una narrativa similar, como la del bad boy que maneja un auto deportivo.




Claro, la búsqueda de pretendientes se ha trasladado a sitios como Bumble, donde coqueteamos con emojis y enviamos reels de TikTok para iniciar una conversación. Como en las historias de Jane Austen, el amor es una odisea.
Aún es difícil encontrar a alguien que admita sus errores o sienta remordimiento de corazón.
En tiempos de incertidumbre económica y sentimental, por lo menos añoramos que nuestra pareja sea apasionada, ingeniosa, dedicada y cariñosa, como el capitán Frederick Wentworth de Persuasión o George Knightley de Emma.
Y leal, como Edmund Bertram de Mansfield Park.
En el universo de Jane Austen, su ideal masculino sigue resultando cercano en la actualidad. Como señala Robert Greving en The Heights Forum: «La clave es fijarse más en lo que los personajes hacen que en lo que dicen, y comprender que quienes más hablan suelen ser los que menos saben». Un ejemplo es el descarado Frank Churchill.
Quizás lo mejor que un hombre puede hacer es leer una novela de Jane Austen y ver una adaptación audiovisual de alguna de sus obras, especialmente aquellas que apuestan por la espontaneidad y el naturalismo, y que conectan profundamente con los bosques y los páramos.
Puede que también aprendan más sobre la compasión y la sororidad, y entiendan que lo que hace apuestos e irresistibles a estos personajes es su autenticidad y su pasión desmesurada. Saber amar.




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