Jacquemus Fall 2026: Un circo disquero
Recientemente, Jacquemus nombró a su primera embajadora en toda su historia: su abuela Liline. El diseñador siempre ha recalcado el papel de las matriarcas en su discurso creativo. En la imagen que anuncia el nombramiento, Liline sostiene el bolso Le Valérie, bautizado con el nombre de su hija. En un comunicado, la marca subrayó el énfasis de Simon Porte en “la familia, la memoria y la transmisión”. Más que una embajadora, “representa el alma de la Maison y un recordatorio atemporal de que Jacquemus es, ante todo, una historia de orígenes”.
Esta sensibilidad artística generó una resonancia cultural que Jacquemus quiso plasmar con su regreso al Musée National Picasso. Ubicado en el corazón de París, la mansión del siglo XVII acogió un desfile que celebraba tanto “la belleza espontánea de la alta costura de los años 50 como la sensualidad de los 90”. Sin embargo, un humor satírico reinó en su propuesta marcada también por los excesos de los 80, dejando atrás su humildad campesina de la temporada pasada.




El espíritu retro de la colección se basó en el empoderamiento de hombros que sostenian su chaquetas sin solapas y faldas esculturales de cóctel con silueta de reloj de arena. Esta formalidad no se acentuaba únicamente con volantes circulares plisados y cinturas ajustadas que realzaban la figura de una manera natural, más bien, eran los tejidos deliberadamente ridículos: flores negras de intarsia bordadas sobre una chaqueta blanca; diminutas pelotas de colores que saltaban de un vestido strapless de polka dots circenses; y un traje falda midi beige cubierto de plumas. Detalles resbaladizos que dialogaban con los extravagantes sombreros en forma de platillo, sin olvidar la coleta Le Palmier, un guiño al desenfreno nocturno de antaño.
Entretanto, el menswear se transformó en una fantasía teatral coloreada de tonos Play-Doh. Un elegante traje khaki jaspeado se acentuaba con un blazer rígido de espalda ancha y pantalones de caída amplia. Una chaqueta de esmoquin se combinó con refinados bóxers de lunares; otra propuesta, inspirada en el juego Twister, destacó en una bomber y un traje rosa que, en realidad, era una sofisticada pijama, embellecida por una tierna bolsa en forma de oveja.




El dandismo moderno de Jacquemus se volvió más juguetón y relajado, con propuestas sumamente atrevidas para los estándares clásicos. No es la típica rigidez sartoria: es estupendamente infantil, pero sin volverse tan disruptiva.
El mood board del diseñador incluía a Paloma Picasso, una de sus grandes ídolos y un ícono de estilo de la era go-go. Su vestido de un solo hombro —con la modelo sosteniendo una copa de vino sobre su pecho derecho desnudo, en un gesto de falsa modestia— se inspiró directamente en una fotografía de Helmut Newton. Un ejercicio de inmersión obsesiva, que busca fielmente, divertir a la moda por un rato, mientras Jacquemus continúa definiendo su identidad.



PUBLICAR UN COMENTARIO