Jean Paul Gaultier Spring 2027: Duran Lantink convierte lo bizarro en deseo
Hace un año, Duran Lantink introducía su visión retorcida a la maison Jean Paul Gaultier. Aunque aquella propuesta fue alucinante y bastante subida de tono, el director creativo regresa con una colección más experimental y bastante accesible, manteniendo ese peculiar toque vanguardista que hace de lo bizarro algo ponible.
Ciertamente, logró que lo básico fuera interesante y desafiante, percibiendo que sus gustos impulsivos son lo bastante comercializables y entretenidos. Sobre todo, jugar sin problema alguno con los códigos de Gaultier.
“Para mí, es fundamental jugar con la tridimensionalidad y explorarla un poco”, remarcaba Lantink. “Para mí, es muy importante porque prefiero la vista de tres cuartos a la lateral o frontal”.
Y sí, las prendas del francés no solo muestran un encanto frontal, sino desde todos sus ángulos. Desde los cuellos adelantados y levantados de las camisas de franela verde, hasta una serie de vestidos, tops sin espalda y blusas con capucha impoluta y suaves volantes á la Robin Hood, que tenían un prominente escote circular en el pecho y dejaban entrever unos mesurados sujetadores cónicos y pectorales fornidos; faldas tubulares y gabardinas en tono beige —hasta sombreros medievales de ala flexible—, así como bodysuits con cut-outs y flecos, cuyos tirantes se estiraban para convertirse en capuchas y gorras.




El mismo patrón se veía extrañamente lindo en un vestido sheath de lunares, con tirantes transformables en una extensión del choker.
Un traje de falda de cuadros rojos, conformado por un blazer con hombros estructurados y una falda plisada de corte recto hasta la rodilla; así como un traje negro perfectamente ceñido y una chaqueta acolchada con silueta trapezoidal y bordes de cuero marrón, lucían relativamente normales, aunque prominentes, como un abrigo en tono hueso de corte reloj de arena.
Aunque había cierta ruptura con la silueta y la proporción, también era interesante cómo Lantink pudo manipular la anatomía de las prendas con decorados folclóricos de origen alpino en las chaquetas deportivas caqui, combinadas con kilts y otras de cuadros.
Con una visión más andrógina, cargada de osadía y bullicio, sigue provocando con un estilismo que genera revuelo y, quizás, la atención de bolsillos hambrientos por novedad vestible.
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