Ahora Leyendo
Un nuevo continente

Si usara el método científico de la investigación empírica, podría teorizar que la moda masculina se ha saltado décadas evolutivas en los últimos años para estar a la par de su contraparte: la industria femenina. Sin embargo, mi método tendría varias fallas esenciales, empezando por el hecho de que esta es la primera vez que me detengo a ver lo que esta pasando en este conglomerado paralelo de testosterona. Si me hubieran preguntado hace dos años sobre mis intereses particulares en este complejo ecosistema de diseñadores y tendencias, miles de respuestas habrían venido a mi mente, pero lo inimaginable hubiera sido que en enero de 2019 mi atención se volcaría enteramente al Men’s Fashion Week Fall 19. Podría decirles que este cambio despertó cuando Virgil Abloh tomó la dirección creativa de Louis Vuitton o alguna pretensión similar de un verdadero connoiceur de la industria, pero estaría mintiendo. El primer guiño hacia las piezas sartoriales nació de una mucho menos impresiva referencia: el smoking de Carrie Bradshaw en la boda de su amigo Stanford, años después reforzado por el ostentoso estilo de Blake Lively en A Simple Favor. Podrán tomarse unos minutos para reírse de la ridícula influencia de mis gustos más recientes, es más en algún momento le pedí a mi esposo los datos de su sastre para mandarme hacer el tux de mis sueños; que aún está por materializarse en el momento que me tome el tiempo de levantar medidas y aterrizar mi visión de una Marlene Dietrich versión 2.0.

Por esto sin mucho más preámbulo, hoy estoy inmersa en lo que está pasando al otro lado del mundo mientras Zegna, Dries, Abloh y otros talentos, se acomodan y toman riendas de una industria en decadencia. No sé si son los impecables drapeados moldeados en maniquí de Kim Jones para Dior, esos suéteres de cashmere parisian-chic de Sandro o la visión de Walter Van Bereindonck Leigh Bowery-esca, pero me atrevo a decir, sin evidencia factual, porque esto no es una ciencia, que la moda masculina hoy se encuentra en su máximo apogeo. Supongo que el cambio es inminente, mientras que en las últimas décadas nos hemos saturado de millones de propuestas para la moda femenina, la masculina había permanecido en una especie de trance casi intocable, donde las innovaciones hiperbólicas incluían un color medio chillante o alguna que otra pieza pisando los talones de lo femenino. Pero ahora estamos ante un sector que ha evolucionado a pasos agigantados y que muestra el otro lado de la moneda, un nuevo paraíso de creatividad e innovación que todavía tiene mucha tela de dónde cortar. Ante todo esto es natural preguntarnos, qué vino primero si el huevo o la gallina. ¿Es una nueva generación ávida de expresión individualista? ¿Es la muerte del estigma que los hombres deben de ser machos alfa desinteresados por su físico? O simplemente terminar de aceptar que estamos en un momento histórico sin precedentes en donde se está buscando alcanzar una verdadera equidad de roles en donde las mujeres tengamos las mismas oportunidades laborales y los hombres tengan las mismas opciones para expresar su más verdadero yo. Sin embargo todavía queda una camino largo que recorrer, esperando que esta utopía igualitaria se convierta no en una teoría sino una realidad.

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