Cómo Adela Cortáza recreó el México revolucionario a través del vestuario de Mal de Amores

Cómo Adela Cortáza recreó el México revolucionario a través del vestuario de Mal de Amores

La Revolución Mexicana es uno de los periodos más vertiginosos que atravesó un país hostigado por la violencia e injusticia social que marcó la dictadura de Porfirio Díaz. Una época sacudida por la guerra y la transformación inspiró a Ángeles Mastretta a escribir su novela homónima Mal de Amores, retratando las vivencias que atravesaron las mujeres que buscaban un lugar digno en una sociedad altamente machista.

Adaptada por su propia hija, la directora Catalina Aguilar, revive la historia de Emilia Sauri (interpretada por Renata Vaca): una joven atrapada entre su impulsiva curiosidad y dos amores —el rebelde Daniel y el prolijo Zavalza—, marcada también por el deseo de independencia y el aprendizaje de ser médico. Desafiando las normas e ideales que regían a una sociedad afrancesada y delirante por lo europeo, busca valerosamente ser ella misma.

Bajo esta premisa, la diseñadora de vestuario, Adela Cortáza, moldeó este contexto histórico en una profunda investigación meticulosa que se percibió sumamente apasionada, intensa y comprometida al evocar al hombre cosmopolita como revolucionario, con prendas traídas desde España que manifiestan la jerarquía social que dividía a la sociedad de principios del siglo XX.

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    Adela Cortáza lleva la Revolución Mexicana al vestuario de Mal de Amores
    Camila Jurado / Netflix ©️2026

    “Recopilé todos los libros posibles sobre diferentes temas, todos con contenido entre 1890 y 1920: libros de historia de México, libros de fotografía, libros militares y del ejército, enciclopedias y toda clase de compilaciones. También libros y revistas de moda originales de la época, libros de historia de la moda, de sastrería, patronaje y técnicas antiguas de confección”, exclamaba Cortáza sobre cómo lograron confeccionar trajes con patrones y estampados de casi 100 años.

    Ciertamente, la vestimenta masculina se convierte también en un reflejo de las diferencias sociales y de la transformación que atravesaba el país. “Todo estaba perfectamente dictaminado”, remarca sobre cómo incluso habían libros sobre elevar “tus defectos” con el traje perfecto.

    Puede que los caballeros burgueses, fanáticos del idealismo porfiriano, tuvieran una apariencia pulcra, seria y estructurada, pero es imposible no resaltar el lado de la resistencia––el charro–– que hasta nuestros días es alabado como el uniforme de héroes nacionales. La dedicación y búsqueda hicieron que los hombres de Mal de Amores resultaran aún más interesantes —y galanes— con la perspectiva y cuestionamiento de la enigmática Cortáza.

    Alberto Jiménez: La historia se centra antes del estallido de la Revolución Mexicana, un periodo en el que la moda francesa domina el estilo de la clase burguesa, mientras que buena parte de la población todavía vestía con piezas de manta y algodón. Respecto a los caballeros, ¿qué tan laborioso fue materializar esos contrastes sociales a través del vestuario sin que los personajes terminaran pareciendo disfrazados?

    Adela Cortáza: Me encanta que digas que no se ven disfrazados. Para mí, la tarea principal es hacer una investigación exhaustiva de los usos y costumbres de la época que te toca representar y tratar de ejecutar el vestuario, en la medida de lo posible, lo más apegado a aquella realidad.

    Recuerdo que hicimos una serie de moodboards cuya premisa era tener certeza del origen y de la fecha de cada fotografía. Era muy importante que fueran fotografías porque estamos hablando de un periodo en el que se estilaba mucho ilustrar la moda. Las ilustraciones suelen ser hermosas, pero también pueden ser engañosas.

    Organizamos estos moodboards por grupos socioeconómicos y por diferentes años, ya que la historia sucede entre 1890 y 1910. También los agrupamos por actividades, porque en aquella época se vestía de acuerdo con la ocasión: era distinta la manera de vestir durante el día, por la noche, para el paseo, etcétera. Esto sucedía principalmente en las clases altas.

    Recopilamos fotografías históricas y de moda de México, además de fotografías de libros de moda de distintas partes del mundo, principalmente de Europa, para poder establecer comparativos. Lo dividí en “Hombres México: pueblo vs. clase media vs. clase alta, entre 1890 y 1910”, y lo contrastamos con “Hombres del mundo: clase popular vs. clase media vs. clase alta, entre 1890 y 1910”.

    Para lograr los contrastes que mencionas, traté de exacerbar las diferencias que existían.

    La primera decisión fue dividir a los hombres del pueblo en tres grupos principales: los que vestían de calzón de manta, los que vestían a la usanza charra —por decirlo de manera coloquial— y los trajeados, que, claro que existían en todos los grupos socioeconómicos. Porque, en realidad, todas las clases sociales vestían de traje. Utilizaban los mismos elementos: camisa, chaleco, pantalón, saco y corbata o algún elemento similar.

    La diferencia principal, como en la vida misma, estaba en las telas y en los ajustes de la confección. En el caso de mis hombres revolucionarios y del pueblo, los trajes eran mayormente de algodón, en sus versiones más simples y burdas: lonetas, gabardinas, sargas y, obviamente, manta. Eran telas que pasaban por procesos de lavado y diferentes teñidos para darles, desde un principio, un aspecto más desgastado y un cierto color deslavado. Nosotros mismos procesábamos las telas antes de confeccionar las prendas.

    En contraste, para los hombres de las clases altas utilizamos materiales más sofisticados: trajes de casimir, siempre de lana, con hechuras mucho más cuidadas. Los largos y los anchos estaban en su lugar, perfectamente planchados y debidamente entretelados para darles ese aspecto de pulcritud propio de la época.

    Adela Cortáza lleva la Revolución Mexicana al vestuario de Mal de Amores
    Camila Jurado / Netflix ©️2026

    Sé que la autenticidad histórica se ha convertido en un punto crítico para una audiencia cada vez más exigente. ¿Cuál fue el proceso de investigación para reconstruir cómo vestían realmente los mexicanos en Mal de Amores? ¿Recurriste a
    fotografías, revistas o archivos?

    Mucho de todo lo que acabas de mencionar. Hicimos una investigación exhaustiva por todos los medios posibles. El primer paso fue adentrarnos en el Porfiriato y en la Revolución Mexicana, reestudiarlos y ponerlos en orden, ya que tanto la Revolución como nuestra historia comienzan en 1910 y, a partir de ahí, pasaremos diez años en el proceso.

    Recuerdo que escuchaba un podcast sobre la Revolución todos los días; cada vez que tenía oportunidad, escuchaba un capítulo distinto. Con el material impreso nos dimos a la tarea exhaustiva de leer, hojear y escanear. Paralelamente, hicimos una investigación en la Hemeroteca Nacional y en el Museo de la Revolución, tanto en CDMX como en Puebla.

    Todo esto dio lugar a un archivo de más de 30,000 imágenes.

    Dentro del proceso, ¿hubo algún detalle que no percibiéramos y que te terminó de sorprender?

    Sin duda, la sastrería.

    Siempre he sido una apasionada del patronaje antiguo. Tengo muchos libros que he coleccionado a lo largo de mi carrera, además de varios que pudimos conseguir para este proyecto.

    Trabajé a partir de sistemas muy detallados de toma de medidas, trazo, técnicas de confección, entretelado, formas de planchar y tipos de telas.

    Descubrí que había muchos autores, de diferentes países, y que algunos de estos sistemas, incluso estaban “patentados” o tenían una patente en trámite. Al llevarlos a la práctica, los resultados fueron hermosos: siempre muy parecidos, pero con diferencias, algunas importantes y otras muy sutiles.

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    Camila Jurado / Netflix ©️2026

    Eran libros que indicaban qué traje usar y en qué ocasión; qué saco, qué largo, qué corte, qué protocolo; qué correspondía al día, qué a la noche, qué a la etiqueta, qué abrigo, qué uniforme…

    Un dato curioso es que la mayoría de estos sistemas tenían una sección de “corrección de defectos físicos”: cómo hacer el traje perfecto para un hombre jorobado, para un hombre con abdomen prominente, para un hombre muy alto o para uno de baja estatura. Había ajustes para todos los cuerpos. Ajustes para que todos tuvieran siempre un traje perfecto.

    Trabajar desde aquí les dio a mis personajes un pasado verdadero. Esta parte de la investigación nos dio —nunca mejor dicho— mucha tela de donde cortar. Estudiar y ejecutar estos libros fue una delicia. La sastrería es compleja y milimétrica. Tal vez esto no lo lea el espectador como tal, pero sin duda lo tendremos en pantalla.

    Antonio Zavalza, Diego Sauri, Manuel, Octavio, incluso Salvador, son personajes que lucen una sastrería extrañamente contemporánea. ¿En quiénes te basaste para la confección de sus trajes?

    En realidad, todos visten igual, pero todo es diferente.

    Es fascinante que cada detalle esté meticulosamente planeado. Desde los relojes de bolsillo y las corbatas con estampados hasta los sombreros. Todo encaja a la perfección. ¿Cómo fue el proceso para conseguir y seleccionar estos accesorios? ¿Qué tan importante fue recurrir a piezas vintage originales para conseguir la autenticidad que buscabas?

    Para mí, los accesorios son una parte súper importante del outfit final.

    Recolectamos la mayor cantidad de accesorios posibles por todo México, Madrid y Los Ángeles.

    Teníamos en el taller una sombrerera que estuvo restaurando y dándole amor durante todo el proyecto a una cantidad enorme de sombreros: bombines, chisteras, carretes, fedoras, sombreros charros, de piloncillo… Muchos de fieltro, muchos de palma y muchos de ellos muy maltratados.

    Las corbatas también fueron para mí un detalle fundamental, porque son un elemento muy importante para darle personalidad a nuestros personajes. Definíamos quién y cuándo llevaba moño, corbatín, plastrón, gazné, paliacate o, rara vez… nada. Trabajamos de la mano con utilería, que se encargó de colocar todos los lentes, relojes y leontinas.

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    Camila Jurado / Netflix ©️2026

    ¿Qué elementos de la moda masculina decidiste exagerar o suavizar para que la historia conservara una identidad propia sin perder su credibilidad histórica?
    Esta respuesta te va a parecer curiosa, pero el personaje en el que apliqué una sastrería completamente atípica fue Emilia, nuestra protagonista. Si bien la sastrería femenina, claro que existía, en Emilia la llevé de una forma mucho más
    masculina de lo que se estilaba. Narrativamente, esto me ayudó a darle un peso que su vocación y su meta en la vida necesitaban.

    Emilia es súper femenina, pero no viste realmente como se estilaba en aquella época. Tiene momentos a lo largo de la serie en los que usa sacos, chalecos, pantalones y corbatas, todos con cortes mucho más cercanos a los de hombre que a los de mujer. Y creo que el resultado final es muy femenino y, al mismo tiempo, muy actual.

    ¿Hay algún personaje masculino cuyo vestuario experimente una transformación particularmente importante a lo largo de la historia?
    Creo que Daniel, que es un joven que se va a entregar a la lucha por el cambio, es el que más va a ir cambiando. Su transformación va a suceder a la par del país.

    En el caso de Daniel, encarna al revolucionario y de espíritu subversivo. ¿Cómo su entrega y pasión se reflejan en sus prendas? ¿Qué lo hace especial?
    A Daniel lo hace especial su espíritu libre. Es rebelde, es apasionado, va y viene a donde lo lleve la Revolución que México tanto necesita, y todo esto se tiene que ver reflejado en su manera de vestir.

    Daniel, de alguna forma, es una facha… pero con estilo. No le preocupa lo que trae puesto. Para él, vestir es más funcional que estético. Necesita estar cómodo para facilitar sus ires y venires. Pasa más tiempo en la naciente guerra que en la ciudad.

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    Camila Jurado / Netflix ©️2026

    Viste mayormente con telas algodonosas, pero también con linos y algunas sedas crudas. Traté siempre de que los materiales en él tuvieran diferentes texturas y más detalle. Daniel es hijo de un reconocido doctor con ideas progresistas en Puebla y, aunque pertenece a una clase social acomodada y tiene la posibilidad de vestir de una manera “más adecuada”, lo hicimos mucho más cercano al pueblo.

    Digamos que el arco del personaje es que al principio lo vemos bien vestido y, conforme avanza la historia, se va acercando cada vez más a las clases populares, entre las que se va a mezclar y con las que se va a identificar en diferentes capítulos, hasta terminar completamente devastado.


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    Mal de amores se encuentra disponible en Netflix.

    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

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