Carlo Basabe habla sobre Emilio: el personaje que marcó ‘El otro padre’
El otro padre es una historia demasiado tensa y sobrecogedora. Más aún por los secretos y las circunstancias que redefinen incluso el concepto de familia.
La serie de Netflix se ha convertido en un fenómeno del streaming, gracias tanto a su elenco como a una trama que nos sumerge en la vida de Macarena Sotomayor (Silvia Navarro), una mujer cuya vida perfecta da un giro trágico cuando su hija Julieta (Azul Guaita) necesita un trasplante de riñón urgente para sobrevivir.
Nadie hubiera imaginado que la única persona compatible resulta ser Emilio, su verdadero padre biológico. La serie pone en juego la moralidad y la ética frente a los impulsos y la culpa, explorando también hasta dónde es capaz de llegar una persona para sobrevivir cuando los secretos salen a la luz y las consecuencias del pasado comienzan a alcanzarla.
Puede que el resentimiento y la infidelidad dominen a los personajes, e incluso el propio destino de Julieta, aunque Emilio es quien más sufre por la tensión emocional y familiar que lo coloca en una encrucijada difícil de superar a causa de un pasado que lo vuelve a perseguir.
Interpretado en su vida adulta por Erik Hayser, su versión juvenil es encarnada por Carlo Basabe. El actor, que ha ido construyendo su reputación en películas como Autos, mota y rock and roll y series como Dinastía Casillas––incluso en la música––personificó estupendamente la personalidad inmadura y calculadora de Emilio.
Ciertamente, en el trabajo de Basabe se nota la pasión, la versatilidad y la entrega con la que interpreta a un personaje marcado por las injusticias y las pérdidas, pero que no permite que estas definan su presente. Al contrario, muestra un lado más vulnerable y sensible, moldeado por sus decisiones y las circunstancias que lo rodean. Incluso, es capaz de generar empatía e invitarnos a descubrir y comprender su lado más oscuro.
Platicamos con Basabe sobre su preparación para dar vida a Emilio, la manera en que consiguió que su historia se sintiera cercana y entrañable y, sobre todo, su profunda conexión con el mundo de la actuación.

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Alberto Jiménez: ¿Cómo te preparaste para interpretar a Emilio en El Otro Padre?
Carlo Basabe: Al principio, cuando nos dieron los guiones, de hecho tuve una indicación del director de no leerlos completos para no contaminar, desde mi propuesta actoral, lo que pasaba en el futuro y que eso afectara el trabajo del pasado. Entonces, al principio no leí todos los guiones; leí únicamente mis partes. Creo que fue una buena estrategia, más que una comodidad, porque me permitió conocer solo esa parte del personaje y no darme cuenta de las consecuencias de sus acciones.
Claro que leer y conocer a Emilio fue un trabajo en conjunto con dirección, con Eric. Tuvimos varias pláticas previas, tanto para hablar del personaje como para conocernos, cotorrear y que me contara un poco de su vida. Creo que, en cualquier trabajo creativo, es importante apostar por la amistad y que el trabajo nazca de ahí; siento que eso fortalece mucho el proceso.
En una de esas lecturas nos dimos un tiempo para platicar del personaje desde la perspectiva de cada uno. Algo que he mencionado en varias ocasiones es que esas conversaciones fueron para llegar a acuerdos. Creo que eso fue lo más importante: encontrar un norte que nos guiara para tomar decisiones. ¿Por qué decidió esto el personaje? ¿Cómo se siente ante cierto tipo de problemas? También acordamos aspectos de su pasado y de su ambiente familiar.
Una parte importante del trabajo fue justamente esa colaboración con Eric Kaiser para definir esos acuerdos y construir desde ahí. Decidir que era alguien que había vivido mucha presión familiar, que siguió un poco la línea que le trazaron desde un consejo paternal, pero también desde esa idea de “es lo que te toca y es por lo que tienes que luchar”. A eso también le pusimos de nuestra cosecha, entendiendo que era un joven que podía decidir desde el impulso, la supervivencia o el miedo.
También trabajamos en cómo iba a ser y cómo se iba a mover. Nos entregaron un material de Eric sobre cómo hablaba y cómo se movía. A partir de ahí me acerqué a su trabajo. Más que buscar una imitación, que también considero tiene un enorme valor cultural cuando está bien hecha, intenté emular su energía. Más que un gesto o una forma específica de moverse, buscaba mimetizar esa energía.
Ya en los ensayos previos fue cuestión de trabajar con nuestras compañeras actrices, con los directores, divertirnos, jugar e improvisar sobre lo que ya estaba escrito. Al final, muchas cosas también se descubren en conjunto con el equipo.
Hablando un poco sobre esta conexión que hubo con Eric y cómo colaboraron para construir la esencia de Emilio, ¿Hubo algún gesto, forma de hablar o detalle que tú propusieras para conectar ambas versiones del personaje?
Creo que no nos clavamos tanto en hacer evidente esa mimetización. Claro, el personaje tiene lentes y juega con ellos, así que en algún punto decidimos incorporar un gesto relacionado con eso. Ya después de unos meses, en este contexto, ponerse a emular la voz puede sentirse más extraño, pero sí hubo un trabajo vocal. Él tiene una forma muy particular de gesticular y de hablar, así que traté de acercarme a eso estudiando el material que nos compartieron.

La serie tiene un giro muy desbordante, más aún con Emilio, que atraviesa pérdidas muy fuertes desde muy joven, aunque nunca dejó de seguir adelante. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de este personaje?
Mira, creo que cuando uno lee por primera vez un melodrama, uno de estos dramones con conflictos familiares muy complejos y cuyas repercusiones afectan a varias personas años después, lo que más me sorprendió fue abordar las decisiones del personaje sin juzgarlo.
Entender esa supervivencia por la que atraviesa y ese coraje que tiene… No sé, me reflejo a mis 20 años yendo a visitar a mi papá a la cárcel. No me imagino a Carlos haciendo eso, aguantando vara y manteniéndose firme.
Creo que esa esencia de no dejarse abrumar por todos esos problemas, aun estando al borde de perder todavía más cosas, fue lo que más me impactó. Lo vemos perder un estatus, una seguridad, la certidumbre sobre el bienestar de su mamá, de él y de su papá. Incluso se pierde la vida de alguien.
Entonces, creo que lo que más me sorprendió fue el coraje con el que sostuvo todas esas situaciones.
¿Hubo alguna escena que te rompiera emocionalmente durante el rodaje?
Fíjate que hay dos escenas. Obviamente pienso en la escena en la que me entero de la pérdida de mi papá. Tenía muy claro lo que quería transmitir en ese momento y lo que queríamos construir con ese descubrimiento de la noticia. Pero creo que para entonces el personaje ya había atravesado tantos problemas que se había impuesto una especie de coraza. Ya había recibido varios golpes de la vida y, aunque no lo toma bien parado, sí lo encuentra con un poco más de fuerza, como alguien que ya cayó y logró levantarse un poco.
Sin embargo, creo que el inicio de todo este conflicto, el momento en el que va a buscar a Maca al bar y la ve con este otro hombre, es el que más me marcó. Lo que siente al presenciar esa escena, mezclado con la llamada de su mamá y la sensación de que el mundo se le está cayendo y se le está saliendo de las manos, creo que ahí sí lo agarra completamente desprevenido.
Es el inicio de todo lo que viene después. Antes de eso todavía no estaba en el ojo del huracán; más adelante ya está aferrado a lo que está sucediendo y tratando de enfrentarlo. Pero ese momento es el comienzo de todo ese huracán y, por eso, es una de las escenas que más me marcó. En el imaginario del personaje había tantas posibilidades de lo que podía pasar que diría que esa fue la más significativa.

De alguna forma, el vestuario ayuda mucho a comprender quién es Emilio––un joven adinerado que pese a las circunstancias nunca dejó su estilo preppy––¿crees que esta parte influyó mucho en tu percepción del personaje?
¡Claro! Mira, hablando contigo, Alberto, y entrando en este universo de la moda, de ver la prenda también como parte de la personalidad y como una forma de expresión, creo que el trabajo del equipo de vestuario está súper bien logrado.
Ya había trabajado con ellos en otra ocasión y me confirmaron que son increíbles en lo que hacen. Muchos proyectos recurren a la estética de los 2000 desde una mirada muy actual, cuando en realidad la moda cambiaba muchísimo año con año, al igual que las razones por las que la gente usaba ciertas prendas.
Por el universo, el ambiente y el medio en el que se mueve Emilio, era lógico que se vistiera así: con camisas, polos, siempre limpio, siempre arreglado. Es un estilo de vida donde disfrutan verse bien. De hecho, platiqué mucho sobre eso con el escritor y tomé parte de ese discurso que me compartió para entender por qué Emilio vestía de esa manera, ese gusto por arreglarse y por proyectar cierto estatus. Sí, un poco para los demás, pero también para él mismo. Si mezclas eso con su carácter y con la forma en que está construido el personaje, todo empieza a hacer sentido.
Creo que eso ayuda muchísimo al trabajo del actor. Si interpretas a un personaje de guerra y te dan una camisa agujereada y llena de sangre, utilizas esos estímulos para construirlo.
Sin ponerle etiquetas a Emilio, tener esa ropa, usar mocasines… todo eso habla de un hombre de negocios que se toma muy en serio quién es. Obviamente me apropié de ese vestuario y lo utilicé como un estímulo para adentrarme todavía más en el personaje.
Verme al espejo con el peinado, la doble polo con el doble cuello, la camisa fajada… todo eso cambiaba mi perspectiva sobre mí mismo. Incluso la postura cambiaba. Entonces sí, me agarré muchísimo de esos elementos para otorgarle esa energía a Emilio.
¿Algún recuerdo o anécdota favorita que tengas de la serie?
Hubo varios momentos. Se me vienen muchas cosas a la cabeza. Por ejemplo, las locaciones de la cárcel; me gustaron muchísimo porque crean un ambiente muy tenso y, para un actor, eso es súper divertido.
También me gusta mucho la escena en la que llegan los periodistas, rodean la casa, aparece la policía y empiezan a llevarse las cosas. Esa secuencia me parece muy poderosa.
Pero, hablando de una anécdota, no sé por qué tu pregunta me hizo pensar en algo muy específico: todos los trayectos al set. Me hice muy amigo de los drivers, del conductor que me llevaba. Guau, las cosas que platicas con esas personas… Les conté mis penas, mis miedos más secretos y ellos también compartieron muchas de las cosas que estaban viviendo.
Me llevo mucho eso. Constantemente me doy cuenta del privilegio que representa estar en un trabajo como este y de lo afortunados que somos. A veces uno podría pensar que pasan por ti, te dan de comer y organizan toda la logística porque eres alguien muy importante, pero la realidad es que eres un activo de la producción y tienen que asegurarse de que llegues a tiempo, de que estés bien, sano y listo para darlo todo.
Con esa filosofía me fui acercando a la gente del set, desde un lugar de agradecimiento y de reconocer el valor de todos los que participan en una producción así. Me siento muy afortunado de haber formado parte de este proyecto y de esta superproducción.
Claro que se me vienen mil historias con el director, con mis colegas y con todo el equipo, pero, si me preguntas qué recuerdo con más cariño, diría que esos trayectos de mi casa al set y del set a mi casa terminaron siendo la cereza del pastel. Me hicieron darme cuenta de que había personas profesionales, preparadas y amables, todas con la disposición de dar lo mejor de sí cada día.
Y no sé, creo que en un proyecto tan brillante como este, que a veces puede hacernos pensar cosas que no van, hacer amigos en los lugares más inesperados fue una de las mejores experiencias que me llevo.




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