Así fue Dolce & Gabbana Alta Sartoria: una oda al honor y la pasión siciliana
El amor que Domenico Dolce y Stefano Gabbana sienten por Sicilia es tan delirante como apasionado. Resulta fascinante cómo el dúo es capaz de montar un espectáculo de proporciones operísticas que, al mismo tiempo, se siente profundamente íntimo. Para su colección de Alta Sartoria, decidieron continuar rindiendo homenaje a sus raíces al presentarse en el histórico Teatro Antico de Taormina, construido por los griegos en el siglo III a. C.
Bajo el resplandor del atardecer, Theo James y la superestrella del Mundial, Erling Haaland —quien arribó rápidamente desde Estados Unidos con su mapache disecado— presenciaron la vehemencia artística de Dolce & Gabbana a través de una auténtica puesta en escena.



Inspirándose en Cavalleria Rusticana, de Giovanni Verga (y en la ópera homónima de Pietro Mascagni), así como en el código de honor siciliano, la narrativa del desfile se centró en el amor, la vida y la pérdida. Mientras los 102 looks se deslizaban entre las ruinas, atestiguaban cómo la ornamentación y la exageración también tienen cabida dentro de la masculinidad.




A diferencia de lo que nos tienen acostumbrados en sus colecciones prêt-à-porter, Dolce & Gabbana han cultivado un gusto por la sastrería ornamentada con brocados y motivos florales. Basta observar cómo su clientela disfruta de capas con referencias barrocas y religiosas, acentuadas con camisas de jacquard y pantalones de tiro alto que reinterpretan la imagen del noble del siglo XIX.



Asimismo, su derroche eclesiástico, con matices de príncipe siciliano, se extiende más allá de las solapas adornadas con medallones y relieves dorados que parecían haber sido creados por el mismísimo rey Midas. Destacó especialmente una sección de trajes fluidos con pantalones de caída amplia, revestidos con ornamentos religiosos en blazers cubiertos de volutas y, en particular, una pechera bordada combinada con una blusa en tono marfil.
Profundamente artesanal, el hombre de Dolce & Gabbana también juega con blazers cubiertos de encaje y abrigos decorados con los paisajes que rodean el monte Etna, evocando los huertos de cítricos, los exuberantes jardines y la transparencia de sus aguas. Una visión que remite a una “Sicilia auténtica y teatral, popular y aristocrática, terrenal y majestuosa” y que demuestra el potencial de la firma para santificar —hubo incluso una procesión— lo terrenal y convertirlo en algo magnífico.





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