¿Estamos entrando en la era de los Vaccarello Boys?
Hay algo en la manera en que los hombres se visten para salir en la Ciudad de México que remite, casi inevitablemente, al universo de Anthony Vaccarello para Saint Laurent. Camisas de satén, transparencias, hombreras pronunciadas, botas de punta afilada y corbatas introducidas directamente en la camiseta. Una silueta que durante años habitó las pasarelas y las campañas de la maison, y que hoy parece haberse instalado en las fiestas, los eventos y los guardarropas masculinos.

Esta influencia no apareció de la noche a la mañana. En los últimos años, la moda masculina ha atravesado distintas etapas de obsesión estética: desde la llegada de los Miu Miu Boys, que trasladaron el lenguaje de la marca italiana a una nueva idea de masculinidad, hasta el fenómeno más subterráneo de los Hedi Boys, herederos de la silueta estrecha, el rock y la actitud que Hedi Slimane convirtió en una firma reconocible. Cada uno construyó una identidad alrededor de una casa de moda y una manera particular de entender cómo debía vestirse un hombre.
Ahora parece que estamos frente a otro capítulo: el de los Vaccarello Boys.


Después de ocho años al frente de Saint Laurent, Anthony Vaccarello consolidó una imagen masculina que combina la sastrería afilada con una sensualidad nocturna. Su hombre es delgado, de hombros marcados, pantalones ajustados y una actitud que oscila entre lo elegante y lo provocador. No necesita un traje completo para parecer formal, ni deshacerse de los códigos clásicos para resultar sexy. Basta una camisa satinada, una corbata estrecha o una transparencia colocada en el lugar correcto.
En particular, el hombre gay parece haber encontrado en este lenguaje una fórmula para vestirse de noche. La corbata con camiseta, las camisas brillantes y las transparencias convierten elementos tradicionalmente asociados con la formalidad masculina en algo mucho más provocador. El traje deja de ser un uniforme de oficina para convertirse en una especie de armadura nocturna. Vaccarello entendió que vestir al hombre también podía consistir en acentuar su cuerpo, alargar su figura y hacer de la ropa una extensión de su atractivo.
Lo curioso es que esta estética parece cada vez más evidente justo cuando comienza a pensarse en el legado de Vaccarello en Saint Laurent. Su influencia ha trascendido las pasarelas para convertirse en un código de vestimenta que se reconoce incluso sin identificar una etiqueta. Basta mirar alrededor: amigos, conocidos, compañeros de trabajo y hombres que quizá no siguen de cerca las colecciones comparten referencias visuales similares. La tendencia deja de pertenecer exclusivamente a la industria y comienza a definir el paisaje cotidiano.

En México, particularmente en la escena nocturna de la Ciudad de México, esta repetición resulta difícil de ignorar. Las camisas de satén, las hombreras, las botas y las corbatas se han convertido en recursos recurrentes para construir un look que no es exactamente formal, pero tampoco casual. Es una especie de elegancia diseñada para la noche, donde la silueta importa tanto como la actitud. Y aunque la influencia de Saint Laurent es evidente, vale la pena preguntarse hasta qué punto estamos desarrollando un estilo propio y hasta qué punto estamos replicando una imagen que la industria nos enseñó a desear.
No se trata de una crítica a quienes adoptan estas referencias. Al contrario, la moda siempre ha funcionado a través de la apropiación, la reinterpretación y el deseo de pertenecer a una comunidad estética. Lo interesante es observar cómo una casa puede establecer los códigos de vestimenta de una generación, incluso entre personas que nunca han pisado una pasarela ni necesitan comprar una prenda original para reproducir su lenguaje.
Algo similar ocurrió con Miu Miu y con el universo de Hedi Slimane. Sus respectivas estéticas encontraron vida propia en las calles, en las redes sociales y en los guardarropas de quienes las convirtieron en una identidad. Quizá los Vaccarello Boys sean la siguiente manifestación de ese fenómeno: hombres que no necesariamente visten Saint Laurent de pies a cabeza, pero que comparten su idea de masculinidad, su proporción y su sensualidad.

La pregunta es qué viene después. ¿Cómo se verá el hombre formal en la Ciudad de México cuando esta silueta deje de dominar la noche? ¿Qué ocupará el lugar de las camisas satinadas y las corbatas estrechas? Ya vimos cómo una estética puede pasar de las pasarelas a los espacios más underground y, finalmente, convertirse en una referencia compartida. La moda siempre encuentra otra obsesión; lo difícil es reconocerla mientras todavía está ocurriendo.
Por ahora, el hombre Vaccarello sigue ahí: en la pista de baile, frente al espejo y en esa delgada línea donde la inspiración deja de ser individual para convertirse en uniforme. Quizá todavía sea pronto para hablar de una generación, pero basta mirar cómo se visten los hombres para preguntarnos si, después de los Miu Miu Boys y los Hedi Boys, estamos entrando en la era de los Vaccarello Boys.



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