Euphoria temporada 3, capítulo 8: Vuela alto Rue
Tras el fatídico intento de robar la caja fuerte de Alamo, Rue intenta sobrevivir otra día más.
Lamentablemente, ha llegado el ultimo capitulo de Euphoria y quizás el fin de un era.
Aunque Rue logra huir por el túnel que construyeron los secuaces de Laurie tras golpear a Wayne y Faye, rápidamente la capturan al más puro estilo cowboy, usando una soga.
Tras presenciar la muerte de Nate y vender sus almas al diablo, Cassie y Maddy, derrotadas, se lamentan del infierno que están viviendo, pero permanecen unidas a pesar de todo.
Alamo felicita a Rue por recuperar todas las credenciales e identificaciones de sus víctimas. Incluso la nombra “empleada del año” y le dice que se tome una semana de vacaciones en un sauna, tras regalarle unos fajos de dólares por su lealtad.
En la frontera de México, Big Daddy y Wallace recogen a Kitty y Cat del hospital tras someterse a varias cirugías plásticas y las llevan de vuelta a California, sin imaginar que la policía ya los tiene identificados y los sigue hasta el rancho de Laurie.
Faye y Wayne logran huir, pero el resto es arrestado, mientras Laurie decide ahorcarse tras lanzarse del techo. Inesperadamente, las ambulancias fueron intercambiadas en Tijuana, así que Bishop termina recuperando el pedido.
Rue se entera de que Fez huyó de la cárcel y decide ir a buscarlo. Sam Levinson nos regala un hermoso flashback de ellos juntos en la pradera, además de la primera escena de la serie, cuando Rue ve a Jules por primera vez.

Llega a su antigua calle y descubre que está rodeada por la policía. Decide entrar y logra llegar a su casa. Se escabulle por la ventana y ve a su madre leyendo la Biblia —el Salmo 115— e inevitablemente se abrazan. Sin embargo, este momento resulta ser una alucinación. Parece que Rue está jadeando en el suelo del apartamento de Ali tras tomar demasiado Percocet, extendiendo la mano mientras imagina a su madre abrazándola con cariño.
Ali despierta y se da cuenta de que Rue murió a causa de las pastillas de fentanilo que Alamo le obsequió. Entonces escribe su nombre en el cuaderno donde suele anotar a las personas que intentó ayudar con sus adicciones.
Han pasado varios meses, y Ali toma una copa al no saber cómo lidiar con el dolor. Cansado de perder a más gente, durante una reunión declara que quiere servir a las personas de una mejor manera.
Jules, exhausta de su vida, se refugia en sus pinturas, aunque prefiere seguir siendo la babysugar del cirujano que tanto la atormenta.
Cassie decide conservar la casa que Nate le dejó. Le explica a Lexi que planea convertirla en un hogar para chicas de OnlyFans y le confiesa que no extraña a Nate. Hablan de la Biblia que Rue dejó en su apartamento, y Lexi le recuerda que ciertas cosas no son su culpa, lo difícil que es seguir adelante y lo contagioso que puede ser sonreír. Tras despedirse, Cassie rompe en llanto mientras observa la fotografía de su boda con Nate.
Una de las pocas conversaciones que realmente logra mostrar su relación como hermanas.
De vuelta con Bishop, descubrimos que es dueño de un adorable poodle llamado Snowblake.
Vestido como militar, Ali llega al strip club dispuesto a cobrar venganza. Coloca un candado de bicicleta en la puerta, entra y recorre el Silver Slipper, listo para matar a Alamo. Se sienta en una mesa y espera.
En su habitación, Alamo bebe con Maddy y habla sobre la epifanía que tuvo cuando Kitty abrió las piernas frente a él. Ha dedicado toda su vida al sexo, pero allí estaba, “mirando fijamente la vagina de Kitty”, sintiendo algo completamente distinto: miedo.
“Puede que yo dirija el club, pero el sexo todavía me controla. Entonces, ¿qué demonios he estado haciendo todo este tiempo?”, dice Alamo. Maddy responde que dirige el club para sí mismo, para sentirse libre. “Solo soy otro esclavo con un poco más de dinero en la mano”, responde Alamo.
Abajo, Kitty intenta hablar con Ali, pero él solo quiere saber dónde está su manager. Ella se aleja y va a hablar con G, quien ahora ocupa el antiguo puesto de Big Eddy.
Mientras tanto, Alamo confiesa que sigue anhelando el sueño americano.
Ali le dice a G que es amigo de Rue, y este hace una señal que se escucha por todo el club. G explica que Rue ya no trabaja allí. Le pregunta si el lugar pertenece a Alamo Brown y luego saca su escopeta. Este termina confesando que Alamo es el dueño del Silver Slipper y le confiesa que Rue sufrió una sobredosis de fentanilo, aunque no sabe exactamente cómo ocurrió. Entonces Ali saca el frasco de pastillas. G intenta sacar su arma, pero Ali le dispara.
Alamo derriba a Ali tras disparar contra un espejo, toma a Maddy como rehén y luego saca una pistola mientras Ali está distraído. Le propone resolverlo “a la antigua”. Ali baja la escopeta, y ambos hombres se enfrentan cara a cara. Entonces Ali revela quién lo envió: “Rue”.
Maddy escucha el nombre, y Alamo comprende que tiene cuentas pendientes. Le pide a Kitty que le traiga una botella de champán casi vacía. Se termina el resto y le ofrece un poco a Ali, que se niega. Kitty hace rodar la botella y, cuando esta se rompe, Ali y Alamo desenfundan sus armas. “Muy bien, gatita, deja que ruede esa maldita botella”, dice Alamo.
Tras una breve cuenta regresiva, la botella avanza lentamente por la barra. Alamo hace trampa y saca el arma antes de tiempo. Pero está vacía. Fue Bishop quien retiró las balas.
“Nos vemos en el infierno, hijo de puta”, le dice Alamo a Bishop, mientras Ali le dispara dos veces con la escopeta y lo mata.
Claramente, a Bishop tampoco le gustó lo que Alamo le hizo a Rue. Cuando le entregó el arma, vio la oportunidad perfecta para cambiar el rumbo de la situación.
Bishop deja caer las balas que retiró del cargador. “Que Dios tenga misericordia”.

Bishop, Kitty y Maddy son libres, finalmente.
Ali llega al hogar de los menonitas en Texas y les confiesa que Rue se encuentra en un lugar mejor. Vemos cómo preparan la mesa, y la escena se desvanece para mostrar a Ali caminando por los terrenos en dirección a los establos.
Una niña le habla de una vaca. “Tuvo una cría hace apenas tres meses. Es un milagro”.
La familia le pide entonces a “Martin” que los guíe en la oración. Él acepta y reza por todos aquellos que están afligidos por el dolor. Ali susurra: “Gracias, Rue”. Todos miran la silla vacía donde ella solía sentarse. “Que su recuerdo sea una bendición”.
Hasta pronto Euphoria.




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