¿Realmente John Galliano merece ser el tema de la Met Gala?
La tensión que existe sobre si es realmente correcto que John Galliano sea el tema de la próxima exposición del Costume Institute ha generado un debate muy acalorado. Muchos opinan que se está cometiendo un grave error al venerar a un diseñador con un historial lleno de adicciones y escándalos.
Aunque la propia industria le dio la espalda en 2011 —esa misma que también abusó insaciablemente de él en nombre del dinero— tras sus comentarios antisemitas, en los que destacaba su “amor por Hitler”; su infame caída parece tomar un giro inesperado tras haber sido condenado durante tanto tiempo.
La indignación y la condena están presentes en las redes sociales, pero también el júbilo y el regocijo de miles que celebran que uno de los pocos genios que quedan en la moda sea finalmente reconocido en vida. Grandes figuras parecen apoyar la idea de honrar al diseñador, ya que suponen que un momento de su vida no tendría por qué mantener en las sombras un legado que aún continúa inspirando a jóvenes diseñadores que ven a Galliano como un dios.
Esta exposición promete no solo abordar su obra en distintas firmas de lujo —Givenchy, Dior, Maison Margiela—, sino también los dilemas éticos y morales que alteraron su carrera. Más que nada, se intentará reflexionar desde un punto de vista más sensible sobre el extraordinario trabajo de John Galliano, pero sin olvidar que varios señalan que esta decisión es hiriente, imprudente y desacertada, y que solo sirve para alimentar a quienes promueven el odio.
Pero no es así.
No creo que sea una mala idea analizar y cuestionar su trabajo, ya que ni siquiera lo van a glorificar, puesto que también se está hablando de los comportamientos erráticos que dañaron gravemente su reputación. Quizás el Galliano de ahora vea esta retrospectiva como un halago, pero el de hace veinte años la consideraría un premio a su ego.
Aunque tal vez lo que incomode es aceptar que una persona pudo haber hecho algo imperdonable y, aun así, haber creado algo extraordinario.
Sin embargo, lo que genera desconcierto es la superioridad moral y la hipocresía con la que todos se rigen ahora. Es increíble la actitud santurrona con la que aún se juzgan los errores del pasado, sin importar que la persona haya cambiado y tratado de enmendar sus faltas con escrutinio y rigidez.
Claro, no siempre podemos culpar a los efectos del alcohol, la ira, la tristeza o las drogas por nuestros errores, pero sí podemos arrepentirnos y cambiar nuestra soberbia. No se trata de un juicio sobre sus fallos personales, dado que John Galliano pagó un precio altísimo por ello: su vida y su carrera quedaron destrozadas. Es consciente de que muchos jamás lo perdonarán y que nunca olvidarán lo que hizo, aunque reconoció que tenía un problema y lo afrontó: rehabilitación, disculpas, lecciónes sobre antisemitismo y colaboración con organizaciones.
Juzgar una obra por la conducta moral de su creador implica una interpretación errónea del arte, pero también plantea una incógnita. A pesar de todo, es cansado que aún te marquen por tus errores, pese a tratar de demostrar todo lo contrario. No obstante, John Galliano quizás se beneficie de un reconocimiento que merecía desde hace mucho tiempo, pero antes de todo, el destino quiso enseñarle primero una lección de vida.



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