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La importancia de tener pelo

Durante mi adolescencia, no había muchas cosas de mi apariencia que me gustaran. No creo ser el único que pasa por una época en la que la nariz crece más rápido que la cara, y los brazos llegan casi a las rodillas. Aún así, parecía que en todas las clases, ya fuera para enseñarte mejor inglés o para crecer tu autoestima, siempre hacían la misma pregunta: ¿Qué es lo que más te gusta de ti?

Mi personalidad apenas se estaba desarrollando, por lo que decidí junto con mis amigos (como todo se decide en equipo en la prepa: con quién será tu primera vez, cuántos cigarros está bien fumar, qué es lo que te gusta comer) que lo que más me gustaba de mí era mi pelo.

Algunos pocos años después, mi pelo sigue siendo algo muy importante en mi vida. Es la piel que cambio cuando pasa algo importante en mi vida (como aquella vez que al cortar, me volví güero amarillo pollo, para el terror de mis anunciantes). Es mi sustento, gracias a unos comerciales de shampoo que grabé el año pasado. Es mi muletilla cuando no sé qué decir, porque me lo toco y lo peino, a pesar de que mi abuela dijera que tocarse el pelo era de mala educación. Y hoy, es una de mis mayores fuentes de estrés porque se me está cayendo.

Fui a Kaloni, la clínica que trajo el primer robot de injerto de pelo a México. Me hicieron una valoración y descubrieron que no se me está cayendo. Fui con “el colombiano” Bohanini, y me pusieron mesoterapia (inyecciones de vitaminas para incrementar la irrigación de nurtientes al cuero cabelludo, y así fortalecer los folículos), pero me lo hicieron con tantita burla, porque, una vez más, no se me está cayendo el pelo.

Entonces, ¿por qué me causa tanto terror cuando veo telarañas de mi propia materia formarse en mi regadera?

1.

El pelo en los hombres siempre ha sido sinónimo de poder, en muchas culturas desde tiempos bíblicos (las esculturas romanas de Zeus tienen el pelo largo, así como las descripciones de Sansón y el resto de los Nazarenos). Al contrario, las cabezas rapadas eran representativas de esclavos o sirvientes. Durante los siglos XI y XII, los reyes ingleses y franceses usaban el pelo largo, y muchos otros hombres los imitaban. Y así, los hombres continuaron demostrando poder y riqueza a través de su cabellera, hasta la Primera Guerra Mundial, cuando los soldados capturados y vencidos eran rapados, pero también los que ganaban, debido a epidemias de pulgas. La tradición militar entonces fue estar rapados, lo cual pronto se expandió al resto de los hombres, y durante todo el siglo, los hombres que continuaban usando el pelo largo eran principalmente poetas, artistas, rockeros y cantantes.

En otras culturas, los hombres siempre han usado el pelo como emblema de poder, o algún otro significado distinto a la preferencia en la apariencia: los Americanos nativos (los Cerokees alaban a los hombres que tienen “el pelo hasta el piso”), los afroamericanos para quienes las rastas y los afros son sinónimo de libertad post-esclavitud, los hombres del judaísmo, del Islam, los Sikh…

2.

Si no es por religión o simbolismo, ¿los hombres de la cultura moderna también tienen miedo a perder el pelo? Según mis entrevistas con Carla Alberde, directora de Bojanini en México, el pelo en los hombres significa virilidad, poder, seguridad… por eso, todos los días atienden clientes a los cuales prometen a través de tratamientos tópicos, medicinas, y hasta una cirugía de implantes, devolverles el pelo que han perdido con el tiempo.

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Mi miedo entonces – aunque según los expertos no está fundamentado – es muy común. Cerca del 85% de los hombres tendremos problemas con la calidad de nuestro pelo para cuando tengamos 50, y muchos lo empiezan a perder antes de los 21. La caída del pelo sucede cuando el cuerpo convierte la testosterona en dehidrotestosterona lo cual hace que no se irrigue suficiente sangre al cuero cabelludo de donde se nutren los folículos. O sea, la testosterona hace que el pelo no se nutra lo suficiente (por eso muchos hombres con barba o vello corporal – síntomas de testosterona en el cuerpo – no tienen pelo), y aún así, el pelo es considerado un símbolo de poder. Y los tratamientos ingeridos causan en muchos casos impotencia sexual como efecto secundario. Así que parece que estamos jodidos.

A menos, claro, que optemos por el injerto, o aún mejor, que no depositemos nuestro valor como hombres en un pedazo de proteína que sale de nuestra cabeza. Es normal perder alrededor de 100 folículos al día, así que me imagino que entre más largo lo tenga, más notaré en la almohada, en la regadera, y en los manteles blancos de los restaurantes rastros de mi ADN. Pero además, si solo el 20% de los hombres vamos a vivir nuestra vida completa con una cabeza llena de pelo – y a la genética y a la edad, y a crecer no se le puede hacer nada – quizás debamos hacernos a la idea de que el pelo se cae. Veo a muchos hombres a mi alrededor preocuparse por su caída, pero no por hacer ejercicio para marcar el abdomen, ni por cuidarse la cara para no tener arrugas. Está decidido: a partir de ahora promoveré la aceptación de la caída como un suceso natural, tanto en mí como en los demás.

Escribir es muy fácil. Lo difícil, como siempre, es hacer entender a los sentimientos lo que la cabeza ya sabe.

BOJANINI Hair and Skin Experts – Avenida Bosques de Reforma 1813, Piso 4., Lomas de Vista Hermosa, 05120, CDMX. Bojaniniexperts.com

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