La moda ya no quiere futbolistas, ¡ahora se enamoró de los tenistas!
“El tenis siempre ha sido el epítome de la moda”. Una declaración bastante certera con la fiebre que tienen las marcas de lujo por este deporte.
Últimamente, se ha forjado un vínculo estrecho con atletas, convirtiéndolos en iconos de estilo. Hace dos años, Gucci fichó a Jannik Sinner como embajador: no lo anunciaron de manera formal, sino que le dieron una bolsa deportiva que el jugador llevó a la cancha; violando el código de vestimenta del torneo.

Desde entonces, este pasatiempo de origen burgués se ha convertido en una oportunidad para diversificar el alcance de las marcas. Wimbledon es el spot perfecto para conectar con una audiencia global con audaces estrategias de marketing. Puede que Lorenzo Musetti no haya durado mucho en la competencia, sin embargo, quedó grabado un fashion moment: una chaqueta blanca de intrecciato diseñada por Bottega Veneta. Aquel look fue su debut como embajador de la casa italiana.
Jugadores como Serena Williams y Roger Federer gozan de un estatus que rivaliza con las estrellas de Hollywood. Asociarse con una maison, no solo catapulta su fama, sino que perpetúa su imagen. Además, ellos se han ganado cierta admiración y respeto: dos factores clave para elevar el prestigio y consolidar su relevancia social.

El entusiasmo que ronda en el tenis se debe a la popularidad que le concedió la obra cinematográfica de Luca Guadagnino, Challengers. El #Tenniscore logró un apogeo tan monumental en la Gen Z, que se convirtió en una mina de oro. De repente, todos usaban polos blancos y faldas de pliegues; se tomaban selfies en torneos y un aparente estilo de vida old money florecia: una democratización pincelada por un toque lúdico y juvenil.
Como nunca antes, es tiempo de practicar tu saque.



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