Pedro Assam: Entre el dibujo y el remedio
Muchos crecimos frente a la televisión viendo caricaturas: Nickelodeon, Cartoon Network, Disney Channel… mundos llenos de personajes que, aunque con toques de realidad, nos llevaban siempre a la fantasía. Lo que pocos imaginamos es la complejidad detrás de cada movimiento y el detalle que hace que todo cobre vida de forma natural.
El dibujo, a diferencia de la pintura, suele ser infravalorado. Lograr un trazo preciso y lleno de movimiento requiere disciplina y técnica. Pedro Assam domina este lenguaje: durante la pandemia estudió sus caricaturas favoritas y, con su formación en arquitectura, desarrolló un método que le permite replicar personajes y reinterpretarlos desde su propio imaginario, donde lo absurdo y lo solemne conviven en perfecta sintonía.
Su obra trasciende el papel: esculturas en piedra, tatuajes hand poke y collages muestran cómo cada línea, construida cuadro por cuadro o punto por punto, se convierte en un guiño, un remedio visual y un reflejo de su mundo creativo. Su trabajo ha sido presentado en espacios de la Ciudad de México como Jo-hs, Compas 88, en la exposición Jumex 2, así como en Radio Nopal.
En la entrevista a continuación, Pedro nos invita a explorar su proceso, sus referencias, el humor que guía su obra y las ideas que dan vida a sus dibujos, tatuajes y esculturas.

Tienes varios apodos. ¿Cómo prefieres que te digan? ¿De dónde vienen esos nombres?
Desde niño pensaba que los apodos definían a una persona. Siempre quise tener uno que me identificara. Cuando empecé a hacer arte y me preguntaban mi “nombre de artista”, jugué con inventarme varios: Cuba, Puma, Pato, Pablo Samo. Era un juego con identidades falsas. Por ejemplo, Cuba salió porque mi papá me regaló una caja de puros que decía “Cuba” por todos lados, y me encantó cómo sonaba. “Pato” llegó porque copiaba caricaturas y mis favoritos siempre fueron el Pato Lucas y el Pato Donald. Nunca hubo un solo nombre, más bien la idea de que podía tener muchas identidades.
¿Recuerdas cuándo empezaste a dibujar con más intensidad?
De niño copiaba dibujos medievales, caballeros y armaduras. Pero el momento clave fue cuando conocí al artista Amadeo Morelos. Fui a su estudio y me voló la cabeza: entendí que quería dedicarme al arte. Yo ya estudiaba arquitectura y dibujaba como hobbie, pero nunca con seriedad. Después de conocerlo empecé con collages, fotos, intervenciones. En la pandemia, encerrado en casa, empecé a guardar papeles de todo tipo para dibujar. Ahí fue cuando lo tomé en serio. Sentí que tenía las bases para explotarlo, y que el dibujo podía ser algo full-time.

Has dicho que te encantan las caricaturas. ¿Cuál te ha influenciado más?
Un corto de Disney donde Mickey, Goofy y Donald viajan en coche; y otro de Bugs Bunny cantando ópera. Me fascinaba ese humor absurdo donde nadie cuestiona nada: si Bugs Bunny tiene senos de metal o está desnudo, todo es posible. Esa libertad contrastaba con la rigidez de la arquitectura. Me obsesioné con los trazos de los Looney Tunes, especialmente el Pato Lucas. Como es negro, los animadores dejaban huecos en lugar de líneas, y eso me intrigaba mucho. Llegué a detener caricaturas en YouTube para estudiar cuadro por cuadro. De ahí me interesó el movimiento, las secuencias, el fondo fijo frente a lo animado. Esa lógica absurda me marcó.
¿Cómo es tu proceso al dibujar?
Veo muchísimas referencias, mi cabeza las absorbe y luego salen en el papel. Pienso los dibujos por capas, como en las caricaturas: fondo, personaje principal, objetos. Mi obsesión era lograr una línea perfecta, así que hacía bocetos, ponía papel encima, usaba pantallas de luz. Me tardaba muchísimo porque quería que todo quedara impecable. Hoy ya no me importa tanto la perfección, me interesa más la expresión y dejar que el trazo respire.

La música es parte de tu proceso. ¿Qué escuchas mientras trabajas?
Casi siempre escucho música de videojuegos como Minecraft o Zelda, porque no tienen letra y me concentran. Me hacen sentir que estoy en una misión. También escucho NTS, Ibero 90.9 o el album Exmilitary de Death Grips, que es lo opuesto y me gusta mucho. Desde chico la música me ha acompañado, desde ir a ver a Miguel Bosé con mi papá hasta perderme en la música electrónica de los raves. También me interesa cómo un efecto sonoro puede convertirse en dibujo: un delay, por ejemplo, es como una línea que se repite una y otra vez.
Algunos de tus dibujos terminan en la piel, como tatuajes. Los llamas “dibujos de farmacia”. ¿Por qué?
El término nació como una broma: la farmacia es fea, pero necesaria. Mis dibujos también: pueden ser grotescos, pero son esenciales para mí, como una medicina. Tatuar llegó en pandemia. Compré todo para hacer hand poke y me encantó porque era lo opuesto al dibujo fluido: aquí construyes la línea punto por punto. Pensar que un trazo efímero en papel puede convertirse en algo permanente en la piel me pareció brutal. El tatuaje es personalísimo, alguien lo lleva todos los días. Me gusta esa idea de los dibujos como pequeñas píldoras, remedios visuales que acompañan a alguien.

Estudiaste arquitectura. ¿Qué queda de esa etapa en tu obra?
Todo. Aunque odiaba la carrera, me dio estructura, proporciones, herramientas. Aprendí a usar programas como Photoshop o AutoCAD, que sigo aplicando al dibujo. Tengo una relación de amor-odio con la arquitectura, pero fue y sigue siendo fundamental para mi proceso artístico.
En tu obra una piedra puede convertirse en cámara, teléfono o tele. ¿Por qué trabajar con piedra?
La piedra me interesa por su historia y versatilidad. Crecí cerca del Pedregal y siempre estuve rodeado de piedra volcánica. También me atrae el juego Duchampiano del ready-made: un objeto inútil transformado en arte. Y sí, hay un guiño personal: “Pedro” es piedra. Mis primeras esculturas fueron huesos y cuerpos tallados en bloques de recinto que encontré en casa de mis papás. De ahí pasé a colaboraciones y a explorar lo arquitectónico. La piedra está en todas partes: en el Templo Mayor, en caricaturas, en Indiana Jones o Los Simpsons. Es un material eterno, pero siempre abierto a nuevos significados.

Tu trabajo mezcla lo efímero, lo absurdo, lo tierno y lo incómodo. ¿Qué papel juega el humor ahí?
Para mí el humor es una señal de inteligencia. Soy muy bromista y me gusta reírme de mí mismo. Mis dibujos buscan provocar risa incluso en temas tristes o incómodos. Creo que la ironía permite hablar de cosas serias sin solemnidad, como en las caricaturas. La vida está llena de contradicciones y humor; mis dibujos también.
Has dicho que quieres reflejar lo que eres sin ser tan explícito. ¿Cómo lo logras?
Me gustan las contradicciones: hacer dibujos serios de temas tontos y dibujos tontos de temas serios. Somos cambiantes, y lo que hoy quiero expresar mañana tendrá otro sentido. El dibujo es mi manera de darle identidad a lo que pienso, aunque cambie con el tiempo.
3 Comments
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q planers
Grande Pedri Assam!!!
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Anna
Que increíble Pedro! Felicidades



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Pedro Assam so Cute 😍 Very TALENTED 👏🏽👏🏽👏🏽