Quitarse la playera en público… ¿liberación o acto vulgar?

Quitarse la playera en público… ¿liberación o acto vulgar?

No sé cuántas veces uno puede seguir quejándose del calor. No puedes salir sin empaparte de sudor a las afueras de tu casa. Lo más sensato parece quitarse la playera y seguir tu camino. Digo, viviendo en una ciudad donde es inevitable sofocarte con temperaturas arriba de 30 grados, este acto podría ser incómodo para algunos, aunque lógico para otros. 

Aparentemente, el sol es nuestro enemigo. El efecto topless se ha apoderado de la masculinidad. De repente, lo vemos en parques, cafés y hasta en los supermercados: un exhibicionismo carnal a plena luz del día. 

Esta tendencia se ha recibido con mucho entusiasmo en la Gen Z, pero en la vida cotidiana, la mayoría de los hombres no la ven  como un hábito listo para ser aceptado. Es un tema con opiniones muy diversas: muchos dirán que es incomodo rozarse con un hombre sudoroso y sin playera en el transporte público o en un antro; otros señalarán que quien lo haga es un completo narcisista sin pizca de decencia; y algunos asegurarán que la envidia es la verdadera razón por la que no se ve como algo más que una forma de aliviar molestias corporales.

Además de que el consumo de desodorante se dispara en verano, el andar semidesnudo se tolera en sitios como gimnasios, partidos de tenis o festivales de música. 

Ciertamente, es un poco difícil quitarse la playera en la ciudad. Esa idea de tomar el sol en el césped a plena tarde implica factores como la percepción que tenemos de la realidad y que tan seguro estamos con nuestro cuerpo. Genera ansiedad sentir las miradas y los comentarios de todos, cuya hipocresía todavía desprecia la imperfección de no poseer abs griegos.  

Puede que en sitios como la Riviera Maya (lugar donde vive este sujeto) sea más común ver esta práctica sin recibir una queja en la heladería. Pero en metrópolis como Ciudad de México, quitarse la playera podría considerarse como un impulso vulgar.  

Este gesto también es una clara evidencia del falso positivismo corporal que difícilmente quiere olvidar los estereotipos. A fin de cuentas, es desafiante  evitar llamar la atención y no desmayarse en el intento. Tal vez la noción de quitarse la playera no debería ser tan egoísta y selectiva. La indiferencia debería no existir a nuestro alrededor, ni disfrazar una aceptación con doble intención. ¿Es posible que la desnudez del torso sea democratizada con vigor y precisión? 

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