¿Rosalía está reviviendo el catolicismo?
“¿Está de moda la religión católica?” fue el cuestionamiento reflexivo del crítico social Carlos de Burgos sobre el lanzamiento del santificado álbum Lux de Rosalía que pone en su mirada la belleza del catolicismo. Esta obra promete ser más que un hit en los charts: se describe como “una obra inmersiva que explora la transformación y la espiritualidad, dibujando un arco emocional de mística femenina y trascendencia”.
Esa reivindicación divina se hace más evidente desde su portada: aparece con una especie de hábito elástico blanco, similar al de las cistercienses, con los brazos ocultos bajo la tela. La catalana ha sido acusada de profanar y sexualizar la iconografía católica al usarla como un objeto de marketing. Pero su pensamiento existencialista ha defendido esa imagen desde sus inicios en la música.
En una entrevista al podcast Ràdio Noia, habló sobre el impacto de la religión en su vida: “Como artista, hay una conexión entre el vacío y la divinidad. Si tú haces espacio, quizá alguien que está por encima de ti puede llegar y pasar a través de ti. Yo tengo un deseo que sé que este mundo no lo puede satisfacer”. Incluso, la revelación de su álbum fue comparada con la rapidez evangélica de quienes cargan santos en las procesiones al ritmo de Berghain.
A pesar de que los crucifijos y las vírgenes han permanecido en una cultura cada vez más alejada de la religión, el reciente gusto por los hábitos de monja también se aliena con la ola conservadora que respalda la ideología de políticos de ultraderecha como Donald Trump y estrellas musicales que proclaman paz y regocijo al entregar sus vidas a Dios. Esta reapropiación podría simbolizar una luz ante las plegarias de quienes anhelan un ¿mundo mejor? … o ¿un feed más aesthetic?
El impacto del catolicismo es eterno, como la promesa de una tierra prometida libre de maldad. La cultura pop––que en algún momento se rebeló contra su doctrina conservadora (¡Hola Madonna!)––parece haberse refugiado nuevamente en una institución que les da esperanza y … un poco de drama. Con el film Cónclave, el interés por conocer el secretismo detrás de la elección del Papa ha llevado a la Gen Z a acudir a misas dominicales o incluso vivir la experiencia de una confesión.
Hollywood se ha encargado de que un convento sea más que un lugar sagrado bendecido por agua bendita y vino. El fenómeno de los hot priests ha alborotado internet con un estereotipo que profana la figura de un hombre de Dios. Aunque la lujuria carnal está vetada para los sacerdotes, la ficción ha hecho de lo prohibido algo irresistible. Roma, la santa sede, también se ha encargado de que sus miembros sean una fantasía erótica para turistas: el fotógrafo veneciano Pierro Pazzi publica anualmente el Calendario Romano, con los clérigos más atractivos del Vaticano (bueno, modelos). Sus doce primeros planos retratan a hombres melancólicos que penetran el alma.



Un estudio reciente de la Universidad de Harvard reportó un aumento del 6% entre 2022 y 2023 en personas que se identifican como católicas. La misticidad de los santos se ha vuelto tendencia estética: no necesariamente devoción, sino una narrativa que complementa la identidad del catolicismo.
En Tik Tok, la fiebre por los cánticos de abadías y vitrales de escenas bíblicas, ha inculcado que la espiritualidad es más fashionista. Jóvenes convertidos celebran su fe con un estilo puritano, libre del “paganismo woke” que atenta los valores del buen gusto, o mejor dicho, del Catholicore. Incluso, la temática del Met Gala 2018 se centró en la imaginación católica, reconociendo la influencia divina en la moda como un tesoro celestial. Y hasta ahora, se sigue aspirando a usar una coronilla de oro o un traje bordado con santos.
Es inevitable no sentirse atraído por la suntuosidad de sus rituales, fascinantes por cargar con un simbolismo lleno de esperanza y salvación. Además, la religión es parte de la identidad del mexicano: desde su nacimiento con el bautismo, hasta realizar la primera comunión en la infancia. Para muchos, el catolicismo es una tradición arraigada que se ve como una costumbre, que genuinamente se acepta como parte de sus vidas. Todavía se preserva un deseo por creer.
Seguir sus normas suele ignorarse hasta el matrimonio: un acto casi obligatorio en la sociedad disque católica que otorga o una “felicidad eterna”. No hay serie o novela que no culmine con una boda en alguna parroquia ni un personaje que sea un fanático religioso juzgando a todos por sus acciones sodomitas que atentan la voluntad divina. Ese cliché narrativo ha pasado de la pantalla a la vida real.

El renacimiento papal no es considerado como una frivolidad pasajera que ostente un capricho juvenil, para la comunidad eclesiástica representa un avance positivo. En un artículo para The New York Post, el cardenal Timothy Dolan afirma que la Iglesia ha mostrado “un compromiso con los jóvenes adultos al satisfacer las necesidades espirituales que anhelan: fe, amistad y la oportunidad de ayudar a los demás”.
Mientras la sociedad se desvanece en la violencia y el caos de las guerras, muchos desean que alguien pueda salvarlos de la oscuridad. Las reformas que ha tenido el catolicismo ha incitado a que su código moral sea una respuesta más firme y objetiva, proporcionando una dirección que alabe la verdad eterna e inquebrantable. La religión ha conseguido encajar en una cultura que le resulta interesante por lo milenario que ha trascendido en mitos y leyendas que avivan su imagen, dejando a un lado su rigidez por la novedad punk.
“Hay algo tan bello y trascendente en los rituales y la historia antigua de la misa católica… La Iglesia realmente transmite un grado de reverencia que no encontré en el enfoque más liberal y permisivo de las iglesias no denominacionales”, expresaba con fervor Sydney Johnston en un reportaje para Word On Fire. En un mundo cada vez más neoliberal, la religión consuela.
En México, el censo más reciente del INEGI (2020) reportó que el 77.7% de la población se identifica como católica. La cifra luce positiva, aunque el predominio religioso continúa disminuyendo. Es irónico que las estadísticas sean incongruentes con el poder de Rosalía en la juventud: para muchos fans, la iglesia es algo trascendente … y ella una figura mística que los acerca al cielo.
¿La belleza también puede simbolizar la fe?
Mientras la espiritualidad y la pureza de Lux reviven el interés por los salmos y proverbios, la devoción y el performance se distorsionan en una realidad fanática de una estética en donde la apariencia domina. La fe se materializa, lo sagrado bendice el algoritmo y el espectáculo atrae a las masas. El catolicismo resurge como un mensaje que promete darle sentido al mundo, siendo un lenguaje accesible y portátil: una ilusión que reconforte … y un refugio para las ovejas descarriadas.




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