Cómo Sara Byblow trajo de vuelta el estilo grunge en ‘Elle’
Hace 25 años fuimos testigos de uno de los juicios más polémicos de la cultura pop. Así es, el caso de Brooke Taylor Windham, que fue defendida por la inigualable Elle Woods, una de las abogadas más importantes de Estados Unidos. Quizás este universo sea ficción, pero al ver Legalmente Rubia se aprende una que otra lección de derecho.
Mucho antes de pisar un tribunal y convertirse en la vegetariana Géminis más famosa graduada de la Facultad de Derecho de Harvard, Elle era una chica popular adolescente de Bel Air (interpretada ahora por Lexi Minetree) que jamás imaginó vivir en la lluviosa Seattle de los años 90. La precuela del filme––la obra más ambiciosa de Reese Witherspoon–– nos lleva directo a una etapa de su vida llena de caos y diversión.
Siendo un pez en aguas turbulentas, mudarse a una ciudad donde nació el estilo grunge coincide también con el momento que los jóvenes usaban ropa áspera y desaliñada. “Todos tienen una nube gris encima”, le confiesa Madison (Jessica Belkin), su mejor amiga, en su visita a Seattle.


Cuando llega a su nueva secundaria, Rainier West, vestida como una Barbie de Malibú, descubre en los pasillos que sus compañeros––y futuros amigos–– portan únicamente camisas de franela, jeans rotos y robustas botas Doc Martens. “Me siento muy rubia”, le dice Elle a su madre al quedar abrumada con chicos que aparentemente no se lavaban el cabello y que escuchaban a todo volumen Sonic Youth y Pearl Jam.
“Los noventa en Seattle eran prácticamente la definición del grunge. Fue una época increíble”, declaró Sara Byblow, costume designer de la serie, en una videollamada por Zoom. “Nos sentimos muy afortunados porque, para mí, 1995 —la mitad de la década de los noventa— representa una de las mejores etapas para la moda”… hasta que Helmut Lang y Prada adoptaron el minimalismo como su nuevo uniforme.

La misión de traer de vuelta la angustiosa jerga estética del grunge fue todo un reto muy atractivo para Sara. “Buscábamos identificar qué era lo verdaderamente nostálgico de aquella época y trasladar esa sensación a la ropa que llevan los personajes”, remarcó.”No pensamos: ‘vamos a recrear a la Elle Woods que todos recuerdan’. Más bien partimos de la idea de que teníamos un personaje nuevo y fresco, cuyo destino ya conocíamos. Entonces nos dedicamos a llenar esos espacios intermedios con algo que se sintiera al mismo tiempo nostálgico y novedoso”.
“¿Cómo una palabra de cinco letras que significa suciedad, inmundicia, basura se convirtió en sinónimo de un género musical, una declaración de moda, un fenómeno pop?”, se cuestionaba en aquel entonces Rick Marin, periodista de The New York Times, sobre una contracultura y una filosofía que usaba descaradamente abrigos de cuero sintético y sweaters de lana mugrosos.
Este contraste es sumamente interesante debido a que el grunge era un estilo de vida que se infiltró mucho más allá de los guardarropas de los adolescentes. A medida que se acerca el fin de siglo, muchos se rebelaron contra el glamour burgués que representaba Elle Woods. Y es ahí, donde la agresividad “honesta” chocan con la opulencia de California.
Sin embargo, Elle no se sintió intimidada, ya que no era una chica obsesiva por el glamour de la alta costura parisina ni con hacer menos a nadie por su estilo o posición económica. “Nunca usaría algo únicamente porque lleva una firma de lujo. Si encuentra una prenda que le encanta, simplemente la usa. No necesita que esté ligada a una marca en particular”, señala Byblow. “Es una persona muy ecléctica”.


Al ver la serie, notamos que su gusto por Madonna, Kate Moss y Guess es propio de una Elle adolescente. “Tuvo que atravesar ciertas experiencias para convertirse en esa mujer. Así que, más que intentar copiar a la Elle que todos conocen, traté de investigar qué cosas la habrían inspirado en 1995. ¿Qué música escuchaba? ¿Qué estaba ocurriendo en la cultura pop que habría influido en su estilo?”.
“Para mí era muy importante que toda la música y las referencias culturales fueran fieles a la época, que reflejaran lo que escuchaba la gente y la forma en que realmente se vestía”, explicaba Byblow, mientras revelaba que incluso consiguió anuarios escolares de Seattle de 1995 para ver qué ropa usaban de verdad los estudiantes como Dustin (Zac Looke) y Liz (Gabrielle Policano). Y excepciones como Miles (Jacob Moskovitz), el galán que intenta conquistar a Elle y que personifica visualmente al adolescente ideal que Calvin Klein usaría para sus campañas de ropa interior.

Además, la serie visualiza a una juventud indignada con el consumismo y con quienes los gobernaban (en este caso, el director Anderson). Superficies quemadas y costuras rotas plasmaban visualmente esa furia. La moda underground incentivó a Woods a encajar con el resto, pero no imaginó que el rechazo que le tenían fuera tan grave. En un intento por ser “cool”, usó una T-shirt de Nirvana —adornándola con brillitos— junto con pantalones rosa metálico. Al verla, la reacción fue adversa: “Seattle no es una disfraz y el rosa no es una personalidad”, expresaba con desagrado Kimberly (Chandler Kinney), la mayor hater de Elle.
Tal repudio es singular, incluso lo podemos alinear cuando Marc Jacobs fue despedido de Perry Ellis tras cambiar drásticamente la esencia old money de la firma por versiones lujosas de prendas de segunda mano en su colección Spring 1993: vestidos de gasa, botas militares y piercings en la nariz. De hecho, fue de los primeros momentos en que la industria se apropió de la moda urbana. Jacobs lo describió como “una versión romántica hippie del punk”. Incluso, Women’s Wear Daily lo apodó “el gurú del grunge”.


Claro, aquellos jóvenes rechazarían que los snobs millonarios se apropiaran de su estética bohemia-vagabunda, ya que aquello ofendía gravemente sus valores sobre la condición humana y la introspección. “No nos gusta usar el mismo color [rosa]. No nos gusta aplaudir. No cantamos. Es lavado de cerebro”, le remarca Kimberly a Elle, quien intentaba organizar un evento deportivo que también formaba parte de una grabación para una pasantía en Los Ángeles. El propio Kurt Cobain y Courtney Love rechazaban esta apropiación. En una entrevista para WWD en 2010, la cantante declaró que Marc les había enviado su colección, pero nunca la usaron. “¿Sabes lo que hicimos con ella? La quemamos. Éramos punks, no nos gustaba ese tipo de cosas”.
En todo caso, Elle quizá habrá leído aquel suceso en Cosmopolitan o lo habrá visto en algún programa de MTV, e ignorarlo, puesto que su estilo de vida desenfadado era mucho más “rosa”, hasta ser obligada a tararear a Elliott Smith en su Walkman. Aunque, claro, ni su estilo ni su personalidad se vieron afectados. Ni la lluvia pudo cambiar su forma de vestir.
Con el tiempo, el grunge se desvaneció, pero se ha convertido en una fuente de inspiración para muchos diseñadores cansados de la perfección, influenciados también por el pesimismo que transmiten las redes sociales. “Buscábamos identificar qué era lo verdaderamente nostálgico de aquella época y trasladar esa sensación a la ropa que llevan los personajes”, reflexiona Byblow ante una generación que seguramente se identificará mucho con Elle. “Hoy recordamos los noventa desde una mirada contemporánea. A los jóvenes de ahora les encanta vestir inspirados en esa década, pero lo hacen desde su propia interpretación, y eso es encantador”.
Elle se encuentra disponible en Prime Video.

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