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Sobre la cruda moral

Sobre la cruda moral

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Aún recuerdo mi primera experiencia con la cruda moral. Eran los gloriosos años de preparatoria, el último semestre, para ser exactos. Habíamos organizado una bienvenida para unos alumnos de intercambio y para variar, las chelas hicieron de las suyas. 

Cerca de las 3 am, me encontré marcando por teléfono a la que, en mi pobre imaginación, era el “amor de mi vida”, y confesándole con la lengua a rastras todo lo que llevaba sintiendo por ella desde hace tiempo. A la mañana siguiente lo primero que hice fue revisar mi registro de llamadas para confirmar la estupidez que había cometido gracias a unos cuantos (muchos) tragos.

Esa madrugada arruiné una amistad de años, incomodado a una de las personas más importantes para mí y claro, perdí cualquier esperanza de oportunidad de llegar a algo más con ella.

Pocas veces en mi vida me he arrepentido tanto de haber hecho algo, y es que si algo he aprendido a lo largo de mi relación con el alcohol es que no hay cruda que no se cure, al menos que se trate de la moral.

Dicen que lo platiques con los amigos, que pidas disculpas a las victimas de tu alcoholismo, que tomes agua y un poquito de “valemadrismo”. Pero al final del día, llegas a tu casa y es inevitable no sentirte mal contigo misma o mismo, pero pedirle al tiempo que te perdone y que se regrese tantito, nunca ha funcionado.

Fotografía: Jesús Montealegre.

Pero hacerla de mala copa, darte un agarrón con una persona que no debías, hacer destrozos en casa ajena, llamar o escribirle a el o la ex, contar algo que prometiste no contar, etcétera, son experiencias por las que seguramente tú también has pasado. Y a menos que decidas dejar el alcohol, es probable que sigan sucediendo de vez en cuando. 

¿Mi consejo? No hay, también la paso mal cada que se meten esas crudas morales en los zapatos y hay algunas con las que llevo años. Pero lo que sí he aprendido es que responsabilizarte de tus actos ayuda un poco con la culpa, y tomarte la vida muy enserio al siguiente día de una fiesta puede provocar mucho malestar emocional.

Personalmente, no he podido descifrar del todo a la cruda moral. Pero si buscas un poco de calma, piensa que al final del día cualquiera se puede pasar de tragos y sacar a convivir a todos sus demonios. Y sí, seguro hiciste el oso, seguro hiciste sentir incomodos a alguno o varios personajes de la fiesta, quizás no te vuelvan a invitar a esa casa, o esa chava o chavo que te gustaba te bloqueé de todos lados. Pero si hay algo consolador aquí, es que no eres la única persona que ha pasado por ello.

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