Tommy Hilfiger Spring 2027: el preppy se vuelve rebelde
Reinterpretar el ayer se ha vuelto una idea tan predecible y fastidiosa en la situación global que vivimos. Claro, las razones mayormente se inclinan por refugiarse en los buenos tiempos, y ¿cómo no? Sin embargo, Tommy Hilfiger subvierte tal dilema con una reinvención extrema de sus propios códigos estéticos: vuelve al archivo, pero no exactamente al pasado.
El regreso triunfal del diseñador norteamericano a la Semana de la Moda fue sumamente íntimo, ya que se presentó en el Hotel Plaza de Nueva York. Aquel emblemático lugar fue la residencia de Hilfiger durante 10 años, donde ocupaba un ático dúplex con vistas a Central Park. Sus recuerdos lo motivaron a convertir un momento de su vida en una experiencia en pleno lobby.
Así pues, el desfile fue un manifiesto cargado de nostalgia y retrospectiva, aunque de la forma típica —y obvia— que podríamos esperar del rey del preppy norteamericano. Fue gratificante ver que Tommy Hilfiger se alejara de la paleta roja, blanca y azul por una versión más extravagante y callejera de la estética que lo hizo famoso en los años 80 y 90.




El gran interés por sus colecciones del pasado hizo que apostara por revivir esos días de gloria para una generación como la de Romeo Beckham y Gigi Hadid —estrellas que modelaron sus creaciones—, que amará sus polos de rugby oversize con franjas y cuellos levantados, así como sus chaquetas náuticas con elegantes parches de gamuza. “Hemos decidido sacar nuestras piezas de herencia del archivo y hemos decidido darles un nuevo comienzo, una nueva vida”, declaró previamente.
Su versión del preppy es más relajada, descarada, pero profundamente clásica. Así como Kate Moss modeló su línea deportiva en la época del grunge y el hip-hop, un espíritu de subversión urbana hizo que los pantalones cortos se volvieran más holgados y con el flow suficiente para que fueran rematados elegantemente con camisas de manga corta de seda, corbatas y sombreros de pescador.
Además, sus famosos patchworks noventeros de tartán elevaron el aire tradicional de sus bermudas, chaquetas universitarias y vestidos con cremallera. La deliberada uniformidad no solo retomó sus señas de identidad estadounidenses, sino que generó una tensión interesante entre lo británico, lo americano y lo college.




Si bien Hilfiger enalteció su nombre con aquel vestido largo de tirantes blanco y sedoso, que era una reproducción de una valla publicitaria de Times Square que lanzó a mediados de los años 80, en la que se proclamaba como parte de los cuatro “mejores diseñadores de moda masculina estadounidenses” de la época: Ralph Lauren, Perry Ellis, Calvin Klein y, por supuesto, él.
Ese detalle punk —tan fabulosamente cínico—, en definitiva, hizo que la efervescencia de Tommy Hilfiger por los 90 fuera más poderosa que nunca.



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