Valentino Garavini fallece a los 93 años
El último emperador de la moda, Valentino Garavani, falleció a los 93 años. Conocido por su glamour burgués —capaz de fascinar por igual a Jackie Kennedy, Sophia Loren y Elizabeth Taylor—, el diseñador romano alcanzó la fama mundial gracias a una visión de la feminidad marcada por el romanticismo y una belleza casi arquitectónica.
“Sé lo que quieren las mujeres: quieren ser bellas”. Con esta convicción, Valentino logró consolidarse como un símbolo del lujo moderno. Su nombre quedará para siempre asociado al color rojo: un tono que habla de pasión, religión, lujuria y amor.
Valentino Clemente Ludovico Garavani nació en Voghera, Italia, el 11 de mayo de 1932. Desde muy joven decidió dedicarse al diseño y se matriculó en la Accademia dell’Arte de Milán, donde estudió moda y francés. Impulsado por la ambición, a los 17 años se mudó a París para asistir a la École des Beaux-Arts y a la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne.




Con el apoyo de su padre y de un amigo cercano a la familia, Garavani emprendió su propio camino y fundó su maison alrededor de 1959, en la Via Condotti de Roma. “Era una auténtica maison de couture”, recordó Giancarlo Giammetti —quien conoció a Garavani poco después— en una entrevista con Vanity Fair.
Apodado “el jeque de la elegancia” por John Fairchild, exeditor de Women’s Wear Daily, Valentino definió la imagen de la realeza del siglo XX. “En Italia está el Papa y está Valentino”, dijo Walter Veltroni, entonces alcalde de Roma.
Nunca le interesó seguir la vanguardia: él mismo la definía. Bajo su visión, Valentino se convirtió también en la primera marca de diseñador en cotizar en la Bolsa de Milán, consolidando su poder.
Tras su jubilación en 2008, Valentino nunca desapareció del todo de la vida pública. Durante varias temporadas fue habitual verlo en primera fila del Hôtel de Rothschild en París, observando con atención las colecciones de Pierpaolo Piccioli.
Su imagen quedó grabada en la memoria colectiva: un peinado inamovible, bronceado intenso y trajes impecables que perpetuaron su estatus como referente absoluto del buen gusto, la elegancia y el decoro.



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