¿Crecer sin un padre? por Mauro Sánchez Navarro
Cuando era niño, no comprendía las razones por las cuáles me tocaba vivir eso, y a pesar de no estar solo, sentía que algo me faltaba y efectivamente, así era.
Mi padre falleció cuando yo tenía dos años, tener un recuerdo verdadero de él es muy complicado, pero empecé a crear memorias a través de fotos que me mostraban o anécdotas que me contaban. Tal vez realmente los viví, o a lo mejor fue mi imaginación, nunca lo sabré. Todos aquellos que crecieron sin una mamá o un papá, podrán entenderme.
Tengo que confesar que no fue fácil. Empecemos por lo peor: las clásicas celebraciones del Día del Padre; gracias a esto, caí en cuenta de la ineptitud y falta de empatía que tienen las escuelas para tratar la situación de niños huérfanos. En mi caso, hacíamos manualidades o cartas que nunca serían entregadas, pero me es muy difícil imaginar lo que hubiera sido tener que ensayar durante un mes o dos, un baile para una persona que nunca podría ir a verme y no precisamente por trabajo o llegar tarde, sino por estar ausente en el mundo.

Hay un día del padre que nunca olvidaré, teníamos que escribir una carta, decorarla y hacerle dibujos. Cuando mi hermano y yo le entragamos las cartas a mamá, nos compró un globo de helio y nos dijo que era para que llegaran al cielo. Me imagino que están pensando: “ay qué lindo momento”, pero resulta que la carta pesaba más que el globo, así que fue directo al piso. Ahora lo recuerdo con humor, pero en el momento no lo pude ver
así.
Mi intención no es hacerlos sentir mal por lo que están leyendo, así que les contaré de mis verdaderas heroínas y modelos a seguir: mi mamá y mi abuela. Estas dos grandes mujeres que dieron todo por su familia y que son por las que realmente escribo esto. Ambas se convirtieron en padre y madre a la vez.
Dos mujeres y tres niños mal portados… imagino que no fue una tarea fácil para ellas, sobretodo para mi mamá, que dejó a un lado su vida personal para sacarnos adelante a mis dos hermanos y a mí, y por si fuera poco, era a la que le tocaba regañarnos y castigarnos; su mayor desventaja: mi abuelita, el mejor escudo protector que aún tenemos y quien siempre apoyó a mi mamá en todo momento.

No es por nada pero me tocó la mejor abuela, tiene 97 años y para que se den una idea de lo increíble que es, les voy a compartir la frase que menciona para todo desde que tengo memoria: “Me vale, me vale, me vale y me valió y punto final”. Esa era la solución para todo, si mi mamá nos regañaba, mi abuela sólo nos decía que no le hiciéramos caso y nos repitiéramos esa frase, que lo demás no importaba. Ahora que lo pienso, no sé que tan buena idea fue que nos enseñara ese lema de vida a tan corta edad porque éramos niños muy traviesos, pero siendo sinceros, todos tenemos un lado malcriado ¿no?.
Mi abuela fue muy estricta y exigente educando a mi mamá, pero tengo la teoría de que algo en los adultos cambia cuando se convierten en abuelos, porque irónicamente, la mayoría de ellos se vuelven permisivos de muchas cosas por las que regañaron a sus hijos; mi abuela no fue la excepción, siempre nos daba dinero a escondidas a pesar de que sabía que a mi mamá no le gustaba que lo hiciera, porque realmente no teníamos en qué gastarlo, así que comprábamos dulces y cochinadas para comer.
Pero no se dejen engañar por mis palabras, esa dulce señora también podía ser una cabrona. Recuerdo – y la verdad nunca le he preguntado por qué lo hacía – que cuando mi hermano y yo nos peleábamos sin poder separarnos, mi abuela se desesperaba y comenzaba a hacerse la “muerta”, así como lo leen: cerraba los ojos, controlaba su respiración y se quedaba inmóvil. Siempre que hacía esto, surtía efecto en nosotros, y ¿cómo no? siendo niños, por supuesto que lo primero que nos cruzaba por la mente era que la habíamos matado, así que llorábamos y gritábamos ¡abue! ¡abue! y ella… aguantándose la risa supongo, pero sin moverse. Después de unos minutos “reaccionaba” y seguía con sus cosas. Si están pensando “qué cabrona, pero qué lista” déjenme decirles
que concuerdo con ustedes.
Me gustaría contarles que siempre fui un niño “amanerado”, así que durante mucho tiempo me cuestioné si eso era por no tener una figura paterna que me enseñara a ser un “hombre”, pero realmente, ¿qué es ser un hombre y quién dice cómo debe ser uno? Nuestro sexo no define una forma de ser, un rol el cuál seguir o quién seremos en un futuro, esto es algo que aprendí de estas dos mujeres.

A todos los padres y madres solteras, sólo les quiero decir gracias. Gracias por ser unos superhéroes, claro que afrontar esa ausencia no es algo fácil para un niño, pero para ustedes tampoco. Porque a pesar de tener que vivir un proceso personal de duelo, hacen todo lo que está en sus manos por sacar a sus hijos adelante de la mejor forma que saben, así que no se juzguen, pero siempre tengan presente que para los niños lo más importante es dedicarles amor, respeto y tiempo de calidad.
A mi mamá y abuelita, sólo me queda decirles que las amo con todo mi corazón y siempre estarán conmigo. Gracias por darnos una gran vida, por siempre impulsarnos a cumplir nuestros sueños, es por ustedes que el día de hoy soy actor, su amor y apoyo me brindaron la confianza necesaria para perseguir la carrera que me apasiona. Gracias por ser las personas que me enseñaron lo que realmente importa en la vida: siempre respetar a los demás, tratar de ser un mejor ser humano todos los días, a superarme, siempre fijarme metas, a ser yo.



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