¿Tenemos que celebrar y felicitar a nuestros padres? por Arturo Barba
¿Por qué esta costumbre de festejar todo? ¿Por qué festejar el día, el aniversario, la muerte, el recuerdo, el logro de todo? ¿Por qué festejar?
En esta tremenda y aniquiladora costumbre que tenemos como sociedad de meter todo en reductos, en bolsas unitarias, en categorías asimilables, en verdad todo es igual?
Mi abuela decía: “ aún dentro de los perros hay razas…” Creo que dentro de los festejos igualmente, hay algunos que destacan por su verdadera trascendencia en la vida. El día del padre es uno de ellos.

Foto: Eddy Espinoza
¿Se han puesto a pensar la bendición que es tener a nuestro padre? Han reflexionado sobre la manera tan incuestionable en que ésta figura forma parte de nuestra vida, carácter, forma de lucha y percepción de nuestra existencia?
El Padre, papá, jefe o como quiera decirle usted, es sin duda uno de los referentes mas importantes (junto con nuestra madre, quien muchas veces por cierto, también juega el rol de padre) de nuestro acercamiento a la vida. Muchas de las cosas primeras que aprendemos, que valoramos y que cuestionamos tienen que ver con su presencia real o ficticia, con su ausencia natural u obligada.

Foto: Eddy Espinoza
La experiencia de ser padre (aún no lo soy) debe ser una de las más bellas en la trayectoria de cualquier varón. Constituye la real y única posibilidad de trascendencia y generosidad hacia otro ser humano. El misterio de la paternidad engloba la posibilidad de entender que en algún sentido, que hay alguien de quien venimos y por tanto tener la certeza de deber agradecer ese sólo y simple hecho. Después; la gama de calidades de padre se abre casi hasta el infinito.
Pero hoy, aquí, con usted que me lee, me gustaría hacer un homenaje a ese hombre por el cuál hoy tenemos la posibilidad de coincidir en este caótico mundo. Hoy usted y yo tenemos la certeza absoluta de que hubo alguien que sembró nuestra realidad desde el punto cero y en mi caso, tuve la dicha de que fuera un gran ser humano.
Ese padre que se entregó para que hoy pueda ser lo que soy y que desde sus posibilidades hizo y dio todo lo que pudo para que yo tuviera una experiencia feliz en mi paso por este mundo.

Foto: Eddy Espinoza
Decimos entonces “felicidades”, porque son eso, las múltiples experiencias gratas que hemos tenido gracias a él. Tenemos siempre a quien agradecer. Y si usted no tuvo la fortuna de tener un padre cerca, estoy seguro que tuvo alguien que de una manera absorbió ese rol para usted y lo tomó de la mano y guió o aconsejó alguna vez. Es a la figura, al rol, a quien este día decidimos y acordamos festejar; es la sola existencia de esa persona la que hoy nos toma el corazón y en un acto de amor abrazamos y le decimos ¡gracias!
La vida tiene diferentes y muy variadas realidades. Abracemos la nuestra, sea cual sea, es la que nos tocó en… suerte? Dejemos los cuestionamientos metafísicos y quedémonos con el misterio y belleza de nuestro papá, de nuestro origen. Gozar de esa figura, es decir Sí a la vida, es decir sí a mi presencia, es aceptar el reto de ser mejor y abrazar el ejemplo de quién haya tenido un segundo para decirnos: “… por aquí…”, o “…así es mejor…”, o el consejo que hayamos tenido en suerte recibir.
Rescatemos pues la dicha de su existencia, si lo tenemos abracémoslo y si no, abracemos también con un gesto interior la armonía que hizo que hoy usted y yo podamos decirle: felicidades; pero más importante y con mucho mayor contundencia entonces: gracias.



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