Cuando vi la fotografía final de Marina para la portada sabía que quería hacer algo simple, que no quitara la atención de su presencia y se convirtiera en un complemento a ella pero de una forma divertida. Hay algo en esa fotografía que por alguna razón me denotaba diversión y misterio y esas mismas características las quería para el logotipo y marco que cree. La idea fue utilizar algo alegre y fluido como la mermelada, pero moldeándola de tal forma que no supieras exactamente qué es lo que estás observando. También me di cuenta que me inspiré en las portadas de los libros de los Cazafantasmas, cuando visualicé el resultado final en mi cabeza.
Sin duda, ella y su trabajo son una muestra de la autenticidad del ser humano, compleja y la vez simple. Desde luego, rescatar este tipo de historias o simplemente hablar de ellas, nos abre los ojos ante todas las posibilidades creativas que con frecuencia creemos restrictivas o poco comunes, sin embargo, no lo son y ponerles palabras a las emociones es una forma de llegar una reflexión más madura.