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Estilo de vida y moda, juntos pero no revueltos

Estilo de vida y moda, juntos pero no revueltos
¿Pueden vivir separados?

Juan Ramón Hernández

Estilo de vida, tres palabras famosas que con frecuencia asociamos a la sección de algún medio impreso o digital, en la cual, se tratan temas relacionados con eventos sociales, cívicos y algunas veces culturales, así como artísticos, donde las élites toman las páginas para ser concebidas como un vehículo de consolidación adquisitiva – aspiracional.

En este sentido, sobre el significado de estilo de vida o lifestyle en inglés, recaen múltiples opiniones y percepciones, siendo la más popular, una visión elitista relacionada estrechamente con el poder adquisitivo. Pero ¿esto es real? ¿esto solo está disponible para clases altas? y ¿cuál es su relación con la moda o son uno solo?

Para partir de un punto más claro, lo mejor es centrarse en definiciones concretas. Así, el estilo de vida es el conjunto de actitudes y comportamientos que las personas adoptan y desarrollan con el tiempo, de forma individual o colectiva para satisfacer sus necesidades como seres humanos, así como alcanzar su desarrollo personal.

Aunque sus orígenes se remontan hasta la época de Aristóteles, se considera que la expresión “Estilo de vida” fue introducida por el psicólogo austrohúngaro Alfred Adler en la década de 1910, quien lo definió como: “El sistema de reglas de conducta desarrollado por los individuos para lograr sus metas en la vida”. Tiempo después, el concepto fue tomando el sentido más amplio de “manera o estilo de vivir”.

De acuerdo con lo anterior y si cada uno de nosotros somos diferentes, tendría sentido que cada estilo de vida fuera distinto ¿no? Así, la forma de vivir cambia con cada generación, armando todo un enramado de herencias familiares y contexto que forman, de alguna manera, quiénes somos, cómo nos gustaría ser vistos y desde luego, lo que consumimos, mental y físicamente.

Un ejemplo práctico sobre cómo los contextos influyen o determinan el estilo de vida de las personas, radica en los entornos donde crecen, pues no todos son iguales, son geográficamente distintos, con servicios opuestos y por lo tanto, con maneras de vivir que poco tienen en común.

Baste, como muestra la vida en un espacio rural  frente a la de la urbe, donde las ubicaciones son distintas, incluso dentro del mismo contexto. De tal forma, que la naturaleza del barrio donde una persona reside, afecta al conjunto de estilos de vida que tiene, debido a los distintos grados de afluencia y proximidad a entornos naturales, así como culturales que dotan a sus habitantes de conocimientos académicos desde más temprana edad, volviéndose un hábito.

Por otro lado, Max Weber entiende los estilos de vida como elementos distintivos de los grupos de estatus conectados con una dialéctica de reconocimiento de prestigio: El estilo de vida como la manifestación más visible de la diferenciación social, incluso dentro de la misma clase social y en particular, muestra el prestigio del que los individuos creen gozar o al que aspiran.

Por su parte, Georg Simmel realiza un análisis formal de los estilos de vida, en cuyo seno se encuentran los procesos de individualización, identificación, diferenciación y reconocimiento, entendidos tanto como procesos generadores como efectos generados por los estilos de vida, operando tanto “verticalmente” como ” horizontalmente”.

De acuerdo con Simmel, podríamos decir que el estilo de vida se relaciona más con la identidad, idiosincrasia, carácter (nacional, regional, generacional, de clase, subcultural, etcétera), sus comportamientos, ámbitos y hábitos, como su trabajo, ocio, sexo, alimentación, ropa y más.

Así, considerando que la ropa es parte de la identidad y esta a su vez, de un estilo de vida, entonces la moda por supuesto se integra como parte del concepto, más no como sustituto ni sinónimo del mismo; hecho que en muchas ocasiones ha ocurrido, principalmente para fines publicitarios prácticos. De ahí que la respuesta a nuestro objetivo principal es que no se entiende una sin la otra, juntas poseen una relación sinbiotica en la que cada una aporta algo diferente para cumplir un fin en concreto.

De esta manera, dejemos en claro que la moda es parte integral del estilo de vida, como lo puede ser la salud, el deporte, la alimentación u otras actividades que formen la habitualidad o cotidianidad del ser humano, las cuales son reflejo y construcción de su identidad individual.

De la misma forma, debemos entender, que si los medios nos han puesto en portada las actividades de los grupos sociales con un alto poder adquisitivo, no quiere decir que las demás clases no tengan acceso a un estilo de vida, pues de acuerdo con todo lo anterior, sabemos que las formas de vivir son natas del ser humano y se construyen de acuerdo a sus posibilidades y entorno.

En este sentido, vestir con prendas de renombre, visitar lugares populares o asistir a eventos de alto prestigio, no son fé única ni denominación del “Estilo de vida”, sino una de sus múltiples representaciones.

A su vez, sabemos que dentro del ámbito informativo, existen intereses que irremediablemente sesgan las visiones creativas, sirviendo a un fin comercial que en la mayoría de los casos tiene su punto culminante en la materialización de un estilo de vida aspiracional especifico.

Es por esto, que para quienes empiezan a conocer sobre esta industria, es importante diferenciar ambos conceptos, para así ofrecer información o productos que abonen a su buen entendimiento sin pérdidas; confusiones ni exclusiones.

 

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