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Heridas y golpes, una estética peligrosamente seductora

Heridas y golpes, una estética peligrosamente seductora

Juan Ramón Hernández

Cicatrices, marcas que dejaron un vestigio de dolor y en ocasiones relacionadas indirectamente con la fortaleza del infligido que las posee. Si bien, existen todo tipo de cicatrices producidas por violencia o situaciones de salud, no causa extrañeza verlas representadas como un vehículo estético o narrativo para reforzar un constructo de fuerza sobre quien las tiene, especialmente en el rostro.

Durante este año, la estética del rostro golpeado, los dientes fracturados, la sangre o escenas que emulan dolor, han sido una constante tanto en películas, editoriales de moda, disfraces o simplemente en tableros de Pinterest. Seamos honestos, esta forma de estilizar un hecho violento ha tenido mucho éxito para darle sentido a una realidad convulsa, cámbiate y realmente dolorosa desde una perspectiva más artística y creativa teniendo en el fotógrafo Jack Bridgland su mayor exponente.

Eiza González, Rosalía, Robert Pattinson, Jordan Barrett son solo algunos de los nombres más sobresalientes que han posado para diversas campañas o revistas de moda a lo algo de este año, lo suficiente importantes como para impregnarle a la sociedad, en su retina, un estilo único de retratar y tratar una fotografía, para que a su vez, sea replicada o inspirada en elementos como sangre, golpes, lagrimas, y raspaduras con toques sexualmente sugerentes con toques de diversión.

Cinthia Flores de YACONIC, indaga sobre su estética, en la que distingue el estilo tipo grunge, manejo de luces y texturas para lograr efectos de una calidad extraordinaria. “La paleta de colores más común en sus fotografías son azuladas, naranjas, verdosos y amarillentos. Además de implementar ediciones en manchas y ruido que de una apariencia de película análoga”.

Su aportación a la narrativa de los personajes que fotografía es importante, pues ha reforzado ideas o conceptos artísticos del que solo es una extensión, tal es el caso de Rosalía y Pattinson, cuya editorial causó bastante revuelo. La primera siguió con el hype de su tercer disco Motomami que llegó en la primavera de este año, en donde bajo una estética grunge, tomó sentido todo el styling, mientras que en el caso del actor, jugó con una narrativa inversa a su personaje que interpretó a principios de año: Batman, en donde una estética vampiresa, salvaje con guiños al Guasón, causaron revuelo.

Todo la estética que vemos tal vez tenga una explicación contundente si tomamos en serio el lado científico más profundo sobre cicatrices o rastros de dolor. El sito Europa FM, publicó en 2017 un estudio en la revista Personality and Individual Differences, en donde fueron entrevistados, acerca del atractivo de ocho desconocidos del sexo opuesto, un total de 115 mujeres y 76 hombres. La mitad de ellos vieron fotografías originales de esos sujetos, mientras que la otra mitad las vio con cicatrices en diferentes partes del rostro, manipuladas digitalmente.

De esta forma, observaron que mientras, en el caso de las mujeres, esas cicatrices no aumentaban su atractivo, en el caso de los hombres se veía incrementado hasta en un 5,7%. Y es que, a pesar de que en la cultura occidental, las cicatrices faciales no forman parte del canon de belleza “habitual”, hay algo en esas marcas que parecen denotar una experiencia o unas vivencias que nos resultan irresistibles. Solo para un “rato” o “pasarla bien”.

En el estudio solo contemplaron parejas heterosexuales en donde ellas ven a esos “malotes” más atractivos sin plantearse una relación estable, sino más bien a corto plazo. En otra parte del estudio, al preguntarles si eran capaces de adivinar las causas que provocaron dichas marcas faciales, en el caso de los hombres, la mayoría eran atribuidas a sucesos violentos como peleas, mientras que en el caso de las mujeres, se asociaba más a enfermedades o accidentes.

El club de la pelea, 1999

“Cuando las cicatrices se ven como el resultado de un encuentro violento, esto es visto como un signo de fortaleza o valentía en el hombre. En el caso de los accidentes, esto evidenciaría que su personalidad busca asumir riesgos. De cualquier manera, es una forma de evaluar la masculinidad del hombre”, comenta Robert Burriss, uno de los psicólogos que dirigió el estudio.

Sin duda, hay excepciones y no todo el mundo gusta de cicatrices, pero sí es cierto que influyen al provocar reacciones, siempre y cuando recaigan en un hombre, de lo contrario, la lectura podría ser diferente en este mundo patriarcal, donde la violencia sistemática y física recae hacia el género femenino. Sin embargo, en ellos parece tener otro significado: fuerza y no delicadeza.

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Es una estética interesante y que debe ser tomada con mucho cuidado, pues roza los límites de la apología a la violencia masculina que se ve como un lugar aspiracional o de menos motivacional, perpetuando conductas supremacistas sobre aquellos que socialmente no gozan de un lugar mayoritario, pero que al mismo tiempo son un “fruto prohibido” que seduce dependiendo el enfoque, recordándonos que tenemos impulsos y emociones intensas que en la cotidianeidad nos avergonzarían.

 

Referencias 

Europa FM

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