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Hombres que menstrúan

Hombres que menstrúan

Francelia Bahena

Kael Torralva escribe sobre los procesos fisiológicos que implica ser un hombre trans, para #BADHOMBREMag.
Gracias por la confianza. Gracias Kael.

 

¿Qué pasaría si te dijera que las mujeres no son las únicas que menstrúan? ¿Qué pensarías si te dijera que los hombres también podemos menstruar?

Quizá tu reacción pueda ir desde la incredulidad, hasta el asco, la risa o inclusive la incomodidad y es que desde que somos niños o niñas nos han enseñado que hay procesos fisiológicos exclusivos de hombres y de mujeres. Por lo tanto, estos procesos son los que definen qué es ser mujer y qué es ser hombre. Como resultado de esa lógica no hay manera de que los hombres puedan menstruar. 

Antes de seguir hablando sobre menstruación tengo que ser sincero y aclararte dos puntos; 1) Entiendo perfectamente esa lógica porque también me educaron de esa manera. 2) Es cierto que no todos los hombres menstrúan, pero hay muchos que sí lo hacen.

Como todo proceso corporal, la menstruación no solo se reduce al hecho fisiológico, sino que está llena de mitos y creencias que la estigmatizan, por ejemplo, ¿te has preguntado por qué los anuncios de algunas marcas de toallas sanitarias representan la sangre de color azul? Un azul que se parece más al de algún detergente líquido y que esa misma coloración simula que es sangre “limpia”. Dichos anuncios también están ambientados con fondos rosas y mujeres platicando de lo cómodas que se sienten con su toalla sanitaria cuando duermen o salen de antro. Aunque lo más importante no es que se sientan cómodas, sino que no se manchen, ni se note que están en “sus días”. 

Socialmente a la menstruación se le considera mala, sucia, mal oliente, además de generar sentimientos de vergüenza. Así mismo, he notado que es importante esconderla de todo mundo, particularmente de los hombres. En contra posición y siguiendo la lógica mostrada en los anuncios, las mujeres también deben de sentirse cómodas, frescas, sonrientes y divertidas por usar la nueva toalla sanitaria con formas ergonómicas y alas especialmente creadas para pegarse en el calzón. ¿Qué hay de cómodo en pegarte una toalla sanitaria en el calzón?  Lo mostrado por los anuncios de toallas sanitarias no tienen nada o casi nada de realista, a veces hay dolores de espalda, dolores en el vientre, hay diferentes olores dependiendo el día de tu menstruación, también pueden aparecer manchas en la ropa, en las sábanas, y quizá haya enojo, frustración, desánimo o indiferencia, un montón de emociones.

Claro, ahora se han vuelto populares otros métodos para la menstruación que van desde las copas menstruales hasta la menstruación libre. Sin embargo, hago particular hincapié en los anuncios publicitarios de toallas sanitarias porque la primera vez que me enteré de la menstruación fue por medio de un anuncio. Después de verlo, le pregunté a mi tía a qué se referían con “tus días”, pero en cuanto se lo dije noté su cara de espanto como si hubiera visto un fantasma, sin explicarme, trató de distraerme con otra cosa. Aunque yo tenía alrededor de 9 o 10 años cuando le pregunté, vi que quizá no era un tema de conversación agradable para nadie. Más tarde, escuché que mi tía le decía a mi mamá que yo le había preguntado sobre el periodo menstrual. Después de unos días, mi mamá me hablo sobre la menstruación, dijo que me iba a salir sangre de “mis partes íntimas” y tenía que usar una toalla sanitaria como la de los anuncios.

A los 12 años tuve mi primera menstruación y fue la peor cosa que me pudo haber ocurrido en mi vida. En ese momento no entendía muy bien por qué me hacía sentir tan mal, pero ahora pienso que tener la menstruación fue la reafirmación de que yo era una mujer porque en todos lados lo decían; las mujeres son las únicas que menstrúan.

La falta de información adecuada y el bombardeo social que hay respecto a ella, fue lo que me hizo odiarla, así que traté de esconderla de todo el mundo, eso me llevó a un nivel de ansiedad tal que dejé de contar los días en el calendario porque me estresaba pensar cuantos días me faltaban para que llegara. 

Quiero aclarar que cuando hablo de este proceso, no lo puedo generalizar a todas las personas menstruantes, pero desde mi experiencia, como hombre trans fue algo devastador. No solo fue el ciclo menstrual, sino que estuvo acompañado de cambios hormonales, mis caderas se empezaron a ensanchar, también me creció un poco los senos, además de que socialmente me comenzaron a ver como una “mujercita”.

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Lo que pretendo remarcar es que la menstruación esta íntimamente relacionada con el hecho de ser mujer, cuando esto no es así.

Pasé muchos años con angustia de sentir y ver que cada mes tenía mi ciclo menstrual, era horrible y lo consideraba como algo asqueroso. Cuando por fin me acepté como un hombre trans*, traté de no ponerle atención a mi menstruación, pensaba que si se la quitaba no me iba a afectar tanto. Aunque lo que en realidad creía es que no podía ser un hombre de verdad porque ese proceso fisiológico aún seguía pasando en mi cuerpo. 

Después de dos años de pensar los pros y los contras, decidí iniciar mi tratamiento de reemplazo hormonal que consiste en inyectarme testosterona cada cierto tiempo y como consecuencia del tratamiento, mi menstruación se detuvo. En mi caso dejó de ocurrir después del primer mes de iniciado el tratamiento, por lo que me sentí aliviado de ya no pensar ni en toallas sanitarias, ni en la posibilidad de mancharme, o de elegir pantalones oscuros para esos días.

Después de un año y medio y como consecuencia de la cuarentena, no pude inyectarme la testosterona durante dos meses. Al dejármela de aplicar, mi menstruación volvió, lo que me hizo sentir confundido porque no recordaba los cambios que vivía mi cuerpo antes, durante y después. Entonces, me empezaron a doler las caderas, el vientre y justamente un día antes tenía cambios emocionales bastante marcados, reconozco que me sentía tremendamente enojado con todo el mundo. Es un tanto gracioso porque antes de iniciar con la testosterona, mi endocrinóloga me comentó que podía volverme más agresivo y enojón, pero esto no fue así, de hecho, me sentí más enojado un día antes de menstruar que todo un año y medio en tratamiento de reemplazo hormonal.

A los 3 días la menstruación se detuvo, pero ese hecho me dejo pensando varias cosas. En primer lugar, no me sentí mal, ni avergonzado de que mi ciclo menstrual llegara, tampoco quería esconderlo, por lo tanto, le conté a mi mamá y a algunas amigas cercanas. Aunque lo más importante que ocurrió en ese ciclo menstrual fue que no me generó la ansiedad que antes llegué a presentar, hasta puedo decir que, de una forma inexplicable, me sentí en paz con mi cuerpo. Todo este cúmulo de sensaciones me llevó a reflexionar que tener mi ciclo menstrual no me hace menos hombre, ni siquiera me resta masculinidad porque ¿Cómo puede hacerme menos hombre mi propia sangre?

Chellaman, hombre trans retratado por BADHOMBRE Magazine para nuestro Pride Issue del 2019.
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