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Lo anti-fashion y la moda. Una relación cercana, cíclica y contracultural

Lo anti-fashion y la moda. Una relación cercana, cíclica y contracultural

Juan Ramón Hernández

¿Puede existir lo anti-fashion? En un mundo de dualidades, donde todo es cuestionado y sobre todo, una constante lucha contra el poder hegemónico, las posturas anti-fashion son de las principales contraculturas para frenar una industria que toma recursos humanos, naturales y económicos. Pero no solo se puede ver en estos ámbitos, sino también como parte un movimiento artístico que ha inundado la industria de la moda desde hace varios años.

El concepto de “Anti-moda” surgió aproximadamente a finales de la década de los 70 y hasta la actualidad, teniendo un mayor auge en los 90, esto después de un momento de exageración y excesos de los años 80 impulsado por diseñadores tan reconocidos como Jean-Paul Gaultier o Vivienne Westwood.

Pero para entender mejor lo que engloba lo anti-fashion, Andrea G. del sitio Triángulo Magazine, rescata el trabajo del antropólogo norteamericano Ted Polhemus.

En su libro Fashion & Anti-fashion: Anthropology of Clothing and Adornment, escrito en conjunto con Lynn Procter, en el año 1978, hace un estudio del concepto de la “Anti-moda” en comparación y relación con el mundo de la moda. En un segundo libro, sobre el mismo tema, Fashion & Anti-fashion: Exploring adornment and dress from an anthropological perspective publicado en 2011, sigue las pautas del primero.

Así, Procter destaca, que desde la primera publicación conjunta, queda por escrito una definición del concepto tan complicada, compleja y abstracta como la moda misma.

With the exception of the unfashionable (those who can’t keep up with fashion change but would like to), anti-fashion refers to all styles of adornment which fall outside the organised system or systems of fashion change.

Con la excepción de los que no están de moda (aquellos que no pueden mantenerse al día con el cambio de moda, pero les gustaría), la anti-moda se refiere a todos los estilos de adorno que quedan fuera del sistema organizado o sistemas de cambio de moda.

De esta manera, el concepto se simplifica, como aquella “moda”, estilo o toda persona que decide de manera consciente y voluntaria, dejar de lado el mundo de la moda, para no someterse a su normativa como lo son las tendencias, las temporadas y demás dinámicas en la industria.

Por último, señala, que en palabras del antropólogo Ted Polhemus en el año 2011, cuando se publicó su segundo libro al respecto, “es que ya no hay nada claro”. Mencionaba que en la actualidad, es como si las barreras se hubieran difuminado y cosas tan claras como la moda, así como sus sistemas de cambio, ya no son tan fáciles de distinguir de la contracultura de la “Anti-moda”, porque se ha llegado a un punto que es realmente muy complicado saber dónde empieza la moda y dónde termina, acabando por convertirse en “Anti-Moda” y viceversa.

Si en los 80 el estilo punk proponía una estética “anti”, con una vestimenta fuera de proporción, para lo que en ese momento se pensaba, el grunge en los 90 siguió sobre esa línea al vestir de manera más sobria; desalineada. Esto nos hace recordar que la “Anti-moda” es la hermana gemela de la moda, nacieron al mismo tiempo, son de cierta forma un complemento, siendo lo “anti” la respuesta contradictoria.

Las contraculturas (en su estado más “puro”) como el emo y punk en su momento, el estilo queer, el feminismo, el estilo de vida minimalista, el veganismo, la concientización por los recursos naturales y hasta cuando los diseñadores optan por no mostrar sus colecciones en la Semana de la Moda, impulsan un acto de ir contra corriente. Actos que se renuevan (fuera del estándar normativo de la industria de la moda) para obtener valor y vigencia, porque la hegemonía siempre busca la manera de colarse y apropiarse de los valores emprendidos por estas contraculturas. Por esa razón, es difícil saber dónde empieza y donde termina una de la otra.

El espíritu de lo anti-fashion toma particular sentido en estos años que nos han tocado vivir como una manera de diferenciarse del resto y tratar de construir una identidad propia, despegándose de las rápidas tenencias, la exposición en redes sociales y en general, de la velocidad acelerada del ritmo de vida, que probablemente, no se restaure.

Asimismo, el lado oscuro de lo anti-fashion es caer en la romantización de un estilo de vida con recursos limitados o la apropiación de identidades de pueblos originarios como una forma de “salir del molde”. Sin embargo, no se debe olvidar, que también es cíclico y puede que tarde o temprano se adapte dentro de los parámetros de la propia industria de la moda.

 

Referencias

Triangulo Magazine

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