Marty Supreme Review: un antiheroe caótico

Marty Supreme Review: un antiheroe caótico

Es arrogante, pero también obstinado … Marty Mauser, el antihéroe que lucha por ser grande con una actitud electrizante, ha venido a conquistarnos con su agilidad y locura por el ping pong. Oscilando entre una vida ajetreada y una gloria inalcanzable, este jugador bravo (interpretado por Timothée Chalamet) compite por destacar en un mundo agresivamente hostil bajo la lupa del director Josh Safdie en su obra “Marty Supreme”.

Inspirado en la sensación del tenis de mesa de mediados de siglo, Marty Reisman, un esbelto showman conocido como “la Aguja”, el filme presenta una ambición sin escrúpulos, sin pedir disculpas por sus motivaciones y deseos. No esperes un filme educativo sobre cómo alcanzar el éxito: la perseverancia y la derrota existen, aunque nos enseñan que a veces, no tiene nada de malo querer ser el campeón del mundo. 

Si el perspicaz marketing del filme te dejó perplejo, Marty logra conseguir que lo odies, pero también que te compadezcas de su miseria. El furor y la ambición se sitúan en 1952, en los suburbios de Lower East Side de Nueva York —el barrio judío que Marty considera su hogar y al mismo tiempo, un hoyo sin salida. La vida tenaz que sufre es asfixiante atendiendo la zapatería de su tío, un contratiempo que le impide aspirar a ese futuro “prometedor” que nunca parece llegar.

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete y recibe lo mejor de BADHOMBRE directo en tu correo.

    La metáfora del espermatozoide nos introduce a la historia de un ganador al que no le importa cómo alcanzar sus objetivos, incluso si eso implica hacer cosas estúpidas y brutalmente humillantes. Vemos a un Marty consumido por sus sueños: crear una línea distintiva de pelotas de tenis de mesa naranjas, ganar partidas clandestinas en un bar, evitar convertirse en el gerente de un trabajo que detesta. Intenta convencer al mundo de que el ping pong es su vocación, aunque nadie lo toma en serio, ni siquiera su madre (Fran Drescher).

    La suerte parece detestarlo, al igual que los altibajos y lo insufrible que es convivir con él. En medio del caos, Marty es resiliente y no flaquea a las desventuras que lo orillan que lo empujan al borde del precipicio. Es un neoyorkino que logra conquistar a sus contrincantes con su astucia y simpatía. Hay romance y peligro cuando decide seducir a la estrella de cine en decadencia Kay Stone ( Gwyneth Paltrow) viéndola como reto que lo electriza, al grado de convencerla de escabullirse de la suite del hotel que comparte con su esposo (Kevin O’Leary) y robarle un collar de fantasía. Un choque magnético que lo pierde.

    Ligeramente demacrado, con el rostro convertido en un paisaje lunar de granos y cicatrices rematado con unos lentes de geek, Chalamet entrega una actuación prodigiosa y vulnerable. Intenso, agresivo y mezquino, cautiva con un encanto desvergonzado y cruel, el mismo que terminará consumiéndolo tras la humillante derrota frente al japonés Koto Endo (Koto Kawaguchi) en el Abierto de Londres y el abandono temporal de su mejor amiga —y novia— embarazada (Odessa A’Zion), la única capaz de engañarlo al verlo como una trampa. Obsesionado con recuperar su orgullo, Marty se involucra con un gánster de mala muerte que confía en él y en su mejor amigo, el taxista Wally (Tyler Okonma), junto a su perro casi salvaje. Todo por una recompensa tan absurda: 1,500 dólares por un viaje sin garantía que le asegure entrar al campeonato.


    Fotos BH 8 2

    Honestamente, lo que más te dejaba boquiabierto es la tenacidad de los brazos escuálidos de Marty en las partidas: las estimulantes y aceleradas tomas que siguen la raqueta y sin hablar, de los golpes a la pelota con una intensidad cardiaca. En ocasiones, los chistes rancios que hacía a la prensa sobre Auschwitz, te desconcertaban, más con decir que era “la peor pesadilla de Hitler” y el desquiciado flashback centrado en una historia de supervivencia del Holocausto.

    El frenético ascenso a la cima lo lleva a humillarse con un explícito surrealismo––dejarse nalguear por una raqueta–– posicionando a Marty como un ser profundamente egocéntrico y con absurda confianza que lo traiciona al extremo. Grotesco y fanfarrón, tanto Safdie como Chalamet te hacen querer a Marty Supreme que noblemente consigue una gratificación que lo hace entender lo que realmente tiene a su alrededor.

    Es un corresponsal enfocado a demostrar un apasionante gusto por la moda, entretenimiento y belleza. La semana de la moda es su aperitivo favorito por degustar. Contacto: Email: alberto@badhombre.com || Instagram: alberto.jimenezs

    PUBLICAR UN COMENTARIO

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.