poliamor

Navegar entre la monogamia y el poliamor

Diana y Gael se conocieron hace algunos años, pero las desveladas al teléfono y las risas bobas no se dieron hasta hace apenas unos meses. A veces, pasa que el tiempo y el destino se la juegan para volver a juntar personas y ver si es cierto que se da algo… o no. 

Tanto Gael como Diana, estaban en etapas distintas de la vida. Sin embargo, terminaron siendo víctimas de las coincidencias, el buen sexo y una caótica diferencia entre lo que ambos buscaban. 

Si me propongo lo suficiente, puedo volver escuchar la voz de Gael en un disparar de frases como: “No sé amigo, a veces me harta un poco”,  “¡Me estoy enamorando goey!”, “Es que siento que es muy intensa” o “Quizás sí me anime a intentar algo serio con ella”. Incluso, un ciego podría haber visto que la cosa ya marchaba mal. 

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    La gran noxa era que Gael ya había intentado navegar en el mar de las relaciones abiertas y fracasó en el naufragio de la falta de comunicación. Y por más que su deseo fuera intentarlo de nuevo con Diana, lo cierto es que ella luchaba por convencerlo de que aquella embarcación solo flotaría en aguas de monogamia.

    Y entre su lucha de ver quién cedía, se rompió el timón junto con su corta e intensa historia de enamorados.

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    Fotografía: José Toscano.

    Si me lo preguntan, la culpa estaba más que compartida. Y estoy seguro que así como Gael y Diana, hay por ahí varios personajes luchando por probar nuevas formas de relación en un mundo aún bastante tradicional o atrapadxs en la eterna búsqueda de su “otra mitad” en una realidad que aspira a este tipo de fenómenos sociales y culturales.

    “Creo que si dos personas se eligen libremente, sin perder su libertad. Se gana mucho más que enjaulando o dejándote enjaular. Y probablemente quieras compartir un buen pedazo de tu vida con esa persona, porque sabes que difícilmente vas a encontrar a alguien que entienda esa parte”, dijo Gael al teléfono, la última vez que hablamos sobre Diana.

    Entonces, entendí que todos vemos con distintos ojos al amor y quizás las reglas son más flexibles de lo pensamos si se comunica con ganas de hacerlo funcionar.

    Y así, sin más ni menos, decidimos intentarlo, perdernos, ahogarnos y volverlo a intentar hasta lograr sobrevivir al caótico mar de las relaciones amorosas.

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