El mundo está colapsando pero el negocio debe continuar: ¿qué pasa con la moda y el CoVid-19?

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Es la circunstancia más extraordinaria en la que se ha encontrado nuestra generación. Hablo por teléfono con mi mamá, que cumple 60 pronto, y no reconoce algún episodio similar en incertidumbre global como el que estamos viviendo. Angela Merkel dice que Alemania no ha atravesado un reto tan grande desde la Segunda Guerra Mundial. Básicamente el mundo como lo conocemos está on hold: el mundo como usted lo conoce no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio.

La moda es una de las industrias más grandes del mundo y ha sido de las más prontas en responder con ayuda para el alivio de la crisis del CoVid-19. Muchas marcas y diseñadores han donado dinero y mano de obra para mover la rueda hacia la resolución de este problema. Anna Wintour anunció en un comunicado oficial para Vogue que Ralph Lauren ha donado 10 MDD para causas relacionadas al coronavirus [sic], Miuccia Prada facilitó camas para hospitales en Milán (la región de Lombardía, de la cual la ciudad es capital, es de las más afectadas en el mundo por la pandemia), LVMH puso a trabajar sus fábricas de perfumes para la creación de geles sanitizadores para distribuir por Europa ‘hasta que la crisis acabe’ y muchísimos etcéteras que son tan importantes como esperanzadores, pero muchas preguntas rondan: ¿en qué estado encontraremos la industria cuando sea seguro salir? ¿Es prudente comprar en medio de una recesión económica? ¿Qué va a pasar con las semanas de la moda? ¿Tenemos que recontextualizar la forma en la que consumimos o volveremos como si nada a la dinámica que teníamos?

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RETAIL

“Retail siempre es lo último en responder”, me dijo la manager de Wolf & Badger en Nueva York el día que la ciudad se declaró en estado de emergencia. La chica se refería a que la mayoría de la tiendas no cerrarían hasta que la ciudad estuviera en completo shutdown. Cuatro días después lo estaban, como la mayoría de cualquier establecimiento comercial de la ciudad que no fuera de absoluta necesidad (pizza, por ejemplo y CVS’s, pero nada relacionado con la moda). En México la respuesta fue mucho más rápida: la mayoría de las flagships de lujo replicaron el comportamiento de las tiendas en Europa y USA al mismo tiempo que cerraron en estos lugares, golpeados por el outbreak antes y mucho más duro que hasta ahora en nuestro país. Fast fashion siguió y también las pequeñas tiendas y marcas, haciendo disponible la venta en línea para no dejar caer los negocios en la bola de nieve inevitable que será el desplome económico que se avecina. Hasta ahora ninguna marca o tienda tiene fecha para regresar a sus operaciones, aunque en China comenzaron a verse las primera señales de revitalización de ventas en la moda.


FASHION WEEK

En junio y julio de este año se realizarían en París, como cada año, las semanas de la moda masculina de primavera para el próximo año y Alta Costura femenina de la próxima temporada. Hace un par de semanas fueron canceladas, junto con la semana de la moda masculina de Londres y Milán pospuso la suya.

Lo cuál levanta preguntas como ¿son las semanas de la moda necesarias ya? ¿Vale la pena volar a miles de personas por continentes para ver desfiles de 12 minutos de ropa que la mayoría apenas podría costear? Tal vez. Mucha de la gente que va a las semanas de la moda internacionales generalmente tiene un rol laboral ahí. Los compradores son los más importantes hipotéticamente. Desde ellos y los editores se catalizan las tendencias que adoptamos los mortales meses después y los editores —hipotéticamente— revisan las prendas que tendrán a su disposición para fotografiar y promover en las páginas (posts) de sus revistas (cuentas de Instagram) durante los próximos meses. Como todo eso está mayormente supeditado desde los clientes (las marcas que admiramos y pagan por lugares en estos espacios), deben surgir nuevas ideas para que los diseñadores puedan comunicar los temas y tendencias que idealmente comunicarían desde las pasarelas ahora que no pueden hacerlo y que quizá por el resto del año no suceda. Personalmente imagino que, en un futuro próximo, las marcas envían a tiempo las colecciones a los showrooms locales para que sus jefes de relaciones públicas las presenten a los compradores y editores desde sus ciudades base, pero el reajuste está por verse aún. Muchos empleos dependen de esta dinámica de la moda y el flujo internacional de gente es vital para la economía de ciudades como París y Milán.

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Otros países han cancelado sus respectivas semanas de la moda también: Rusia, Brasil, China, Japón y México, por ejemplo. Aquí el evento se llevaría a cabo en algunos días de abril, quizá obligándose a adelantar su inminente destino gracias a la pandemia que apenas comenzó a afectar al país en una escala mayor. Mi compañera Francelia Bahena habla con diseñadores locales al respecto en esta liga.


¿PERO ESTÁ BIEN COMPRAR EN ESTOS MOMENTOS?

Las marcas gigantes estarán bien y el lujo sobrevivirá, pero ese es el sector más pequeño del consumo de ropa en el mundo y para nada el más creativo y, si bien la moda es vital para la economía de muchos países y de ella dependen millones de empleos, también es una industria profundamente tóxica en muchos niveles de su sistematización. La sobreproducción (en todos los niveles, tanto en el lujo como el fast fashion —además de los temas éticos relacionados con este) es el tema más evidente desde hace muchos años, lo cuál hace de este un tiempo esencial para pensar en lo que compramos, cómo lo compramos y por qué. La moda nunca ha sido una necesidad básica, pero tampoco debería ser un riesgo económico, ecológico o social.

El mero sentido de la existencia de la moda es muy autoindulgente, pero más que nunca debemos pensar como comunidad y eso significa desde tomar las medidas de seguridad recomendadas (¿obligatorias?) —tanto como podamos desde nuestras circunstancias—, a ayudar a la economía local para amortiguar el desplome por muy indiferente que pueda parecer nuestra contribución. Mover el dinero localmente ayudaría a un sector grande e importante de la sociedad porque sin duda quienes más sufrirán en la industria son las tiendas y marcas independientes de moda que no cuentan con el back up económico de un grupo o inversionistas que puedan absorber el golpe por ellos.

Para cuando todo esto pase y comience a reestructurarse la forma en la que vivimos (con todas las implicaciones económicas, del sistema de salud, políticas y culturales, en la forma que vayan tomando), ya habremos respondido a muchas de las preguntas que nos cazan en estos momentos y probablemente las respuestas tengan una connotación negativa, pero a pesar de cómo se desenvuelva la contención de la pandemia y el mundo vaya dándose de alta poco a poco, el cambio más significativo deberá ser personal, aplicado por cada uno de nosotros, como agentes autónomos definiendo sus acciones para largo plazo y no como una tendencia semestral.

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