Santuario Bar: así nació la colaboración entre Condesa Gin y One&Only Mandarina
En una época donde muchas marcas buscan hablar de México, pocas logran hacerlo desde perspectivas realmente distintas.
Ubicado frente al Pacífico Santuario Bar, la nueva colaboración entre Condesa Gin y One&Only Mandarina, reúne tres de esas perspectivas en un mismo espacio: la coctelería, la arquitectura y la hospitalidad. El resultado no es únicamente una nueva experiencia, es un espacio que parece haber formado parte del paisaje desde siempre.

Lo primero que pensé al llegar fue que no parecía una colaboración. Parecía algo que simplemente pertenecía ahí.
Mientras caminaba por el hotel rumbo a la playa, el espacio aparecía de manera natural entre la vegetación, la piedra y el paisaje. No se sentía como una marca ocupando un espacio prestado. Se sentía integrado.
Quizá porque detrás de él hay algo más interesante que una colaboración comercial.
Hay una visión compartida. Y tres formas distintas de contar México que terminan encontrándose en un mismo lugar.

La primera es la de Condesa Gin.
Condesa Gin, nacida en la colonia Condesa de Ciudad de México, lleva años construyendo una narrativa distinta alrededor de los destilados mexicanos. En lugar de mirar hacia el tequila o el mezcal, la marca encontró inspiración en botánicos como el copal, el palo santo, la salvia o el cempasúchil para crear una ginebra profundamente ligada a la cultura mexicana, pero desde una mirada contemporánea.

Esa visión encontró un eco natural en One&Only Mandarina.
Durante las conversaciones con el equipo del hotel apareció constantemente una misma idea: crear experiencias que no puedan existir en ningún otro lugar. Para un huésped que ya conoce el tequila, el mezcal o la raicilla, Condesa representa una forma distinta de acercarse a México sin recurrir a los caminos más evidentes.

La tercera voz llegó con el arquitecto Carlos H. Fernández, quien años atrás había participado en proyectos dentro de Mandarina, incluido Carao, el restaurante de Enrique Olvera.
Su respuesta arquitectónica fue tan sencilla como efectiva: piedra.
Un material capaz de conectar la identidad de Condesa, el paisaje de la costa nayarita y el lenguaje arquitectónico del hotel.
Mientras recorría el espacio, algo me llamó particularmente la atención: nada parecía diseñado para destacar por sí solo. Las vitrinas con botánicos, el mobiliario, las piezas de arte y los materiales dialogaban entre sí para construir una misma narrativa.
“Lo que más disfruté de la experiencia fue la sensibilidad con la que todo convive con el entorno”, comentó la arquitecta y diseñadora Kenya Rodríguez durante la inauguración.
Y es difícil encontrar una mejor descripción.

La misma filosofía continúa detrás de la barra.
La propuesta de coctelería fue desarrollada por Leo Betanzos, Global Brand Ambassador de Condesa Gin, junto al equipo de mixología de One&Only Mandarina. Aquí el proceso creativo ocurrió al revés de lo habitual: la bebida fue el punto de partida.
Los perfiles botánicos, los aromas y las historias detrás de cada expresión de Condesa Gin dieron forma a la experiencia completa.
Y eso se percibe en cada cóctel.
No porque busquen impresionar, sino porque cada ingrediente parece responder a una intención clara.


“Hay una comunión perfecta entre el espíritu de One&Only Mandarina y ese espacio mágico de Condesa Gin junto al mar que parece haber existido desde siempre”, dijo el chef Francisco Ruano.
Una sensación similar comparte el arquitecto Michel Rojkind, quien describe el proyecto como “la combinación perfecta entre la hospitalidad de clase mundial de One&Only Mandarina y la experiencia holística y sensorial de Santuario Condesa Gin”.
Después de recorrer el espacio, probar los cócteles y escuchar las historias detrás de cada decisión, resulta difícil no estar de acuerdo.
Santuario Bar se siente como una conversación entre distintas disciplinas que comparten una misma manera de entender México.
Una experiencia construida desde el detalle.
Desde los materiales.
Desde los botánicos.
Desde las historias.
Y, sobre todo, desde una idea compartida de lo que puede ser el México contemporáneo cuando arquitectura, hospitalidad y coctelería hablan el mismo idioma.




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