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¿Cómo afecta el machismo a los hombres?

¿Cómo afecta el machismo a los hombres?

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Uno de los postulados más inexactos socialmente concebidos, es que el machismo atenta sólo contra las mujeres. Y no es que busque minimizar el problema de violencia en las mujeres, pues éste escala desde una cultura de misoginia hasta los feminicidios, su impunidad, indiferencia social e insensibilidad de los medios y redes sociales, agravian la situación cada día.

Sin embargo, me parece pertinente como hombres, comenzar a reconocer cómo el machismo nos afecta también a nosotros, pues aunque este problema nos dota de privilegios, los cuales también es necesario cuestionar e incluso renunciar a ellos, es importante hablar del impacto negativo que tiene en nosotros como hombres. Pero para entender mejor el punto, dividiré algunos subtemas e intentaré explicarlo de manera clara. 

Mandatos de género 

Sexo y género han sido temas que se discuten con frecuencia en los círculos feministas. Si bien el sexo es biológico, es decir naces con pene o con vagina, eso no debería determinar nuestra identidad. En otras palabras, nuestros genitales preconfiguran una serie de códigos culturales que debemos seguir al pie de la letra toda nuestra vida sin salirnos de los límites de cada mandato.

Los roles de género son aquellos códigos, expectativas y arquetipos que se nos asignan por ser hombres. Ser valientes, ser proveedores, no tener miedo o no demostrar debilidad, el uso de colores, el oficio o profesión que decidamos estudiar y ejercer, la forma de vestirnos, de usar accesorios, las formas de expresarnos, las tareas y actividades en casa, son tan son algunas de las características que se nos dan sin tener otras opciones.

Si en algún momento queremos romper esos moldes los señalamientos vendrán de inmediato, porque aquel hombre que prefiere cocinar que la mecánica se le tacha de afeminado, aquel hombre que asume sus miedos, es visto como cobarde, aquel hombre que  se preocupa por su cuidado personal no es hombre de verdad. Estos binarismos de hombre-mujer y cómo deben ser cada uno, lleva sufrimiento a aquellos hombres que no encajan o encajamos en estos parámetros, por ello es importante entender que existimos hombres diversos y al negar dichas identidades se nos violenta. Esto no sólo nos afecta a nosotros, también a ellas, pues es todavía más complicado que ellas puedan involucrarse en actividades y roles preconfigurados para nosotros. 

Fotografía: Rikki Matsumoto.

Violencia 

¿Alguna vez has sentido que tienes que reaccionar violentamente porque eso se espera de ti?

Es más común de lo que crees. Evitar un conflicto o rehuir de una pelea nos pone en situaciones de pérdida de poder. No confrontar violentamente enseguida se traduce a un sentido de cobardía y por lo tanto de feminidad. “resolver las cosas como hombres” es sinónimo de violencia, por lo tanto aquel hombre que es “de verdad” es aquel que debe ser violento.

En México se habla erróneamente con miras a minimizar los feminicios comparándolos con los homicidios entre hombres, por supuesto el índice es mayor, sin embargo las causas son diferentes aunque con una misma raíz: la violencia patriarcal. Es importante desechar la cultura de hombres-violencia, puesto que no somos nosotros los que hemos elegido ser violentos, es una estructura que por medio de la cultura y los arquetipos nos determinan a comportarnos así si es que no queremos descender en el gremio de la masculinidad y ascender en el imaginario de lo femenino. 

Sexualidad y cuerpo 

Volvemos al tema de la diversidad de hombres que existen. No todos correspondemos a los estereotipos de hombría: altos, blancos, barbados y con voz de mando. Habemos hombres que no encajamos en dichos estereotipos y no por ello somos menos. Habemos hombres calvos, lampiños, de baja estatura, morenos, con complexiones anchas y voces delgada y somos válidos y dignos.

Compredernos diversos, capaces de reinvertar nuestra masculinidad, porque los límites de dichos mandatos solo son para un hombre, cuando existen los hombres, así en plural. Hombres trans, hombres gays, hombres pansexuales y hombres que quieren poner en práctica su sexualidad sólo si hay vínculos de por medio… es válido y está bien.

Porque no hay una sola forma de habitarnos. Podemos decir que no al sexo por obligación, podemos tomar el estandarte de la ternura, podemos apropiarnos de nuestro cuerpo desde el amor propio y no desde los ojos colonizadores o de las industrias de la moda que nos requieren cual escultura griega para poder hacernos sentir hombres reales. 

Emociones

Antes que ser hombres somos humanos y por lo tanto experimentamos todo tipo de emociones: enojo, tristeza, miedo, incertidumbre, sin embargo nuestra masculinidad trae consigo la creencia de que al hablar de nuestras emociones y vulnerabilidades somos automáticamente débiles y la debilidad le pertenece a ellas no a nosotros (y ese es otro de los mandatos que también debemos cumplir).

¡No! La realidad es que el hablar de nuestras emociones, ya sea con un profesional en terapia o con amigos, trae un beneficio para nosotros mismos. El poder entendernos, conocernos y ponernos de acuerdo con nosotros mismos con miras a evolucionar, es parte de vivir dignamente. Sin embargo, la sociedad hace que no sea tan fácil.

El tabú social de la terapia radica en pensar que es para gente loca o mal mentalmente y no como un signo de bienestar. Por otro lado, los mismos mandatos machistas muchas veces no nos permite a los hombres tener una red de apoyo y contención cuando hablamos de nuestras emociones, pues generalmente recibimos burlas sobre lo que sentimos y pensamos. Por eso es importante comenzar a crear redes de apoyo masculino, donde se evite juzgar y se opte por vías más éticas de apoyo, cooperación y hasta de ternura y empatía. 

Fotografía: Rikki Matsumoto.

Como podemos ver, el machismo también nos tiene de víctimas, pues frena un andar pleno de nuestra identidad, de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad y emociones, todo por seguir un guión que responde a nuestro sexo, sin detenernos a pensar si hay algo más allá de estos códigos.

La diversidad de hombres y las formas de habitar nuestra masculinidad no deben verse limitadas por el deber ser, sino hacer estallar dichas fronteras desde la diversidad, el respeto, la libertad y sobre todo el bienestar. Las mujeres y los feminismos ya están accionando, teorizando para advertirnos de este grave problema llamado machismo, es hora de que nos reconozcamos como víctimas de un sistema de orden social que nos quiere violentos, tristes, inconformes e incómodos, aunque eso sí, defendiendo al opresor.

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