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Diego Larez: Una historia sobre autoconfianza, valor humano y la otra cara de la moda

Diego Larez: Una historia sobre autoconfianza, valor humano y la otra cara de la moda

Juan Ramón Hernández

Nueva York y Los Ángeles, son el hogar de Diego Larez, hair & fashion stylist , quien dejó su natal Argentina en busca de un  mejor futuro para él y su vida profesional dentro de la avasallante industria de la moda.

Creador de su marca ‘A Hairdresser’s – “Less is more” (Menos es mas), dio sus primeros pasos en la industria de la moda en la revista “Para ti”. Y en siete años, comenzó a desarrollar un estilo para los principales medios de la industria:  Vogue, Harper’s Bazaar y Marie Claire .

Las malas y buenas experiencias son parte de su camino, que le dieron la fuerza para demostrar a cada paso de qué está hecho y como demostrarlo a la hora de hacer el trabajo que tanto le apasiona.

Yo no fui a sobrevivir, yo soy Diego Larez

“Necesitaba más. Amo tanto lo que hago que siempre quiero más”, responde Larez al preguntarle el motivo de su migración a la Gran Manzana hace cinco años  y que lo hizo dejar atrás su natal Argentina, aún cuando ya había trabajado con artistas, revistas y modelos conocidas en un estudio propio de hair & make up.  Cuenta que todo comenzó en un viaje a NYC junto a una de sus mejores amigas. Así, lo recuerda para esta entrevista desde Los Ángeles, California, ciudad en la que lo encontramos trabajando para una campaña de Balmain, en donde se encargó del hair, estilismo y fotografía.

“Cuando llegué a Times Square bajo la nieve, ahí dije ¡wow!, eso es Nueva York. Estoy acá, quería llorar. No tenía un ‘mango’, la única plata que me había llevado eran 1,500 dólares para una semana. Hacia tanto frío y yo con una galera, mi ‘chaquetita’ de cuero” recuerda.

“Yo siempre tuve una vida de gustos caros, pero una cosa es estar en tu país vistiendo la marca más cara, lo que traducido en Estados Unidos es impensable”. Así, Diego confiesa que durante el resto de esa semana en la ciudad, se la paso caminando sin un dólar, sin comida, ni poder comprar ropa. Por suerte, su hotel ya estaba pagado. Físicamente estaba en Nueva York, pero seguía viviendo Argentina.

“¿Nadie lo conoce?, qué importa, al otro tampoco nadie lo conocía y un día lo conocieron”

A la gran ciudad se mudó en un mes, en compañía de esa amiga que lo llevó de viaje, sin hablar inglés, con dinero justo y una visa de artista. Lo único que sobraba en su cuerpo eran las ganas de hacer su trabajo, entregar y demostrar su potencial creativo, mismo que cuando se habla de hacer hair stylist, lo refleja con rigor y recelo: “la verdad puedo compartir el estilismo con gente, pero hair no”.

Por otro lado, en un mundo digital, en el que tener una presencia online y mostrar la vida privada, es esencial, Diego prefiere no echar mano de ello. Considera que es algo que no suma a su vida; entiende cómo eso podría ayudarle  a su carrera, pero en lo personal afirma que es algo innecesario. “No me gusta mostrarme, y siento que cuando armo producciones prefiero que sean privadas, para mí. No me gusta hacer alarde”.

La razón ante sus ojos es clara. Diego afirma que la industria de la moda, generalmente, gira entorno a la conveniencia y la hipocresía para usar a las personas, desde los medios, las relaciones públicas, fotógrafos y más. “Es tanta la necesidad de ilusión que tenemos por estar en un lugar, que se aprovechan. Todos tenemos el mismo vicio de querer mostrar y de creer, que porque hicimos un show o una marca, ya somos wow. Ese es el vicio que nos lleva a mentir y llega a un mundo hipócrita. La realidad es que somos utilizados”.

Asimismo, deja en claro que atrás quedaron los trabajos que no quería hacer. Ahora, si no le interesa, no lo hace; si no le sirve, no lo hace; si no hay dinero, no lo hace; y si no es algo que alimente su ser, no lo hace. “Yo me cansé de mostrar de más, yo soy Diego Larez. Comprendo quién es Diego Larez, ¿nadie lo conoce?, qué importa, al otro tampoco nadie lo conocía y un día lo conocieron”.

En la mente de Diego

Vivir en la mente de Diego es muy estresante, es horrible, confiesa. “Ahora estoy pensando en lo que tengo que hacer, en cómo hacer el próximo cover de revista, cuál quiero que sea el foco, cómo logro que mi marca, hoy crezca más, cómo Diego Larez crece más. Es estresante, a veces te asusta. No estresante en cuanto a no poder, lo dejo todo a Dios porque es muy duro, ya que nuestras cabezas son nuestras enemigas”.

La autoexigencia es otra característica que define a Diego. Los matices de esta palabra los vive todo el tiempo, en ocasiones, siendo su mejor aliada y en otras su peor enemiga. Más cuando son hechas por externos. “Ya dejé de poner a las personas como jueces. Defiendo quién soy y lo que tengo que hacer, si no les gusta perfecto, le gustará a otro. Hoy me considero “wow” en todo lo que hago, voy a lo que yo quiero, y la verdad, me pone ‘re feliz’. Eso porque no me cierro ninguna puerta y soy una persona que me autoexijo todo el tiempo, más y más. Invierno muchísimo”.

Los recuerdos de pequeño son inevitables que lleguen a su mente durante la conversación. Se recuerda a sí mismo como un niño pequeño en Argentina que pegaba fotos en la pared de su casa, de las mejores marcas, sin pensar que un día lograría hacer todas.

“Es muy loco todo cuando vuelves atrás. Cuando era chiquito y decía ‘yo nunca voy a estar ahí’ y lloraba: ¿Por qué ellos sí y yo no? Y lo mismo me pasa acá, nunca pensé estar aquí… nadie me dice que no. La realidad es que a veces estoy tan ocupado en ir por más, que me lleva más tiempo hacer mi trabajo, entonces necesito mínimo un mes para procesar lo próximo que quiero”.

“Yo tengo una identidad súper marcada y la quiero transformar más y más, y sé a dónde voy. En el pelo, en la mujer, me gusta brillante, me gusta esa mujer imponente, poderosa. No juego tanto con el pelo, o es blanco o es negro, no experimento con muchas cosas en el fashion (por ejemplo, miles de colores). Nadie va a cambiar nada, ya todo está inventado. Estamos tratando de conservar o de copiar cada referente de pelo, de estilismo, de fotografía, ya todo fue hecho, solo queda que demos nuestro granito, nuestra magia”.

Su lado humano y profesional son uno mismo

Diego confiesa que la base de su trabajo es el hair stylist, pero la fotografía se ha anexado a la lista, más por una necesidad profeional y creativa, que por ego. Una necesidad de saber exactamente lo que quiere reflejar, lo lleva a tomar el control, desde la concepción de la idea hasta la realización fotográfica.

Así, de ser hairstylist, stylist y fotografo, suma su trabajo, ser director creativo de la marca de joyería KELLERY para hombre y mujer, en el cual incursionó apenas hace tres meses,  cuando la dueña, Kelly lo contrató para trabajar de la mano. Ahora cuando hace fotos, se permite usar estas joyas en el estilismo de las campañas y más.

Con un reducido y selecto equipo, Diego trabaja codo a codo construyendo relaciones humanas con un valor agregado y la oportunidad de remunerarles, colaborar, y no solo usarlos para producciones que en un futuro les servirán sin restricciones, pues en esta industria, existen convenios que no permiten mostrar ciertas marcas con las que anteriormente han colaborado.

Aunado a eso, su lado humanista tiene como objetivo abrir una escuela para adolescentes en Argentina. Un emprendimiento que la ha permitido brindar sustento a 30 chicos. “Quiero construir una escuela ahí, donde podamos dar clases de inglés y no se sientan perdidos, desvinculados, y no aceptados; que no valen nada. Crear conciencia, construir autoestima y enseñarles el valor que tienen”.

Mientras cierra los ojos, vienen a su mente recueros de la juventud, buscando las palabras correctas para alentar a todos esos chicos de Latinoamérica y Argentina que quieren ser parte de la moda: “Me acuerdo de la primera vez que pedí trabajo, cuando tenía 18 años, y eran todos altos, lindos. Sentí que no servía, me acuerdo de que yo ni siquiera tenía dinero, había comprado unas ‘tijeritas’ en el tren de dos pesos, en ese momento, y lo soñaba. Mi mamá no tenía para comprar el mejor secador y me sentí ‘re discriminado’ por este trabajo. Les puedo decir que otro ser humano no te puede decir que no. Si alguien te dice que no eres bueno, trabaja para demostrar que no eres malo. Porque lo que es tuyo, nadie te lo quita”.

“El ser humano no tiene ni la fuerza, ni elemento, ni autoridad de decirte que no podés, el ser humano es igual que vos. Si vos lo querés, lo vas a lograr. Nadie te puede decir que no. Hoy a mí nadie me baja porque yo fui uno de esos chicos”.

 

 

 

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