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La narcoestéstica: de lo escondido al mainstream

La narcoestéstica: de lo escondido al mainstream

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Recuerdo caminar por los pasillos del Tianguis del Sol en Guadalajara y admirarme con la cantidad de marcas de lujo que ahí se podían encontrar. Claro, todo era piratería. Pero lo que más llamaba mi atención, era ver algunas mujeres y hombres arreglados, de pies a cabeza, con los logotipos de esas marcas de lujo llamativas y sólo para ir al tianguis a comprar más piezas iguales. A esas personas, en Guadalajara y otras entidades del país, se les conoce como “buchones”, estas se caracterizan por una estética inspirada en la narcocultura. Pero para entender la narcocultura y su relación con la moda, creo que primero son necesarias algunas clases de historia.

Para efectos prácticos, nos enfocaremos en la historia “moderna” del narcotráfico. En las décadas de los años 60 y 70, en donde el consumo de opio y marihuana en el país, era controlado por pequeños cárteles locales. En esta época, no existía una organización conjunta y parecían más pequeños comerciantes que vivían de la agricultura. En aquel momento, algunos diarios de Sinaloa comenzaron a narrar sobre el nacimiento de una nueva cultura, aquella que glorificaba a los traficantes.

Por su parte, agrupaciones musicales del norte del país, se dedicaban a componer y cantar corridos, en donde los capos se figuraban como grandes héroes. Historias que narraban su logística, rutas, peleas y por su puesto; su extravagante manera de vestir. Aquí, muchos de los corridos se enfocaron en la presencia del oro en hebillas, espuelas y joyería. Claro, sin dejar de lado las botas vaqueras y las tradicionales tejanas.

Cabe resaltar, que la mayoría de estas personas provenían de contextos socioeconómicos vulnerables. Cuestión que se reflejaba en su opulente estética, la cual hablaba de una persona que había conseguido demasiado dinero de manera muy rápida, un “new rich”. Como ejemplo, tenemos las entrevistas a compañeros de Sandra Ávila Beltrán, mejor conocida como la “Reina del Pacífico”.

Ella estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Guadalajara, donde hijos de prominentes familias tapatías han estudiado por años. Sus compañeros manifestaron que nadie se atrevía a hablarle debido a la suntuosa vestimenta que portaba, llena de cadenas gruesas de oro y evidentes marcas de lujo. Uno de ellos señala, en dichas entrevistas, que era más que obvia su cercanía o relación con el narcotráfico. Lo que nos habla de la construcción idealizada de una estética relacionada al narco.

Pero regresando a nuestra clase de historia, ya para la década de los años 80, Miguel Ángel Félix Gallardo se posicionó como el gran zar de la droga. El también conocido “Jefe de Jefes”, inició en el norte como un policía que fue escalando por su relación con el entonces gobierno de Sinaloa. Así, junto con Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, fundó el “Cártel de Guadalajara” e hizo lo impensable: organizó a todos los pequeños cárteles, que en aquel entonces existían, para crear La Federación.

Esto no sólo le entregó el monopolio del tráfico de la droga en México, sino que le dio la oportunidad de negociar con grandes narcotraficantes de la época como Pablo Escobar. Así, los cárteles de Colombia debían pasar su droga a través de México para llegar a los Estados Unidos. Estos acuerdos comerciales, dieron a los capos mexicanos acceso a riquezas que antes no hubieran imaginado.

Mexico Drug War Culture: Narcocorridos, Songs of Violence | Time

Con la caída de Félix Gallardo, los cárteles locales recuperaron autonomía y crearon sus propias reglas en los territorios que controlaban. El dominio de Tijuana, estaba a cargo de los Arellano Félix, quienes encontraron alianzas importantes para su éxito con prominentes políticos y empresarios clave. Pero estas alianzas no sólo se realizaban a nivel profesional, los “niños ricos” de la ciudad, gustaron de salir con los hermanos Arellano Félix. Para más referencia, véase la última temporada de Narcos México en Netflix -Sí, perdón. Estoy citando una serie de Netflix con cuestionable precisión histórica-.

Es aquí, donde podemos tomar la década de los años 90 como un parteaguas para la narcoestética, pues la relación de las clases altas con los jóvenes narcotraficantes, y la firma del Tratado de Libre Comercio, dieron oportunidad a marcas de moda internacionales a infiltrarse en la narcocultura.

Marcas como Ralph Lauren, Abercrombie, Nike o Adidas, entraron al país con mayor fuerza en esa época y encontraron en la clase alta mexicana -y media alta- clientes leales. Incluso, si analizamos la captura de los capos mexicanos, en las últimas dos décadas, podemos encontrarlos usando algunas de ellas. Imposible no pensar en “La Barbie” quien, en su captura en 2010, portaba una playera tipo polo de Ralph Lauren con el enorme logo sobre su pecho. Lo mismo sucedió con “El Ingeniero” -hijo de Amado Carrillo- quien portaba un conjunto deportivo de la marca Abercrombie & Fitch, cuando fue arrestado en 2009.

Cabe señalar, que aquí me parece importante abrir un paréntesis. Más que relacionar la narcoestética con una marca en específico, debemos hacerlo con un estilo.

Volviendo al tema de la opulencia, muchas de estas personas -OJO, ya no hablo sólo de narcotraficantes sino de personas influenciadas por la narcoestética- encuentran necesario decirle al mundo cuál es la marca que usan. Más allá de la exclusividad, del trabajo artesanal o del renombre de una firma -factores comunes en la decisión de compra de un cliente regular de lujo-, estas personas sienten la necesidad de mostrar que tienen acceso a una prenda a la que la gran mayoría no.

Para muestra, podríamos hablar de Ovidio Guzmán López, hijo de “El Chapo Guzmán”, el narcotraficante más famoso de la historia. El 17 de octubre del 2019, autoridades intentaron aprender al capo en la ciudad de Culiacán. El operativo fue puesto en retirada cuando la violencia se desató en la ciudad. Aun así, se popularizaron las imágenes del joven narcotraficante, portando una discreta camisa azul celeste. Esta pertenecía a la marca Purificación García, que si bien, no podemos posicionarla como parte de un mercado de lujo, sí podemos hablar de ella para un sector socioeconómico medio alto.

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Lo mismo parece suceder con Aurelio Guzman Araujo, primo de Ovidio. Quien se volvió popular tras una balacera dentro de un bar de Culiacán a inicios del 2021. En esta, se ve al también conocido como “El Guanito”, lanzando disparos al techo y amenazando a una persona con su arma de fuego, mientras porta un discreto suéter café de tejido de punto. Debemos tomar en cuenta, que ambos sujetos crecieron en la riqueza, no fueron expuestos a ella de repente. Por lo cual, su estilo -a pesar de ser narcotraficantes- dista mucho de la idea que tenemos de la narcoestética.

Así pues, podemos encontrar marcas como Gucci, Versace o Burberry; las cuales no tienen ningún reparo en colocar su logotipo, monograma o diseño por todo lo largo de la prenda que pretenden vender. Al hablar con personal de estas marcas, en ciudades del país, es interesante enterarse del peso que tiene la presencia de estos elementos en la decisión de compra. Después de todo, si no se nota, “¿pa’ qué lo compré?”

En este sentido, muchas de estas tiendas reportan una mayoría de ventas en efectivo, que si bien no es un indicador de narcotráfico; sí es una práctica común en el país para evadir impuestos. Seamos sinceros. Pero es que ahora, no es común sólo ver a los “buchones” ingresar a las tiendas de lujo para adquirir prendas en efectivo. También, existen aquellos que, inspirados por la narcoestética, están dispuestos a pasar la tarjeta de crédito, de débito y dejar algo en efectivo para tener tan sólo un cinturón con la hebilla de su marca favorita.

Ahora bien, parece que la generación “Z” viene a cambiar el juego. En la actualidad es común ver en Instagram y TikTok, jóvenes no mayores a 25 años portando marcas que, para la generación anterior, representaban gastos innecesarios. Pareciera que ellos más allá de demostrarle al mundo que están usando una marca, la agregan de manera más orgánica en sus estilos. Pues sí y no.

El estilo de esta generación está directamente influenciado por la estética de géneros musicales como el reggaeton y trap. Y con miedo a sonar como una abuela -que lo haré- es inevitable relacionar algunos de estos cantantes con la narcocultura. Y esto lo puedo decir, no sólo por la letra de algunos artistas, sino por la aparición de Bad Bunny en la última temporada de “Narcos México”.

Si hablamos de TikTok, en semanas recientes se ha popularizado un audio con la canción “Tuyo” de Rodrigo Amarante. Este fue el tema en algunas temporadas de Narcos -es la última vez que uso la referencia, perdón- y en él se ven a padres y familias separando leche en polvo con tarjetas o contando pañales simulando acciones ilícitas. Es común ver a las personas usando lentes oscuros, grandes cadenas y camisas abiertas con estampados tropicales.

@bigpatmx

Ocupó 😪😤

♬ Tuyo (Narcos Theme) – Rodrigo Amarante

Así pues, comprobamos que, más allá de nuestra violenta historia, Latinoamérica comparte una estética común. Aquella que viene del narcotráfico, pero se ha mezclado con elementos socio-culturales e históricos. La narcoestética no habla sólo del tráfico de drogas, sino también de sociedades que tuvieron acceso al lujo internacional de manera tardía y con una visión aspiracional en la forma de percibir su imagen.

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